Hola a tod@s, bueno sabrán, me encanta el tema de la ufología🛸y con todo esto de la desclasificación de los Unidentified Anomalous Phenomena (UAP) quise aportar con algo.
Acá les traigo la versión en español del primer capítulo del libro Anatomy of a Phenomenon (1965) de Jacques Vallee. La traducción es del libro de original en inglés.
La versión oficial traducida al español cuesta mucho encontrarla en nuestro idioma, le colocaron el nombre "Fenómenos Insólitos del Espacio" del año 1967, Editorial Pomaire. No existe el ebook para comprarlo. Solo versiones usadas del libro en español a un precio muy elevado por ser muy escaso.
La portada está creada con IA, quedó cool en Español :)
________________________________
Anatomía de un Fenómeno (1965)
Mientras este emocionante libro se imprimía, se han registrado una oleada de nuevos informes sobre avistamientos de objetos voladores no identificados en lugares tan diversos como Michigan, Texas, Massachusetts, Luisiana y Connecticut.
En este momento, los informes más observados y autenticados provienen del área de Michigan donde, según periódicos metropolitanos, “unas 30 personas, incluido un ayudante del sheriff fuera de servicio, llamaron a la oficina de la policía del condado de Washtenaw, y las agencias policiales de Bad Axe, a unos 241 kms al norte, también fueron inundadas con llamadas...”.
Indicativo de la importancia de estos avistamientos es el hecho de que el Mayor Donald E. Kehoe, retirado de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, acusó públicamente a nuestra Fuerza Aérea de suprimir evidencia relacionada con los OVNIs y, en un reciente artículo periodístico, se afirmó que: “Mientras tanto, en Washington, el líder republicano de la Cámara, Gerald Ford, de Michigan, pidió una investigación del Congreso sobre los avistamientos de objetos voladores no identificados”.
ANATOMÍA DE UN FENÓMENO es el examen más racional y científicamente orientado sobre la cuestión OVNI realizado hasta ahora. Es el informe actualizado, completo y autorizado sobre objetos voladores no identificados: tan inmediato y real como el periódico de hoy.
Sobre el autor
Jacques Vallée, nacido y educado en Francia, posee títulos en matemáticas y astronomía. Es consultor en el Proyecto del Mapa de Marte y un matemático-analista vinculado a la Universidad Northwestern. Anteriormente fue investigador asociado en el Observatorio MacDonald de la Universidad de Texas. Antes de llegar a los Estados Unidos fue científico gubernamental en el Observatorio de París, asociado al proyecto de satélites artificiales, y participó en el estudio teórico de un sistema de alerta por radar, un proyecto clasificado de defensa francesa.
Anatomía de un Fenómeno
Informe detallado e imparcial sobre los OVNIs
por
JACQUES VALLÉE
PRÓLOGO DE LA EDICIÓN REVISADA
La aparición de la edición original de este libro en junio de 1965 ha coincidido con dos eventos notables: el éxito de la misión Mariner IV, que nos ha dado la primera visión objetiva del paisaje marciano, y un repentino brote de avistamientos de objetos voladores no identificados en los cinco continentes del mundo. Solo en los meses de julio y agosto, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos recibió más informes que en los tres años anteriores combinados. Al mismo tiempo, la Fuerza Aérea estimó que el número de objetos que no había podido identificar desde el inicio de su Proyecto Libro Azul se acercaba a los setecientos.
Teniendo en cuenta estos dos eventos, que han contribuido enormemente a la evolución de la visión del público sobre nuestro problema, la aparición de este libro en una edición de bolsillo me ha dado la oportunidad de hacer ciertas adiciones y cambios en el texto. Algunas de estas modificaciones se sugirieron a sí mismas a partir de los patrones observables en los avistamientos tempranos que aparecieron a plena luz durante la ola mundial de avistamientos de 1965. Otras adiciones llenan vacíos que existen en la literatura sobre el tema. Por ejemplo, la "pérdida" de un planeta por parte de los astrónomos del siglo XIX —la historia de las observaciones de Vulcano— nunca ha recibido la atención que merece. Del mismo modo, he incluido en mi capítulo sobre "Teorías e Hipótesis" una nueva revisión de los argumentos a favor del concepto de "hostilidad" de los OVNIs.
Mi análisis de las teorías sobre la vida y la inteligencia en el universo se ha ampliado enormemente. También mi sección sobre los patrones psicológicos y emocionales asociados con la generación de los avistamientos. Se propone una presentación de los fenómenos OVNI dentro del marco del racionalismo en respuesta a las críticas ofrecidas por algunos científicos. Estos escritores han insistido en que las observaciones de OVNIs estaban esencialmente vacías de cualquier valor científico y simplemente deberían ser ignoradas, sin importar cuán confiable o calificado fuera el observador, por pertenecer a la misma categoría que las manifestaciones de brujería o las apariciones de fantasmas. "Los fenómenos OVNI", escribió Charles A. Schweighauser del Planetario McDonnell, "deben ser reclasificados en la misma categoría asignada a los unicornios y los duendes". Creemos que nuestra nueva presentación del problema responderá a esta concepción errónea.
Una vez más quiero dejar muy clara la distinción explícita entre tratar los informes como datos científicos ("pueden mentir, pero mienten siguiendo patrones") y creer en su contenido como tal.
Aunque el libro no ha sido recibido por los grupos y sectas de "platillos volantes" con el entusiasmo que generalmente los caracteriza, las reseñas de ANATOMY OF A PHENOMENON en la prensa general han sido excepcionalmente serias y provocativas, mostrando que la opinión estadounidense está mucho mejor informada y más seriamente preocupada por el tema de lo que generalmente se cree.
Lo que me ha impulsado a publicar un estudio general del campo y a hacer una nueva valoración del valor científico de los relatos en cuestión fue la comprensión de que los fenómenos aéreos inusuales y los mitos asociados con ellos constituyen uno de los temas vivos de nuestro tiempo y, por lo tanto, un campo apropiado para una investigación y estudio detallados. Cómo se puede realizar dicha investigación dentro del marco del racionalismo y por qué puede llevar a un aumento de nuestro conocimiento del universo físico y mental son los temas de este libro. aparición de la edición original de este libro en junio de 1965 coincidió con dos acontecimientos notables: el éxito de la misión Mariner IV, que nos entregó la primera visión objetiva del paisaje marciano, y una repentina oleada de avistamientos de objetos voladores no identificados en los cinco continentes del mundo. Solo durante los meses de julio y agosto, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos recibió más informes que en los tres años anteriores combinados. Al mismo tiempo, la Fuerza Aérea estimó que el número de objetos que no había podido identificar desde la creación de su Proyecto Libro Azul se acercaba a los setecientos.
Tomando en cuenta estos dos acontecimientos, que han contribuido enormemente a la evolución de la visión pública de nuestro problema, la aparición de este libro en edición de bolsillo me ha dado la oportunidad de hacer ciertas adiciones y cambios en el texto. Algunas de estas modificaciones se sugirieron por sí mismas como patrones perceptibles en observaciones tempranas que aparecieron con plena claridad durante la ola mundial de avistamientos de 1965. Otras adiciones llenan vacíos existentes en la literatura sobre el tema. Por ejemplo, la “pérdida” de un planeta por parte de astrónomos del siglo XIX —la historia de las observaciones de Vulcano— nunca ha recibido la atención que merece. De manera similar, he incluido en mi capítulo sobre “Teorías e Hipótesis” una nueva revisión de los argumentos a favor del concepto de “hostilidad” OVNI.
Mi análisis de las teorías relacionadas con la vida y la inteligencia en el universo ha sido enormemente ampliado. También mi sección sobre patrones psicológicos y emocionales asociados con la generación de los avistamientos. Se propone una presentación de los fenómenos OVNI dentro del marco del racionalismo en respuesta a las críticas ofrecidas por algunos científicos. Estos autores han insistido en que las observaciones OVNI carecen esencialmente de cualquier valor científico y deberían simplemente ser ignoradas, sin importar cuán fiable o calificado sea el observador, perteneciendo a la misma categoría que las manifestaciones de brujería o las apariciones de fantasmas. “Los fenómenos OVNI”, escribió Charles A. Schweighauser del Planetario McDonnell, “deben ser regulados bajo la misma clasificación asignada a unicornios y duendes”. Sentimos que nuestra nueva presentación del problema responderá a esta idea equivocada.
Una vez más, quiero dejar muy clara la distinción explícita entre tratar los informes como datos científicos (“pueden mentir, pero mienten siguiendo patrones”) y creer en su contenido como tal.
Aunque el libro no ha sido recibido por los grupos y cultos de “platillos voladores” con el entusiasmo que generalmente los caracteriza, las reseñas de ANATOMÍA DE UN FENÓMENO en la prensa general han sido excepcionalmente serias y provocadoras, mostrando que la opinión estadounidense está mucho mejor informada y mucho más seriamente preocupada por el tema de lo que generalmente se cree.
Lo que me impulsó a publicar un estudio general del campo y realizar una nueva evaluación del valor científico de los relatos en cuestión fue la comprensión de que los fenómenos aéreos inusuales y los mitos asociados a ellos constituyen uno de los temas vivos de nuestra época y, por lo tanto, un campo adecuado para investigación y estudio detallado. Cómo puede llevarse a cabo dicha investigación dentro del marco del racionalismo y por qué puede conducir a un aumento de nuestro conocimiento del universo físico y mental son los temas de este libro.
Jacques Vallée
Chicago, enero de 1966
PRÓLOGO DE LA EDICIÓN ORIGINAL
Desde la asombrosa serie de avistamientos de objetos voladores no identificados en Francia en 1954, me he interesado profundamente en el problema del origen, el comportamiento y la naturaleza física del fenómeno OVNI. Cuando fui autorizado a estudiar los archivos generales de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, acogí esta oportunidad para aclarar mis ideas sobre el enfoque oficial de los avistamientos y comprender mejor la actitud de las autoridades científicas y militares ante este problema.
En el transcurso de esta investigación, tuve acceso a muchos informes interesantes que nunca habían sido publicados. Simultáneamente, pude realizar un análisis exhaustivo de los archivos europeos mantenidos al día por varios investigadores, algunos de los cuales trabajaban en colaboración con científicos profesionales que actuaban a título privado. Esto resultó en la acumulación de una colección única de datos, cuyo volumen es actualmente el doble que el de los archivos oficiales.
Pronto llegué a un punto en mi investigación personal en el que me di cuenta de que me acercaba rápidamente a los límites de mi competencia, y que se volvía cada vez más importante para mí recibir el asesoramiento de especialistas de otras disciplinas. Desafortunadamente, la comunicación entre los científicos aún sigue patrones medievales y cualquier intento por mi parte de sacar el tema a la luz habría resultado en malentendidos. Así que decidí restringir mi trabajo a unos pocos puntos específicos que pudieran investigarse con instrumentos científicos sin dar lugar a interpretaciones sensacionalistas ni publicidad exagerada. Pero las reacciones a algunas publicaciones anteriores sobre el tema me llevaron a comprender que, al considerar únicamente el aspecto científico y tratar de evitar un debate público, solo estaba viendo una parte del problema. Entonces llegué a creer que no se debería intentar "demostrar" que los OVNIs constituyen un nuevo fenómeno de naturaleza desconocida, posiblemente artificial, antes de haber intentado comprender por qué tales reacciones violentas son provocadas por la idea de una inteligencia extraterrestre.
El que escriba este libro en una forma popular es deliberado, porque es mi opinión que mi tema es importante y concierne no solo al científico, sino también al militar, al filósofo, al clérigo y al público en general.
Sería poco realista de mi parte no esperar que este libro sea malinterpretado. Parece cierto que cualquier mención del problema de la inteligencia extraterrestre por parte de un científico profesional (incluso si insiste en que esta es solo una hipótesis conveniente entre otras que planea estudiar) será comentada por grupos de entusiastas como una indicación de que se ha obtenido nueva evidencia, desconocida para el público general. Puedo afirmar categóricamente que ese no es el caso. Además, la posición que adopto aquí es puramente individual. No refleja el punto de vista de un grupo, ni la opinión de la institución de investigación con la que estoy asociado, ni la de ninguno de los grupos con los que he estado asociado en el pasado. Al hacer pública mi opinión, simplemente hago uso de un privilegio que todo científico tiene, a saber, el derecho a publicar sus puntos de vista incluso cuando están en oposición a las ideas generalmente aceptadas.
Me he esforzado por escribir un libro que ayude a los investigadores interesados a familiarizarse seriamente con el problema, y he tratado de ser objetivo al presentar resúmenes de todas las teorías actuales relacionadas con los puntos principales de la discusión. Este libro está documentado con referencias* e ilustrado con imágenes diseñadas para ayudar al lector a visualizar un problema difícil, uno que no ha sido resuelto después de veinte años de análisis por parte de científicos destacados. Toda afirmación importante está respaldada por una fuente documental. En varias ocasiones he tenido que admitir que no podía comprometerme con ningún punto de vista particular, pero siempre he mantenido una mente abierta y he tenido cuidado de no rechazar hipótesis extremas meramente por su carácter "fantástico", pues nada puede ser más fantástico que un fenómeno natural aún no reconocido y clasificado por la mente humana. Al hacerlo, sin embargo, no he perdido de vista el hecho de que "una mente abierta no significa credulidad ni una suspensión de las facultades lógicas que son el activo más valioso del hombre" (Menzel, [121]).
___
* Los números entre paréntesis dentro del texto remiten a la bibliografía al final del libro.
___
El interés por la investigación no es lo único que me impulsó a dar este paso alarmante; me impresionó la profunda emoción y el grito de angustia en muchos de estos informes, que deberían ser vistos como un desafío por todos los científicos; cualquier ciudadano que se siente tan preocupado por los eventos que presencia que escribe un relato detallado de ellos tiene derecho a pedirnos que estudiemos ese informe como una pieza de información científica, y con una mente abierta y objetiva. Debemos ver con desprecio e ironía a aquellos que seguirán llamando ridículo al problema solo porque no conocen la solución. "El ridículo", escribió uno de los eminentes investigadores en este campo, "no forma parte del método científico, y no se le debe enseñar al público que lo es" (Hynek, [176]).
Este libro no pretende convencer; el autor mismo está lejos de haber llegado a una opinión definitiva sobre la naturaleza del desconcertante fenómeno que estudia. Las numerosas observaciones citadas en esta obra no están ahí para probar, sino solo para ilustrar. Están tomadas de informes confiables, pero no excepcionales, porque nuestro propósito no es ni impactar ni demostrar, sino llevar al lector a la idea de que el fenómeno, cualquiera que sea su naturaleza y origen, solo puede ser estudiado en términos de clases, no como una colección de rarezas individuales. El trabajo del Dr. Menzel* ha indicado que el informe promedio a menudo podía explicarse, suponiendo que los testigos hubieran sido víctimas de alguna combinación de aberraciones físicas o mentales. Sin embargo, a medida que el número de informes de confiabilidad superior al promedio se hace cada vez mayor, este enfoque pierde su atractivo para la mente científica, y uno se ve llevado a la idea de que o bien un tipo completamente nuevo de aberración mental, ciertamente muy extraordinario, ha ocupado un lugar importante en la vida de nuestra civilización, o bien el fenómeno OVNI es único en la naturaleza, es de gran amplitud y por lo tanto merece una investigación especial.
___
* El Dr. Donald Menzel, director del observatorio de Harvard College, ha publicado dos libros importantes sobre el fenómeno OVNI: Flying Saucers (Harvard University Press, 1953) y The World of Flying Saucers (Doubleday, 1964), coescrito con la Sra. L. Boyd.
___
Cómo progresar en una investigación así con la mayor garantía de precisión científica es el tema de este libro. El fenómeno bajo estudio no es el OVNI, que no es reproducible a voluntad en el laboratorio, sino el informe escrito por el testigo. Este informe puede ser observado, estudiado y comunicado por científicos profesionales; así definido, el fenómeno que investigamos es obviamente real. Nuestro problema ya no es explicar, sino analizar. Estamos lidiando con "la ciencia de la estructura, no la ciencia de la sustancia" (Eddington). La cuestión, entonces, ya no es creer o no creer, puesto que no tenemos elementos de comparación sobre los cuales basar tal juicio; la cuestión es más bien cómo derivar métodos adecuados de investigación, clasificación y control que satisfagan todas las garantías necesarias en el progreso racional del conocimiento al que la ciencia se dedica, sin negarse a considerar ciertas hipótesis. Entre estas, por supuesto, está la posibilidad de que el fenómeno OVNI sea un intento de contacto con nuestra civilización por parte de un conocimiento no humano con propósitos no humanos, posiblemente motivado por emociones y percepciones no humanas.
Esta posibilidad ha sido descuidada porque, en el contexto actual, su discusión implica el peligro de ver consideraciones "metafísicas" reintroducidas en el razonamiento científico. Este es un peligro que no solo trataremos de evitar, sino también de oponer y derrotar. Mostraremos que solo el análisis racional basado en hechos reales puede guiar un intento de comprender las posibles manifestaciones de la inteligencia extraterrestre, y que las posibles conexiones con interpretaciones tradicionales o leyendas deben considerarse solo sobre una base especulativa.
Debo agradecer a muchas personas por haber ayudado, guiado o estimulado este trabajo. Mencionaré solo a algunas en esta larga lista. Mi esposa ciertamente ha hecho más que nadie para darme la confianza que necesitaba para emprender un libro así. Los comentarios de los funcionarios de la Fuerza Aérea, especialmente los del Dr. Allen Hynek, sobre mi sistema de clasificación y proyecto de catálogo revisado han sido invaluables. Y deseo expresar mi gratitud al Dr. Donald Menzel por haber criticado y ayudado a clarificar varios puntos mal definidos en nuestros primeros intentos de racionalización del fenómeno OVNI. Sin la notable contribución de Aimé Michel a la clarificación del problema OVNI, sería imposible hoy en día alcanzar una buena comprensión de los importantes casos de avistamientos europeos, y le debemos gran parte del progreso reciente en la constitución de los archivos. Estoy en deuda con Harvey Plotnick y Samuel Randlett, cuyo trabajo sobre el manuscrito contribuyó enormemente a hacer este libro presentable al público. La autorización otorgada por A. M. Rener para utilizar una de sus pinturas, publicada aquí por primera vez, es agradecidamente reconocida.
Capítulo 1
LA LEYENDA DE LOS “PLATILLOS VOLADORES”
¿TAN ANTIGUOS COMO EL HOMBRE MISMO?
El 24 de enero de 1878, John Martin, un granjero de Texas y "un caballero de veracidad indudable", vio un objeto volador oscuro que se desplazaba a gran altura en el cielo "a una velocidad maravillosa" y usó la palabra "platillo" para describirlo. La historia apareció en la edición del 25 de enero de 1878 del Dennison Daily News bajo el título "Un fenómeno extraño". Relataba una pieza publicada por el antiguo Dallas Herald, que vale la pena preservar aquí como el primer relato verdadero de un "platillo volante" descrito como tal:
El Sr. John Martin, un granjero que vive unos nueve kilómetros y medio al norte de esta ciudad (Dallas), mientras cazaba, dirigió su atención a un objeto oscuro en lo alto del cielo del norte.
La forma peculiar y la velocidad con la que el objeto parecía acercarse captaron su atención, y esforzó la vista para descubrir su naturaleza. Cuando lo notó por primera vez, parecía tener aproximadamente el tamaño de una naranja, que continuó creciendo en tamaño."*
Después de observarlo durante algún tiempo, el Sr. Martin comenzó a quedar cegado por mirar largo rato y dejó de observar para descansar sus ojos. Al reanudar la vista, el objeto estaba casi sobre su cabeza y había aumentado considerablemente de tamaño y parecía desplazarse por el espacio a una velocidad maravillosa. Cuando estaba directamente sobre él, tenía aproximadamente el tamaño de un platillo grande y evidentemente se encontraba a gran altura.
Parece que John Martin fue un verdadero pionero; setenta años después, otro hombre, Kenneth Arnold, habló de "platillos volantes". Esta vez la palabra había llegado para quedarse.
___
(*) Muchos testigos cometen el mismo error que John Martin al informar sobre diámetros aparentes: ¿El tamaño del objeto era comparable al de una naranja vista a unos pocos pies de distancia? ¿A unas pocas yardas? ¿A unas pocas millas? El tamaño aparente de un objeto visto en el cielo siempre debe compararse con el tamaño aparente de la luna o el sol. Véase la nota en la página 133 a este respecto.
___
La leyenda de los discos voladores ha existido a lo largo de la historia. Las apariciones de objetos extraños en el cielo han agitado la emoción popular durante siglos y en ocasiones han provocado crisis y pánicos. Algunos escritores han llegado incluso a intentar atribuirlas a "civilizaciones desconocidas" que se dice nos precedieron en este planeta (2). Tales sociedades pasadas, argumentan, podrían haber alcanzado un nivel muy alto de evolución y desarrollado viajes espaciales; o podrían haber permanecido en una etapa de baja tecnología bajo la dominación de "visitas" extraterrestres que se dice partieron de nuestro planeta por alguna razón desconocida, dejando casi ningún rastro. Según los mismos escritores, algunos de nuestros textos religiosos podrían haber sido inspirados por tales contactos con una supercivilización. Posnansky y Kiess, así como Epstein, han estudiado los monumentos de Tiahuanaco y han interpretado algunas de sus características como posibles índices de "visitas" extraterrestres en tiempos prehistóricos. Tschi Pen Lao, de la Universidad de Pekín, también ha descubierto dibujos notables en una montaña de Hunan y en una isla del lago Tungting. Posiblemente realizados en el 45.000 a.C., estos grabados en granito representan personas con grandes trompas, y objetos cilíndricos en el cielo sobre los cuales se ven de pie seres similares. En 1961, el astrónomo ruso Alexander Kazantsev llamó la atención de los lectores de la revista soviética Smena sobre un descubrimiento realizado por Henri Labate en la meseta de Tassili, en el Sáhara, de rocas esculpidas que mostraban seres humanos con extrañas cabezas redondas y otras escenas misteriosas. Estas esculturas fueron fechadas en el 6.000 a.C.
En la misma línea, la visión del profeta Ezequiel ha sido a menudo comentada en libros que tratan sobre objetos voladores no identificados. Esta descripción (Ezequiel, capítulo 1) de una extraña máquina que venía del cielo y aterrizaba cerca del río Quebar en Caldea (actualmente parte de Irak) en el año 593 a.C. incluye expresiones que se dice son similares a las comúnmente utilizadas por testigos de avistamientos modernos de OVNIs. Ezequiel dice que de un torbellino que venía del norte apareció una esfera ardiente. Como se señala en (3 y 4):
El relato de Ezequiel en la Biblia se ocupa principalmente de describir este incidente con su propia fraseología, por vaga que nos pueda parecer hoy. Ezequiel vivió en una era de pocos metales y sin máquinas. El carro de guerra y el arado eran lo último en su 'tecnología'. Por esta razón, fue extremadamente difícil para Ezequiel retratar con su vocabulario el evento que presenció.
Según las mismas fuentes, un intento de reconstruir a partir de las palabras de Ezequiel un modelo del fenómeno en términos modernos llevaría a la concepción de una máquina más que a un fenómeno natural como un espejismo:
El vehículo que Ezequiel observaba tenía cuatro columnas distintas. De cada columna sobresalían dos alas, ocho en total, que se movían. En la base de cada columna había anillos con aberturas circulares. Las cuatro columnas formaban un cuerpo cúbico sobre el cual había una cúpula transparente. Por falta de un término mejor, Ezequiel la definió como un 'firmamento'. Un trono de piedra de zafiro coronaba la cúpula, rodeado por un arcoíris. La referencia al zafiro, al ámbar, al cristal y al berilo podría ser una alusión a plásticos de los que estaban hechas ciertas partes de la nave.
El profeta describe el funcionamiento de esta extraordinaria nave. Excepto por las alas, ninguna otra parte se movía. Las alas producían un sonido 'como el ruido de muchas aguas'. Un escape ardiente y atronador salía de la base del motor.
El incidente está tan objetivamente descrito que difícilmente podría considerarse un cuento para impresionar a oyentes supersticiosos. Esta nave tenía otras características inusuales: podía extender una 'mano' que entregaba a Ezequiel un rollo con inscripciones 'por dentro y por fuera'. Entonces el profeta fue llevado a bordo de la nave hacia las montañas de Tel Abib. Allí permaneció "sin habla" durante siete días...*
___
* Es bien sabido, por supuesto, que Elías fue llevado de manera similar: "Y sucedió que mientras ellos seguían caminando y hablando, he aquí, apareció un carro de fuego... y Elías subió al cielo en un torbellino."
___
Este es un tipo de interpretación que se encuentra comúnmente en la literatura que aborda nuestro problema. También debe notarse la terminología. Las palabras "nave", "artefacto", "motor" se utilizan sin justificación. El científico, obviamente, no se guiará por situaciones así presentadas. Pero la explicación dada por el Dr. Donald Menzel (de que Ezequiel observó un perro solar) es igualmente poco convincente.
Wilkins y Drake (5, 6) han dado numerosos indicios de discos luminosos en el cielo durante el día, o luces por la noche, bajo el Imperio Romano. Algunos de estos relatos describen seres asociados con los objetos. (En la historia de Ezequiel se mencionaba la figura de un hombre rodeado de una luz cegadora). En el Prodigiorum Liber, así como en Livio, se dice que en muchos lugares aparecieron hombres vestidos de blanco provenientes de muy lejos; en Arpi un escudo voló a través del cielo; se vieron dos lunas por la noche; aparecieron látigos fantasma en el cielo; se vieron lámparas luminosas en Preneste—todo esto en el año 218 a.C. Si los romanos hubieran tenido un sistema de comunicaciones más desarrollado, probablemente habrían interpretado esta serie de observaciones como una "ola de OVNIs" similar a la célebre serie de avistamientos en los Estados Unidos que revisaremos más adelante.
En el año 213 a.C. en Hadria se vio un "altar" en el cielo, acompañado por la figura de un hombre vestido de blanco. Se puede listar un total de una docena de tales observaciones entre los años 222 y 90 a.C., pero hemos eliminado muchos otros avistamientos revisados en la literatura porque consideramos que podían explicarse mejor como malas interpretaciones de meteoros o fenómenos atmosféricos.
No otorgaremos mucho peso a los rumores de tal antigüedad. Como señaló Sagan (7):
Requerimos más que una leyenda acerca de la aparición de un ser extraño que realiza obras extraordinarias y vive en el cielo... Una descripción de la morfología de un ser inteligente no humano, un relato claro de realidades astronómicas para un pueblo primitivo, o una presentación transparente del propósito del contacto aumentarían la credibilidad de la leyenda.
Sin embargo, es interesante encontrar que tales informes se hicieron, y en prácticamente los mismos términos que los modernos, sobre extraños vehículos volando a través del cielo mucho antes del advenimiento de Cristo. B. Le Poer Trench, por ejemplo, cita en su libro (182) un papiro encontrado dañado, con muchas lagunas en los jeroglíficos, entre los papeles del difunto profesor Alberto Tulli, exdirector del Museo Egipcio del Vaticano, y traducido por el príncipe Boris de Rachewiltz, quien afirmó que el original era parte de los anales de Thutmosis III, circa 1504-1450 a.C.:
En el año 22, del tercer mes de invierno, sexta hora del día... los escribas de la Casa de la Vida descubrieron que era un círculo de fuego que venía en el cielo... no tenía cabeza, el aliento de su boca tenía un olor fétido. Su cuerpo medía una vara de largo y una vara de ancho. No tenía voz. Sus corazones se confundieron a causa de ello; entonces se postraron sobre sus vientres... fueron al Faraón... para informarle. Su Majestad ordenó... ha sido examinado... en cuanto a todo lo que está escrito en los rollos de papiro de la Casa de la Vida. Su Majestad meditaba sobre lo sucedido. Ahora, después de que pasaron algunos días, estas cosas se volvieron más numerosas en el cielo que nunca. Brillaban más en el cielo que el resplandor del sol, y se extendían hasta los límites de los cuatro soportes de los cielos... Poderosa era la posición de los círculos de fuego. El ejército del Faraón miraba junto con él en medio de ellos. Fue después de la cena. Entonces, estos círculos de fuego ascendieron más alto en el cielo hacia el sur...
Estos hechos ciertamente merecen ser estudiados. Desafortunadamente, no tenemos hoy oportunidad de recopilar más información sobre los "hombres vestidos de blanco", y sería de poca ayuda ir ahora a recolectar muestras en las orillas del río Quebar. Pero al menos podemos estar seguros de que estos informes no fueron provocados por una reacción psicológica al miedo atómico, ni a una alucinación masiva típica de las ciudades superpobladas. Ciertamente, ninguna explicación basada en la afirmación de que los supuestos OVNIs son objetos convencionales malinterpretados podría ser consistentemente correcta a lo largo de tales períodos de tiempo.
¿HAS VISTO TÚ UN OVNI?
Una llanura cerca de Mortimer's Cross - Herefordshire.*
Eduardo: ¿Deslumbran mis ojos, o veo tres soles?
Ricardo: Tres gloriosos soles, cada uno un sol perfecto,
No separados por las nubes que se arremolinan,
Sino divididos en un cielo pálido y despejado.
¡Mira, mira! Se unen, se abrazan y parecen besarse,
Como si hubieran jurado una liga inviolable:
Ahora son una sola lámpara, una sola luz, un solo sol,
Con esto el cielo figura algún evento.
(Shakespeare, El Rey Enrique VI, Parte III, Acto II, Escena I)
___
* Citado en B. Le Poer Trench (182).
___
Nota de la traducción: ¿Has visto tú un OVNI?" es un juego con el título original "Hast thou seen ye UFO?" que parafrasea el "Hast thou seen ye sun?" del texto shakesperiano.
___
Tenemos en nuestros archivos más de trescientos avistamientos de OVNIs anteriores al siglo XX y, aunque es difícil comentarlos a la luz del análisis científico, creemos que deberían tratarse exactamente como los informes modernos con respecto a sus aspectos psicológicos y sociológicos. Muchos de estos relatos fueron escritos durante el siglo XIX, pero esto no debería presumirse como favorable al carácter "moderno" del mito OVNI, porque algunos de los informes más antiguos indican que series de objetos habían sido presenciadas mucho antes; pero la mayoría de los relatos se perdieron y solo dieron lugar a unas pocas notas generales en algunos manuscritos muy raros.
De los avistamientos anteriores al año 1800, tras eliminar un gran número de descripciones demasiado vagas para ser incluidas en nuestros catálogos, finalmente hemos conservado sesenta observaciones que manifiestan un grado razonable de homogeneidad con el resto de nuestros archivos. Son dignas de estudio, por ejemplo, las observaciones presentadas por Drake (8):
Agobardo, Arzobispo de Lyon, escribió en 'De Grandine et Tonitruis' cómo en el año 840 d.C. encontró a la multitud en Lynch linchando a tres hombres y una mujer acusados de haber aterrizado desde una nave de nubes procedente de la región aérea de Magonia. El gran filólogo alemán, Jacob Grimm, hacia 1820 describió la leyenda de una nave de las nubes, y Montano, un escritor del siglo XVIII sobre folklore alemán, habló de hechiceros volando en las nubes, que eran abatidos. La creencia en Seres de los cielos que inspeccionaban nuestra Tierra persistió en la conciencia humana a lo largo de la Edad Media.
Varios dibujos y grabados que representan claramente fenómenos tratados de la misma manera en que el público moderno interpreta los OVNIs deberían añadirse a las listas de documentos históricos para ser estudiados en este contexto, como señaló el profesor C. G. Jung (9). Los aficionados en Europa podrían encontrar fácilmente muchos más documentos e informes simplemente consultando las innumerables bibliotecas locales en castillos, iglesias, monasterios de toda Gran Bretaña, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania, Polonia, Rusia, Suiza, Italia, Portugal y España. Nuestras selecciones no se acumularon a través de la investigación directa y por lo tanto representan solo una pequeña muestra. Esperamos que los investigadores con conocimientos avanzados de historia examinen más cuidadosamente esta mina de información.
Su atención, por ejemplo, debería dirigirse a la nave que fue vista desplazándose rápidamente por el cielo, de noche, en Escocia en el año 60 d.C. En 763, mientras el rey Domnall Mac Murchada asistía a la feria de Teltown, en el condado de Meath, también se vieron naves en el aire. En 919, en Hungría, se reportaron objetos esféricos que brillaban como estrellas, brillantes y pulidos, yendo y viniendo en el cielo. En algún lugar del mar, el 29 o 30 de julio del año 966, se vio un cilindro vertical luminoso; bien pudo haber sido el primer informe hecho en una serie muy fascinante que discutiremos más adelante. En Japón, el 23 de agosto de 1015, se vieron dos objetos que daban a luz pequeñas esferas luminosas. En El Cairo en agosto de 1027, se reportaron numerosos objetos ruidosos. Se dice que un gran disco plateado se acercó al suelo en Japón el 12 de agosto de 1133.
Drake (183) ofrece una traducción de los Annales Laurissenses por el año 776 d.C., que dice:
Ahora bien, cuando los sajones percibieron que las cosas no iban a su favor, comenzaron a erigir andamios desde los cuales pudieran asaltar valientemente el castillo mismo. Pero Dios es bueno además de justo. Superó su valentía, y en el mismo día que prepararon un asalto contra los cristianos, que vivían dentro del castillo, la gloria de Dios apareció en manifestación sobre la iglesia dentro de la fortaleza. Los que miraban desde fuera en ese lugar, de los cuales muchos aún viven hasta el día de hoy, dicen que vieron la semejanza de dos grandes escudos de color rojizo en movimiento sobre la iglesia (et dicunt vidisse instar duorum scutorum colore rubeo flammantes et agitantes supra ipsam ecclesiam), y cuando los paganos que estaban fuera vieron esta señal, fueron al instante arrojados a la confusión y, aterrorizados con gran miedo, comenzaron a huir del castillo.
Estos avistamientos a veces vienen en series, afectando áreas seleccionadas. Traducimos el siguiente relato (10), que contiene una confirmación de las observaciones de Drake citadas anteriormente:
En 927 la ciudad de Verdún, como toda la parte oriental de Francia, vio ejércitos ardientes apareciendo en el cielo. La crónica de Flodoardo informa que volaron sobre Reims un domingo por la mañana de marzo. Fenómenos similares ocurrieron varias veces bajo el rey Pipino el Breve, bajo Carlomagno, bajo Luis I, el Piadoso. Los capitulares de estos soberanos mencionan penas contra criaturas que viajan en naves aéreas. [Las cursivas son mías - Autor.] Se dice que Agobardo, el arzobispo de Lyon, liberó a tres hombres y una mujer que habían descendido de una de estas naves espaciales, y eran acusados por la multitud de ser emisarios enviados por Grimoaldo, duque de Benevento, para arruinar las cosechas y las viñas francesas con sus encantamientos. Los edictos del emperador Carlomagno prohíben perturbar el aire, provocar tormentas por medios mágicos y practicar las matemáticas.* El manuscrito de Agobardo, que puede consultarse en la Biblioteca Nacional, menciona que los astronautas capturados en Lyon eran obviamente extranjeros y que "por una fatalidad inconcebible, estos desafortunados estaban tan locos como para admitir que eran brujos". La multitud los mató, y sus cadáveres fueron atados a tablas y arrojados a los ríos... En marzo de 842, se vio marchar en el cielo ejércitos multicolores... Estos avistamientos de ejércitos infernales eran nocturnos. Acompañaron varias veces el asedio de Jerusalén.
___
* Lecky señala (198) que Mathematicus era el nombre dado a los astrólogos. Una ley de Diocleciano dice: "Artem geometriae disci atque exerceri publice interest. Ars autem mathematica damnabilis est et interdicta omnino." (El arte de la geometría es de interés público para ser aprendido y ejercido. Pero el arte matemática [astrológica] es condenable y está totalmente prohibido).
___
Un suceso similar ocurrió en Thann, Alsacia, donde se construyó una capilla en 1160 después de que se observaran tres luces sobre un abeto. Una cruz luminosa fue vista en 1188 entre Gisors y Neaufles-Saint-Martin; una cruz tallada en piedra aún marca el lugar.
Observamos aquí que las apariciones de luces o fenómenos interpretados como objetos vistos en el cielo no se asociaban en general con la idea de "visitantes" o con la posible llegada de criaturas fantásticas, sino más bien con creencias religiosas, y eran tratadas como manifestaciones de fuerzas sobrenaturales. Después del siglo XII, los informes se volvieron más documentados; las crónicas religiosas dan más espacio a los eventos locales y una mayor cantidad de información es registrada por los monasterios. El 1 de enero de 1254, en la Abadía de San Albano, a medianoche, en un cielo sereno y atmósfera despejada, con las estrellas brillando y la luna de ocho días, apareció de repente en el cielo una especie de gran nave, elegantemente formada, bien equipada y de un color maravilloso. (Mateo de París, Historia Anglorum, citado en Wilkins [5], con numerosos otros buenos informes). La observación realizada en 1290 en la Abadía de Byland, Yorkshire, de un gran disco plateado volando lentamente es clásica y se puede encontrar en varios libros. El 1 de noviembre de 1461, un extraño objeto con forma de nave, del cual se veía fluir fuego, pasó sobre la ciudad de Arrás en Francia (5). Jacques Duclerc, cronista y consejero del rey Felipe el Bueno, escribe un relato detallado de este avistamiento en sus Memorias de un Hombre Libre de Arrás: "Una cosa ardiente como una barra de hierro de buena longitud y tan grande como la mitad de la luna fue vista en el cielo durante poco menos de un cuarto de hora."
Un incunable realizado en 1493, que perteneció a la Biblioteca de Saint Airy y que ahora es visible en un museo de Verdún, puede contener el ejemplo más temprano de la representación de OVNIs en Europa. El autor del manuscrito, el humanista alemán Hartmann Schaeden, describe una extraña esfera de fuego navegando por el cielo, siguiendo un camino recto de sur a este, luego girando hacia el sol poniente. Una ilustración representa una forma de cigarro en un cielo azul, rodeado de llamas, volando sobre el campo verde y montañoso. La fecha del avistamiento parece ser 1034.
Una forma redonda con una luz o rayo giratorio fue descrita, acompañada de dos soles ardientes, en el cielo de Erfurt en 1520. Un "cigarro nube" fue posiblemente visto en Francia el 12 de octubre de 1527 (11).
Con las observaciones de Núremberg (14 de abril de 1561) y Basilea (7 de agosto de 1566), de las cuales se hicieron dibujos que se conservan en Zúrich, llegamos a un período analizado en detalle por el profesor Jung. Nuevamente, el avistamiento de Núremberg involucra grandes tubos mostrados en posiciones inclinadas, de los cuales se originan esferas, generalmente tres o cuatro. Se vieron esferas y discos que parecían luchar entre sí en danzas aéreas. El mismo comportamiento fue descrito en Basilea, donde los objetos eran grandes esferas negras.
Después del año 1600 se encontrarán muchas buenas referencias en los libros de Charles Fort, además de las reseñas de Wilkins. Sin embargo, debe señalarse que los relatos que Fort parece preferir conciernen a objetos luminosos en el cielo asociados con terremotos y cataclismos en la tierra, y que estos deben considerarse con extrema precaución. Un artículo (citado en [12]) ha discutido esta posible conexión entre fenómenos sísmicos y perturbaciones atmosféricas. No parece que estemos tratando aquí con informes de la misma naturaleza, aunque es comprensible que Fort pudiera sentirse desconcertado por tales descripciones, en una época en que la naturaleza de los terremotos no se entendía en absoluto.
El 6 de marzo de 1716, el astrónomo Halley vio un objeto que iluminó el cielo durante más de dos horas de tal manera que pudo leer un texto impreso a la luz de este objeto. La hora de la observación fueron las 7:00 p.m. Después de dos horas, el brillo del fenómeno se reactivó "como si se hubiera echado nuevo combustible a un fuego" (5).
Wilkins también ofrece informes interesantes para el 19 de marzo de 1718 (Oxford), el 5 de diciembre de 1737, y especialmente el 16 de diciembre de 1742 (Londres). Pero este libro no puede posiblemente elaborar sobre todos estos casos; solo se puede sugerir que se realicen estudios extensos para determinar si estos documentos antiguos se refieren a fenómenos del mismo tipo general que los informes modernos, como este estudio preliminar parecería indicar. Tendremos que discutir, por ejemplo, el avistamiento de "esferas luminosas saliendo de un cilindro brillante" en Augermanland, Suecia, en 1752, en relación con avistamientos similares en tiempos modernos.
En la última parte del siglo XVIII y durante el siglo XIX, las observaciones de OVNIs realizadas por astrónomos eran bastante comunes. El evangelio moderno de que "los astrónomos nunca han visto OVNIs" es falso. Las antiguas crónicas astronómicas son muy interesantes a este respecto: el 9 de agosto de 1762, se vio un objeto frente al sol desde dos observatorios diferentes en Suiza. El 17 de junio de 1777, Charles Messier observó una gran cantidad de manchas oscuras (13). El 18 de agosto de 1783, a las 9:25 p.m., en el Castillo de Windsor, Tiberius Cavallo, miembro de la Royal Society, describió un peculiar fenómeno luminoso (véase la página 146). En Greenwich, el 30 de agosto de 1783, se vio un objeto muy extraño que daba origen a ocho satélites que desaparecieron lentamente hacia el sureste. Estas observaciones de científicos profesionales alcanzaron su punto máximo en el siglo XIX.
OVNIs EN EL SIGLO XIX
Después del año 1800, los informes de objetos en el cielo se vuelven tan numerosos y bien documentados que uno puede dejar de lado los rumores populares y estudiar solo los relatos publicados en la prensa científica. Representan una gran cantidad de datos, y su fiabilidad es excelente.
Considérese, por ejemplo, esta observación de John Staveley (5) el 10 de agosto de 1809, en Hatton Garden, Londres, publicada por el Journal of Natural History and Philosophy and Chemistry:
Vi muchos meteoros moviéndose alrededor del borde de una nube negra de la que destellaban relámpagos. Eran como motas de luz deslumbrantes, bailando y deambulando a través de las nubes. Una aumentó de tamaño hasta alcanzar el brillo y la magnitud de Venus, en una noche despejada. Pero no pude ver ningún cuerpo en la luz. Se movía con gran rapidez y bordeaba el filo de la nube. Luego se quedó estacionaria, disminuyó su esplendor y desapareció. Vi estas extrañas luces durante minutos, no segundos. Durante al menos una hora, estas luces, tan extrañas y en innumerables puntos, entraban y salían de esta nube negra. No venía ningún relámpago de las nubes donde estaban estas luces jugando. A medida que los meteoros aumentaban de tamaño, parecían descender...
En cuanto a las observaciones en Embrun, Francia, el 7 de septiembre de 1820, François Arago escribe en los Annales de chimie et de physique:
Numerosos observadores han visto, durante un eclipse de luna, extraños objetos moviéndose en líneas rectas. Estaban igualmente espaciados y permanecían en línea cuando giraban. Sus movimientos mostraban una precisión militar.
Estos antiguos informes a menudo están marcados por mucho ingenio y naiveza. Muestran la astronomía del siglo XIX como una ciencia muy dinámica que no tenía nada del carácter dogmático que observamos hoy. Las observaciones se informaban y publicaban honestamente, incluso cuando no encajaban en los patrones clásicos, y está muy claro que ninguna revista científica —excepto, quizás, la revista francesa L'Astronomie— publicaría hoy ninguna de las tres observaciones que vamos a citar ahora, y que se pueden encontrar en L'Année Scientifique (Onzième Année, p. 28 y Douzième Année, p. 43). La primera observación está fechada el 30 de julio de 1866 y dice:
Un astrónomo alemán ha realizado una observación muy extraña que parece probar que las estrellas fugaces a veces descienden hasta un kilómetro sobre el suelo. El astrónomo en cuestión es M. Behrmann, del Real Observatorio de Gotinga, ya conocido por trabajos de primer orden y algunos descubrimientos muy importantes en el campo teórico.
El 30 de julio de 1866, a las 9 p.m., este observador estaba mirando las nubes acumuladas en el horizonte oriental cuando de repente vio, en un punto que había tenido a la vista durante aproximadamente medio minuto, una estrella fugaz de tercera a cuarta magnitud. Tuvo la impresión de que el meteoro estaba perforando la capa de nubes, que era demasiado gruesa para permitir ver una estrella fugaz por transparencia. La nube de la que había emergido este fenómeno no tenía una elevación superior a quince grados. La estrella fugaz permaneció visible durante aproximadamente cuatro décimas de segundo, estimado muy aproximadamente por M. Behrmann. Este desapareció nuevamente entre las nubes después de un vuelo de cinco a seis grados.
Otra observación muy interesante, relativa a la categoría de los meteoros*, ha sido realizada por M. Heis el 4 de octubre de 1866 a las 8:30 p.m. M. Heis, que estaba estudiando la Vía Láctea, vio muy claramente un cuerpo oscuro destacarse contra el fondo luminoso de este cúmulo de estrellas. Tenía el movimiento propio de una estrella fugaz. Este meteoro oscuro siguió un arco de once a doce grados antes de perderse en el azul oscuro-negruzco del cielo.
El tercer informe dice:
El 21 de agosto de 1867 a las 8:30 p.m., los habitantes de Moncalieri (Piamonte, Italia) tuvieron la insólita visión de un bólido volando bajo las nubes, a poca distancia del suelo, sobre un espacio muy grande. Estas son las circunstancias de este fenómeno: La mitad del cielo estaba casi completamente cubierta de nubes oscuras, especialmente en el sureste. De repente, un magnífico meteoro luminoso vino del noroeste bajo la Osa Mayor y voló bajo las nubes mientras se dirigía hacia el sureste. Entre esas nubes y el suelo siguió una trayectoria recta sobre unos cincuenta grados. Era de primera magnitud y aproximadamente del diámetro aparente de Júpiter; su color era rojo muy brillante. La altitud de las nubes no excedía los 300 metros.
___
* Algunos científicos piensan que tales observaciones no tienen cabida en un estudio del fenómeno OVNI ya que sus propios autores informaron los objetos como "meteoros". Estos científicos olvidan que la palabra "meteoro" solo ha recibido recientemente una definición precisa. Los astrónomos del siglo XIX la usaban con una gran variedad de significados. De Montemont, en 1840, señaló la raíz griega (meteros significa alto, elevado) y definió los meteoros como "fenómenos del aire, tales como el arcoíris, la aurora boreal, el trueno, etc."
___
En julio de 1868, en Copiapó, Chile, una construcción aérea que emitía luz y producía ruido de motor fue interpretada localmente como un pájaro gigante con ojos brillantes, cubierto de grandes escamas que chocaban produciendo un ruido metálico (15 y 16).
El 22 de marzo de 1870, se realizó una observación a bordo del "Lady of the Lake" en el Océano Atlántico a 5°47' N y 27°52" O. El objeto visto era un disco de color gris claro. Lo que parecía ser la parte real estaba rodeado por un halo y una larga cola emanaba del centro. Este OVNI fue visto entre 20° y 80° de elevación durante media hora. Voló contra el viento y el Capitán Banner hizo un dibujo del mismo.
El 24 de abril de 1874, un profesor Schafarick vio en Praga "un objeto de naturaleza tan extraña que no sé qué decir al respecto. Era de un blanco cegador y cruzó lentamente la cara de la luna. Permaneció visible después..." (18)
El 24 de enero de 1878, John Martin usó la palabra "platillo" para describir su OVNI. El 15 de mayo de 1879, a las 9:40 p.m., desde el "Vultur" en el Golfo Pérsico se observaron dos ruedas luminosas gigantes girando y descendiendo lentamente. Fueron vistas durante treinta y cinco minutos, tenían un diámetro estimado de cuarenta metros y estaban separadas por aproximadamente cuatro diámetros. Similares "ruedas gigantes" fueron vistas al año siguiente, nuevamente en mayo y en la misma parte del océano, pero por otro barco, el vapor Patna (20).
Esta observación de mayo de 1880 fue publicada por la revista científica Knowledge en los siguientes términos:*
___
* Ivan T. Sanderson ha realizado un estudio especial de unos 100 casos observados durante el siglo pasado y los discute en un artículo publicado en Fate Magazine (julio de 1964, p. 42). Señalando que el plancton luminiscente debe ser la fuente inmediata de luz, sugiere que el extraordinario patrón —la rueda sin llanta— "es producido por una fuente de radiación giratoria que desencadena la emisión de luz por el plancton".
___
Viendo tantos fenómenos meteorológicos en su excelente periódico, KNOWLEDGE, me siento tentado a pedir una explicación de lo siguiente, que vi cuando estaba a bordo del vapor Patna de la Compañía Británica de la India durante un viaje por el Golfo Pérsico. En mayo de 1880, en una noche oscura y tranquila, alrededor de las 11:30 p.m., aparecieron de repente a cada lado del barco dos enormes ruedas luminosas girando, cuyos radios parecían rozar el barco. Los radios medían 200 o 300 yardas de largo, y se parecían a las varas de abedul de las escuelas de señoritas. Cada rueda contenía unos dieciséis radios, y daban una revolución en unos doce segundos. Casi se podía imaginar oír el silbido de los radios al pasar zumbando junto al barco, y, aunque las ruedas debían tener unos 500 o 600 yardas de diámetro, los radios podían distinguirse claramente en toda su circunferencia. El resplandor fosforescente parecía deslizarse a ras de la superficie del mar, sin que se viera luz alguna en el aire sobre el agua. La apariencia de los radios podría representarse casi exactamente si uno se para en un bote y hace girar una linterna de luz concentrada horizontalmente sobre la superficie del agua, una y otra vez. Puedo mencionar que el fenómeno también fue visto por el Capitán Avern, comandante del Patna, y por el Sr. Manning, tercer oficial.
Lee Fore Brace.
P.D.—Las "ruedas" avanzaron junto con el barco durante unos veinte minutos.—L.F.B.
El 11 de junio de 1881, a las 4:00 a.m., entre Melbourne y Sídney, los dos hijos del Príncipe de Gales, uno de ellos el futuro rey de Inglaterra, vieron un extraño objeto celeste similar a un barco completamente iluminado. (Véase The Cruise of the Bacchante, escrito por los dos príncipes.)
En los últimos veinte años del siglo XIX he encontrado ochenta y cuatro observaciones de interés, treinta y cuatro de las cuales fueron publicadas con todo detalle en la prensa científica. Solo estas justificarían una investigación sistemática. La proporción de testigos con un alto nivel científico es mayor en estos informes que, por ejemplo, en los de 1947. Ofrecen descripciones más detalladas, y por la precisión y claridad de los relatos sabemos que no fueron productos de alucinaciones masivas o de la emoción. Entre ellos, encontramos nuestro segundo relato detallado de un "aterrizaje", siendo el primero el incidente de Ezequiel. El 10 de abril de 1897, en Carlinville, Illinois, un objeto aterrizó en los campos pero despegó tan pronto como los testigos se acercaron a él. Su forma era la de un cigarro con una cúpula (21).
Un gran número de los informes publicados en la prensa científica se refieren a objetos de aspecto general de bólido, pero que siguen trayectorias extrañas, a veces a velocidades muy bajas. Aunque nos gustaría pensar en estos fenómenas como objetos astronómicos peculiares pero naturales, es difícil hacerlo en muchos casos, y Flammarion los designó con el nuevo nombre de "bradites". Un ejemplo típico se encuentra en L'Astronomie, el boletín de la Sociedad Astronómica Francesa, del año 1883. El informe dice:
El 23 de febrero de 1883, a las 7:00 p.m., mientras observaba el cielo en dirección a Orión, es decir, hacia el sur, vi un punto luminoso que aparecía detrás de Alpha Orionis y se deslizaba hacia Sirio después de un doble giro como se muestra en la figura adjunta. No era, sin embargo, una época del año con abundantes estrellas fugaces. Este bólido tenía la luminosidad de una estrella de cuarta magnitud. Su luminosidad máxima fue estimada por mí como correspondiente a la tercera magnitud cuando estaba en A, y tuvo un mínimo en B, donde permaneció estacionario un rato. Continuó hacia Sirio con un brillo correspondiente a la cuarta magnitud. Lo perdí de vista como si se hubiera ido detrás de Sirio y no hubiera reaparecido.
El año 1883 fue rico en informes; no menos de doce han llegado hasta nuestra atención. Durante el verano, en Segeberg, los niños y el maestro de una escuela primaria vieron dos esferas ardientes en el cielo con el diámetro aparente de la luna llena; viajaban lado a lado, no muy rápido, en un rumbo norte-sur. El 12 de agosto, por la mañana, el astrónomo José Bonilla, del Observatorio de Zacatecas en México, vio y fotografió "formaciones" de objetos circulares que cruzaban el disco del sol en un rumbo oeste-este. Estaban separados por intervalos regulares y en grupos de quince a veinte. El autor del informe contó 283 objetos de este tipo. A principios de año (15 y 25 de abril) se habían visto formaciones similares sobre Marsella, Francia. Pero la fiabilidad de estas observaciones siempre puede ser cuestionada: ¿Qué tan entrenados estaban los autores de estos informes? ¿Cómo podemos estar seguros de que los supuestos objetos no eran bandadas de pájaros?
En 1885 tenemos seis informes, cinco de ellos de L'Astronomie. Dos de estos informes son de especial interés para nosotros en nuestro intento de mostrar que el fenómeno OVNI no es de origen reciente. El primer informe que citaremos aquí está fechado el 22 de agosto. La hora era las 8:15 a.m. y el lugar, Saigón:
M. Reveillere y el teniente Guiberteau han sido testigos de un fenómeno meteorológico muy extraño. Mirando hacia el sur y teniendo frente a ellos la Cruz del Sur, estos científicos vieron un magnífico objeto rojo, más grande que el planeta Venus y con un movimiento lateral bastante amplio. Ambos observadores estaban sin instrumentos. Vieron el meteoro aparecer de repente en el sur y desaparecer en el sureste. Su elevación estaba entre 15° y 20°. Su movimiento, prácticamente nivelado con el horizonte, no era más rápido que el de una nube con viento moderado. Tardó siete u ocho minutos en recorrer un arco igual a aproximadamente un tercio de la esfera celeste, y desapareció detrás de una nube de opacidad media. Uno de los testigos, M. Guiberteau, creyó ver el meteoro sobre las nubes cirros, mientras que según M. Reveillere el meteoro perdió parte de su brillo debido a las nubes, y este brillo variaba según el grosor de la nube. Es difícil decidir qué era este meteoro.
El segundo informe fue realizado el 1 de noviembre de 1885, a las 9:30 p.m., en Adrianópolis, Turquía, y dice:
M. Mavrogordato, de Constantinopla, llama nuestra atención sobre las siguientes extrañas observaciones que le han sido comunicadas.
(1) El 1 de noviembre, a las 9:30 p.m., se vio, al oeste de Adrianópolis, un objeto alargado que desprendía una fuerte luminosidad. Parecía flotar en el aire y su disco aparente era cuatro o cinco veces más grande que la luna llena. Viajaba lentamente y proyectaba luz sobre todo el campamento detrás de la estación con un brillo unas diez veces mayor que el de una gran bombilla eléctrica.
(2) En la mañana del 2 de noviembre, al amanecer, una llama muy luminosa, primero azulada, luego verdosa, que se movía a una altura de cinco a seis metros, hizo una serie de giros alrededor del embarcadero del ferry en Escutari. Su luminosidad cegadora iluminaba la calle e inundaba de luz el interior de las casas. El meteoro fue visible durante un minuto y medio y finalmente cayó al mar. No se oyó ningún ruido cuando se produjo la inmersión.
¿Son estos dos meteoros realmente bólidos? Se podría dudar. En cualquier caso, estas observaciones son bastante interesantes (L'Astronomie, 1885, y R. Veillith, [22]).
Uno podría pensar en el fenómeno denominado "bola relámpago" en relación con el segundo incidente. La bola relámpago es un fenómeno natural, pero aún en gran medida misterioso. En nuestra opinión, los archivos OVNI contienen varios relatos muy buenos de objetos que entran en esta categoría, y algunos de los mejores que hemos leído están en los archivos del Aerial Phenomena Group de la Fuerza Aérea de los EE. UU. en Dayton, Ohio. Ciertamente es desafortunado que ningún físico interesado en este campo haya estudiado nunca estos informes.* Una investigación de este tipo también revelaría que muchos avistamientos han sido "explicados" como relámpagos en bola porque no se podía encontrar una respuesta inteligente, y el especialista se sorprendería ante algunos de los informes colocados en esta categoría. Tenemos aquí un viejo ejemplo de la misma actitud, nuevamente de L'Astronomie, fechado el 12 de noviembre de 1887, y llamado sin más "bola relámpago":
En el Océano Atlántico Norte se ha observado un nuevo caso de bola relámpago, uno de esos efectos tan extraños y aún tan inexplicables. El 12 de noviembre de 1887, a medianoche, cerca de Cabo Race, apareció una enorme bola de fuego, emergiendo lentamente del océano hasta una altitud de dieciséis a diecisiete metros. Esta esfera comenzó a moverse contra el viento y se detuvo cerca del barco desde el cual se observaba. Luego se precipitó hacia el cielo y desapareció en el sureste. Toda la observación había durado cinco minutos." [Las cursivas son mías - Autor.]
___
* Como cortesía, varios científicos profesionales, incluido este escritor, han recibido permiso de las autoridades interesadas para estudiar los informes no clasificados. Los físicos preocupados por la interpretación de los relámpagos en bola probablemente podrían obtener información sobre casos específicos a través de canales similares.
___
Durante la noche del 8 de enero de 1888, según las Memorias de los Hermanos Menores de Ragusa, Italia, se vieron cuerpos luminosos volando en líneas a través del cielo durante una hora.
En 1893 se realizaron varias observaciones de discos y "ruedas" en el mar, principalmente entre Japón y China. En los Estados Unidos, el 20 de diciembre de 1893, apareció otra enorme "rueda" que emitía ruido; permaneció inmóvil durante quince minutos antes de irse. En Oxford, Inglaterra, el 31 de agosto de 1895, a las 8:00 p.m., se vio un disco elevándose sobre unos árboles y desapareciendo en el este (Dr. J. A. H. Murray) (192). En Chicago, el 2 de abril de 1897, a las 2:00 a.m., ciudadanos asombrados treparon a la cima de un rascacielos para observar un enorme objeto volador que parecía tener aletas en cada extremo y una baliza. El día diez del mismo mes se informó del "aterrizaje" en Carlinville, Illinois, que mencionamos anteriormente. El día quince se vio un objeto con forma de cigarro en Benton, Texas, y en varios otros lugares. Se desplazaba hacia el sureste y fue descrito como "una vista magnífica". El objeto de Chicago, o uno similar, fue observado el 19 de abril, a las 9:00 p.m., en Sisterville, Virginia Occidental, con luces de colores intermitentes.*
___
* Desde la publicación de la primera edición de este libro, D. Hanlon ha emprendido una investigación sistemática de la ola de 1897. El cuidadoso análisis de muchos informes de ese período revela un número asombroso de avistamientos, algunos de ellos por miles de testigos. La importancia de esta serie de eventos parece haber escapado incluso a la atención de Charles Fort.
___
Pero Le Roy, Kansas, es el lugar que tendremos que recordar. "El lunes pasado por la noche, alrededor de las 10:30", dijo Alexander Hamilton,
nos despertó un ruido que venía del ganado. Me levanté, pensando que quizás mi perro bulldog estaba haciendo alguna de sus travesuras, pero al ir a la puerta vi, para mi más completo asombro, una nave espacial descendiendo lentamente sobre mi corral de vacas, como a cuarenta rods (201 mts) de la casa.
Llamé a mi inquilino, Gid Heslip, y a mi hijo Wall, tomamos unos hachotes y corrimos al corral. Mientras tanto, la nave había ido descendiendo suavemente hasta que no estaba a más de 9 metros sobre el suelo, y nos acercamos a unos 46 metros de ella.
Consistía en gran parte a una forma de cigarro, posiblemente de 91 metros de largo, con un carruaje debajo. El carruaje estaba hecho de vidrio o alguna otra sustancia transparente que alternaba con una estrecha tira de algún material. Estaba brillantemente iluminado por dentro y todo se veía claramente: estaba ocupado por seis de los seres más extraños que jamás haya visto. Estaban parloteando entre ellos, pero no pudimos entender ni una palabra de lo que decían.
Cada parte de la nave que no era transparente era de un color rojizo oscuro. Nos quedamos mudos de asombro y miedo, cuando algún ruido atrajo su atención y dirigieron una luz directamente hacia nosotros. Inmediatamente al vernos, encendieron algún poder desconocido, y una gran rueda de turbina, de unos 9 metros de diámetro, que giraba lentamente debajo de la nave, comenzó a zumbar y la nave se elevó ligeramente como un pájaro. Cuando estaba a unos 91 metros sobre nosotros, pareció detenerse y flotar directamente sobre una novilla de dos años, que estaba mugiendo y saltando, aparentemente atrapada en la cerca. Al acercarnos a ella, encontramos un cable de aproximadamente media pulgada de grosor, hecho de algún material rojo, atado con un nudo corredizo alrededor de su cuello, con un extremo subiendo hacia la nave, y la novilla enredada en la cerca de alambre. Intentamos quitarlo pero no pudimos, así que cortamos el alambre y nos quedamos asombrados al ver la nave, la novilla y todo, elevarse lentamente, desapareciendo en el noroeste.
Nos fuimos a casa, pero estaba tan asustado que no pude dormir. Levantándome temprano el martes, salí a caballo, esperando encontrar algún rastro de mi vaca. No lo logré, pero al regresar por la tarde encontré que Link Thomas, a 5 o 6 kms al oeste de Le Roy, había encontrado la piel, las patas y la cabeza en su campo ese día. Él, pensando que alguien había descuartizado una bestia robada, había traído la piel al pueblo para su identificación, pero estaba muy desconcertado al no poder encontrar ninguna huella en el suelo blando. Después de identificar la piel por mi marca, me fui a casa. Pero cada vez que me quedaba dormido, veía esa cosa maldita, con sus grandes luces y su gente horrorosa. No sé si son demonios o ángeles, o qué; pero todos los vimos, y toda mi familia vio la nave, y no quiero tener nada más que ver con ellos.
Hamilton ha sido durante mucho tiempo residente de Kansas y es conocido en todos los condados de Woodson, Allen, Coffey y Anderson. Fue miembro de la Cámara de Representantes. Apostó su sagrado honor a la verdad de su historia.
Sigue una declaración jurada:
"Como siempre hay, ha habido y habrá escépticos e incrédulos cada vez que se presenta la verdad de algo que roza lo improbable, y sabiendo que algunas personas ignorantes o sospechosas dudarán de la veracidad de la declaración anterior, por la presente, nosotros, los abajo firmantes, hacemos la siguiente declaración jurada:
Que hemos conocido a Alexander Hamilton de uno a treinta años, y que en cuanto a su verdad y veracidad nunca hemos oído cuestionar su palabra, y que verdaderamente creemos que su declaración es verdadera y correcta."
Firmado: E. W. Wharton, Inspector Estatal de Petróleo
M. E. Hunt, Sheriff
W. Lauber, Sheriff Adjunto
H. H. Winter, Banquero
H. S. Johnson, Farmacéutico
J. H. Stitcher, Abogado
Alexander Stewart, Juez de Paz
F. W. Butler, Boticario
James W. Martin, Registrador de Escrituras
y H. C. Rollins, Director de Correos
Suscrito y jurado ante mí este 21º día de abril de 1897 (45).
El 25 de abril de 1898, a las 9:32 p.m., en Belgrado, se observó un extraño meteoro que, según J. Michailovitch, profesor del Observatorio de Belgrado, permaneció inmóvil en el cielo durante más de seis minutos. En Lille, Francia, se vio un objeto rojo inmóvil durante diez minutos el 4 de septiembre de 1898, luego soltó unas chispas y se fue.
LOS ASTRÓNOMOS PIERDEN UN PLANETA
Si el lector asiste alguna vez a una conferencia sobre el sistema solar, sin duda le hablarán de Mercurio, Venus, Marte y sus dos satélites Fobos y Deimos; Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón son igualmente inevitables. Si tiene suerte, oirá una palabra sobre los asteroides: Ceres y Juno, Eros, Hermes y algunos otros como Palas. Al cabo de dos horas, su cabeza estará llena de más nombres de dioses romanos y griegos de los que concebiblemente podrían cohabitar en la estrecha cumbre del Olimpo. Y entonces, si tiene la oportunidad de hacer una pausa antes de regresar a sus ocupaciones terrenales, quizás note que esta cohorte de divinidades sigue incompleta: El gran Vulcano falta; la colorida figura del Dios de la Industria y las regiones subterráneas no se ve por ningún lado.
En este punto, sin embargo, el lector definitivamente no debería levantar la mano y exigir una explicación, porque se metería inmediatamente en problemas con dos siglos de astronomía.
La verdad es que una vez existió un planeta llamado Vulcano en nuestro sistema solar. Su órbita era interior a la de Mercurio, y se observaría cuando pasara frente al sol. Revolucionaba alrededor del sol en diecinueve días a una distancia de 0.1427 unidades astronómicas. La inclinación de su órbita era de 12° 10" y la longitud de su nodo ascendente, 12° 59'. Su existencia fue predicha por la teoría y atestiguada por las observaciones de numerosos astrónomos de gran reputación. De hecho, alrededor de 1880 estaba muy de moda observar cuerpos esféricos oscuros que cruzaban el disco del sol en una o dos horas. Así, leemos en L'Année Scientifique de 1878 (p. 16) que:
El público científico ha sabido con la mayor satisfacción que durante el eclipse de sol del 29 de julio de 1878, M. Watson, director del observatorio de Ann Arbor (Michigan), ha visto en el disco del sol un cuerpo animado de una gran velocidad. (Las cursivas son mías - Autor)
Tal satisfacción respecto a lo que hoy debe llamarse un informe OVNI encontraba su justificación en el hecho de que la mecánica celeste, en 1878, predecía la existencia de tal planeta girando alrededor del sol dentro de la órbita de Mercurio. El director del Observatorio de París, Le Verrier, había calculado el punto preciso donde podía descubrirse el planeta Neptuno —y así fue. ¿Por qué no aplicar el mismo método a las perturbaciones de Mercurio? Le Verrier indicó que estas perturbaciones debían ser causadas por un planeta cercano. Destacado astrónomo y computador extraordinario, había reexaminado el movimiento de todos los planetas del sistema solar y había publicado nuevas tablas dando sus posiciones con una precisión largamente inigualada; pero Mercurio resistía su análisis: había una discrepancia de 32 segundos de arco por siglo que no podía explicarse. Le Verrier verificó que un error en la masa de Venus no podía ser responsable de esta diferencia, y concluyó que tenía que ser causada por las perturbaciones gravitacionales de uno o varios planetas intramercuriales. (Hoy se sabe que tales planetas no necesitan existir para explicar el movimiento peculiar de Mercurio. La teoría correcta fue desarrollada en este siglo y es resultado del trabajo de Einstein. Pero la astronomía prerrelativista solo podía representar la diferencia en términos de fuerzas newtonianas.)
Las consideraciones teóricas de Le Verrier no fueron confirmadas hasta marzo de 1859, cuando el Dr. Lescarbault realizó una observación que parecía probar que el planeta intramercurial realmente existía. La comunidad científica recibió la observación con entusiasmo, como muestran los documentos citados a continuación, y el nuevo planeta se llamó Vulcano. Le Verrier comenzó de inmediato sus investigaciones y cálculos nuevamente. Afirmó que las observaciones del Dr. Lescarbault eran muy fiables y no le dejaban ninguna duda sobre la existencia de al menos un cuerpo intramercurial. Pero su trabajo no condujo a ningún nuevo avance hasta aproximadamente 1876. Durante este período se acumularon nuevas observaciones y Le Verrier reunió unas treinta de las más fiables: ¡todas relativas a cuerpos oscuros vistos frente al sol! Entre estas treinta, seleccionó cinco que llevaron a determinaciones del movimiento de un planeta intramercurial que coincidían dentro de medio grado de arco.*
___
*Las cinco observaciones son la n.º 2, 5, 6, 7 y 8 en la tabla que aparece en la página 42.
___
A partir de los elementos calculados de la órbita de Vulcano, la fecha del próximo tránsito pudo predecirse como el 2 o 3 de octubre de 1876. Pero el misterioso objeto no fue observado nuevamente entonces; Le Verrier murió al año siguiente, inquebrantable en su convicción de que Vulcano debía existir. Por eso la observación de M. Watson de un cuerpo de cuarta magnitud durante el eclipse de 1878 fue recibida con tanto entusiasmo; Watson no era un aficionado. Director del observatorio de Ann Arbor, era especialista en asteroides, descubridor de muchos de ellos y autor de un conocido y autorizado tratado astronómico. En el Observatorio de París, M. Gaillot, un hombre que había ayudado a Le Verrier en sus cálculos durante dieciséis años, demostró que la observación de Watson era compatible con una de las posibles órbitas calculadas por Le Verrier para Vulcano. Pero la teoría siempre fallaba al predecir el regreso del enigmático objeto. Un libro científico publicado en 1912, señalando que "las observaciones más recientes no han aportado ningún elemento nuevo a la solución del problema", tomó prestadas las siguientes conclusiones del astrónomo Tisserand:
1. Creemos que hay que abandonar la hipótesis de un solo planeta que produzca las perturbaciones observadas en el movimiento de Mercurio. Esto parece resultar del conjunto de observaciones realizadas durante los eclipses solares, especialmente el del 29 de julio de 1878.
2. Si existen planetas intramercuriales cuyas dimensiones sean comparables a las del objeto que M. Lescarbault vio frente al sol, estos planetas deben ser muy pocos; de lo contrario, no podrían haber escapado a la detección de astrónomos como Carrington y Spörer, quienes describen y miden la más mínima mancha en la superficie solar.
3. Estos planetas por sí solos no podrían producir las perturbaciones del movimiento de Mercurio.
4. Hay que volver a una de las primeras ideas de Le Verrier, es decir, que existe un anillo de asteroides entre Mercurio y el sol.
Poco después, la teoría de la relatividad de Einstein explicó las irregularidades de la órbita de Mercurio, y la necesidad teórica de planetas intramercuriales desapareció. Muy aliviados, los astrónomos de repente olvidaron todo sobre Vulcano. El descrédito y el ridículo cayeron sobre las personas que veían objetos frente al sol. Las observaciones registradas por tantos científicos excelentes fueron precipitadamente arrinconadas en el olvido. Ni una palabra de disculpa o justificación apareció en la literatura astronómica. Las observaciones del misterioso planetoide que una vez se llamó Vulcano quedaron sin explicación. El nombre de Le Verrier, una de las mentes más poderosas del siglo XIX, permaneció en la astronomía por muchas obras notables, pero se olvidó que había dedicado una fracción importante de su carrera astronómica al estudio del movimiento del misterioso objeto. El cuidado que puso en este estudio queda evidenciado por el siguiente relato de su visita a Lescarbault en 1859.
Cuando el director del Observatorio de París recibió la carta escrita por Lescarbault, un astrónomo aficionado que ejercía la medicina en el pequeño pueblo de Oregeres, estaba profundamente involucrado en el cálculo de posibles órbitas para un cuerpo intramercurial. Había publicado sus puntos de vista sobre el problema algún tiempo antes, y esta publicación fue seguida de mucha correspondencia entre él y varios astrónomos que habían observado objetos frente al sol. Le Verrier fue a la Academia de Ciencias a explicar que estas observaciones no eran lo suficientemente buenas para servir como base para el cálculo. Muchos otros astrónomos enviaron relatos de objetos móviles que fueron igualmente rechazados. Es interesante preguntarse qué eran esos objetos. Pero no eran el planeta perdido.
La observación de Lescarbault, por el contrario, parecía aplicarse muy bien al misterioso cuerpo. Un punto interesante era que Lescarbault había comenzado a buscar planetas en las cercanías del sol mucho antes de que Le Verrier publicara sus puntos de vista teóricos.
En su carta, explica cómo el 26 de marzo de 1859 vio un punto circular negro que tenía un movimiento propio de traslación a través del sol, lo que indicaba que el objeto era un cuerpo planetario. El diámetro angular era menor de un cuarto del de Mercurio, según lo visto por el mismo observador el 8 de mayo de 1845:
La duración del paso del nuevo planeta fue de una hora, diecisiete minutos y veintidós segundos de tiempo sideral.* Tengo la convicción de que, algún día, se volverá a ver un punto negro, perfectamente circular, muy pequeño, pasando frente al sol... Este punto negro será, con un alto grado de probabilidad, el planeta cuyo movimiento seguí el 26 de marzo de 1859, y será posible calcular todos los elementos de su órbita. Tiendo a creer que su distancia al sol es menor que la de Mercurio.
Este objeto debe ser el planeta, o uno de los planetas, cuya existencia en las cercanías del globo solar usted ha anunciado hace unos meses, Sr. Director, utilizando ese mismo poder maravilloso de cálculo que le hizo reconocer la existencia de Neptuno en 1846, cuando determinó su posición en las fronteras de nuestro mundo planetario y trazó su camino a través de las profundidades del Espacio.
Una comunicación así, señala L'Année Scientifique, merecía toda la atención de Le Verrier:
Asumiendo que era real y absolutamente precisa, el descubrimiento de este astrónomo aficionado podría haberle arrebatado una fracción de la gloria efectiva, ya que el médico de Oregeres había observado el planeta intramercurial seis meses antes de que Le Verrier planteara la cuestión ante el mundo científico. Las grandes mentes, sin embargo, no se detienen en visiones tan estrechas. Consideran solo el interés general de la ciencia, donde otros se preocuparían mezquinamente por su propia reputación. M. Le Verrier verificó rápidamente los cálculos de su corresponsal campesino y los encontró correctos. No podía entender, sin embargo, cómo esta observación, hecha seis meses antes, no se había anunciado aún a los científicos. Bajo estas condiciones, M. Le Verrier tomó la mejor decisión; con un amigo, M. Vallée, partió hacia Oregeres el 31 de diciembre de 1859.
___
*Le Verrier verificó que esta era la hora del tránsito a lo largo de una cuerda que medía 9 minutos y 17 segundos de arco. El tiempo que el objeto habría tardado en cruzar el sol a lo largo de un diámetro era de 4 horas, 26 minutos y 48 segundos.
___
Cuando llegó a este pequeño pueblo, M. Le Verrier comenzó por recopilar información sobre el Dr. Lescarbault. Todos respondieron que era un hombre erudito, rodeado del cariño y alta estima de todos, que ejercía con honor y dignidad su noble profesión de médico. Solo tenían una crítica: "Mira demasiado a las estrellas". Así informados, nuestros dos viajeros llamaron a la puerta del astrónomo, quien les abrió en persona y se quedó muy sorprendido al encontrarse frente a dos visitantes de París, uno de ellos nada menos que el Director del Observatorio y miembro de la Academia y el Senado. M. Le Verrier pronto se convenció de que el Dr. Lescarbault era un científico serio. No había publicado su descubrimiento porque esperaba ver el objeto por segunda vez. Había diseñado y construido un pequeño observatorio que Le Verrier inspeccionó con el mayor cuidado minucioso, y respondió a todas las preguntas de Le Verrier sobre las buenas condiciones científicas de sus observaciones. Sin embargo, no había tinta ni papel en el observatorio de Lescarbault. El hombre sencillo usaba tiza para escribir sus observaciones en una tabla de pino, una práctica tomada de los artesanos de la madera profesionales. Cuando deseaba reutilizar la tabla, lo borraba todo con su cepillo de carpintero. La tabla en la que estaban escritas las observaciones del 26 de marzo se había conservado afortunadamente. Le Verrier la encontró en un rincón de la habitación, recibió el permiso del Dr. Lescarbault para llevarla a París como documento auténtico de la importante observación, y lo presentó a la Academia en enero de 1860. Se publicaron largos artículos sobre el notable descubrimiento. Nadie dudó de que Lescarbault había observado Vulcano. Recibió la Cruz de la Legión de Honor y fue invitado por los médicos de París a un banquete que se celebraría en uno de los hoteles más elegantes de la Capital, invitación que el hombre sencillo rechazó.
Como la observación de Lescarbault proporcionaba una indicación seria a favor de la teoría de los planetas intramercuriales, los astrónomos comenzaron a revisar los documentos que apuntaban en la misma dirección. Así salieron a la luz varias observaciones.
Tal fue la observación de Messier el 17 de junio de 1777, alrededor del mediodía, de un número considerable de pequeños globos oscuros que cruzaron el sol en cinco minutos —demasiado rápido para la teoría de Le Verrier. El 20 de octubre de 1839, de Cuppis, entonces estudiante en el Colegio Romano, observó un punto negro, perfectamente circular, que tardó seis horas en cruzar el diámetro del sol. Tales observaciones eran tan comunes que un astrónomo estadounidense, Herrick, de New Haven, publicó una memoria titulada:
Observaciones sobre ciertas manchas peculiares que tienden a probar la existencia de un planeta dentro de la órbita de Mercurio.
Herrick citó las siguientes observaciones:*
1°) Gruthinsen había visto dos pequeñas manchas bien definidas frente al sol el 26 de julio de 1819.
2°) Pastorff, de Buchholz, vio dos manchas notables el 23 de octubre de 1822 y el 24 y 25 de julio de 1823. En 1834, vio dos pequeños objetos que pasaron seis veces frente al sol en diferentes momentos del año. El más grande tenía un diámetro aparente de tres segundos, el más pequeño, de 1 a 1.25 segundos de arco. Ambos eran perfectamente circulares. El más pequeño a veces iba delante, a veces detrás del otro. La distancia más grande observada entre ellos fue de un minuto y dieciséis segundos. A menudo estaban muy juntos y empleaban varias horas en cruzar el diámetro del sol. Pastorff vio objetos similares el 18 de octubre de 1836; el 1 de noviembre de 1836; y el 10 de febrero de 1837.
___
*Véase también Buys-Ballot: Changements de Température dépendant du Soleil et de la Lune; y Flaugergues de Viviers: Correspondance Astronomique du Baron de Zach.
___
El estudio de la historia de la astronomía muestra así que la observación de objetos oscuros frente al disco del sol fue un evento frecuente durante el siglo XIX. Hemos establecido que astrónomos profesionales como Le Verrier, quien reunió unas treinta de tales observaciones, autenticaron estos avistamientos y dedicaron una fracción importante de su vida científica a su estudio detallado. Sin embargo, debemos admitir hoy que el objeto celeste cuyo tránsito fue observado por el buen doctor de Orgères y por el astrónomo Watson permanece sin identificar. La siguiente tabla proporciona una referencia para estos avistamientos: observaciones de un planeta que no puede encontrarse hoy en día.
LA EXPLOSIÓN ATÓMICA DEL 30 DE JUNIO DE 1908
Este incidente ha recibido considerable atención por parte de científicos soviéticos y estadounidenses y sigue siendo un tema de controversia.
El evento tuvo lugar a unos 800 kilómetros al norte del lago Baikal, a las 12:17 a.m. En un artículo para la revista francesa L'Express (N.º 734), Claude Feuillet señala que los ingenieros del Ferrocarril Transiberiano llevaron a Moscú los primeros detalles del desastre: "Más allá de los bosques, a cientos de millas de distancia, vimos una enorme columna de fuego que se elevaba en el cielo, coronada por una nube hirviente que tenía forma de hongo".
Feuillet también señala que dos campesinos, llamados Semenov y Kosolopy, estaban a unas cuarenta millas de la explosión; uno dijo que su camisa se había quemado en la espalda, el otro contó que su samovar de plata se había fundido. En el Observatorio de Irkutsk se registraron perturbaciones del campo magnético terrestre similares a las que siguen a las explosiones nucleares. El cielo se volvió luminoso en un área de 500 millas de radio y el ruido se escuchó al doble de esa distancia. La luminosidad de la atmósfera se mantuvo tan alta que durante varias semanas la gente en el Cáucaso podía leer un texto impreso por la noche sin ninguna otra fuente de luz. Extrañas nubes, de color humeante, amarillo y verdoso, se desplazaron hacia África. Recientemente, el estudio de la madera de árboles centenarios en Siberia, Arizona y California mostró que la radioactividad de la atmósfera terrestre había aumentado muy claramente alrededor de 1908.
La primera expedición enviada por la Academia de Ciencias de la URSS quedó atrapada en los pantanos y tuvo que regresar. En 1927, el explorador Kulik pudo llegar al sitio de la explosión y descubrió un espectáculo apocalíptico. Todo rastro de vida había sido borrado en una enorme área. Veinte años después de la explosión, no había crecido nueva vegetación. Kulik declaró: "Los árboles no han sido destruidos de abajo arriba, como en un incendio, sino desde arriba y solo en un lado... Parece que una explosión de una violencia fantástica ha literalmente aplastado toda vida natural".
Según el London Daily Express del 4 de mayo de 1959:
Los habitantes del distrito de Yenisei en Siberia vieron una gigantesca bola de fuego. Inmediatamente después hubo una colosal explosión que devastó un área forestal de setenta millas de diámetro. Las ondas de choque se registraron en Inglaterra. Los científicos buscaron en vano rastros de meteorito y un cráter. Curiosamente, en el centro de la región devastada, solo las copas de los árboles habían sido arrancadas.
El Sydney Sun de Australia, citando al periódico oficial checoslovaco de los sindicatos, Prace, declaró que el científico ruso Kazantsev había escrito en un libro llamado Un Visitante del Espacio, que las personas que vivían cerca de la explosión murieron de una enfermedad entonces desconocida con los mismos síntomas que la exposición a la radiación atómica y que la explosión tuvo su mayor impacto a cierta distancia de su centro, exactamente como una explosión atómica.
ENTRE 1900 Y 1946
Conocemos más de cien informes de objetos voladores no identificados vistos en el aire, en el océano o en el suelo durante este período. Nuevamente, muchos de ellos provienen de la prensa científica. Nuevamente, queremos enfatizar el hecho de que estos informes "antiguos" no carecen de ninguna de las características fantásticas de las observaciones recientes, aunque fueron hechos bajo condiciones muy diferentes. Encontraremos descripciones extraordinarias, que incluyen secuestros e incluso un espantoso informe de un ser de ocho pies de altura que se dice aterrizó el 22 de enero de 1922. Más seriamente, la descripción hecha en Fátima, Portugal, de un disco plateado que voló a través del cielo, fue visto por setenta mil testigos y fue fotografiado mientras maniobraba, merece un lugar en nuestro resumen de la leyenda del "platillo volante" (23, 24, 180). Pero no somos libres de comentar tales incidentes; las hipótesis son baratas y fáciles de hacer. Uno debería abstenerse de ofrecer hipótesis cuando no es capaz de proporcionar al mismo tiempo una forma fiable de verificarlas y una base objetiva para investigaciones más avanzadas. Deseamos, por lo tanto, limitarnos a aquellos informes que puedan ser verificados por el investigador; los comentaremos lo menos posible para mantener estos datos lo más libres de distorsión que podamos.
El 28 de octubre de 1902, a las 3:05 a.m., un objeto fue visto por el segundo oficial y otros dos testigos a bordo del "Fort Salisbury" a 5°31' S y 4°42' O. Era un objeto enorme e iluminado, que se hundió y desapareció. No se reportó ningún barco desaparecido en esta parte del océano. El 28 de febrero de 1904, en el Océano Atlántico, el U.S.S. "Supply" vio tres esferas rojas más grandes que el sol que permanecieron debajo de las nubes un rato, luego ascendieron y desaparecieron.
La observación se describe en el Monthly Weather Review de marzo de 1904, página 115, en los siguientes términos:
El siguiente informe, amablemente comunicado por el editor de The Pilot Chart está fechado en el U.S.S. Supply, en el mar.
1. Tengo el honor de informar que tres notables meteoros fueron observados desde este buque a las 6:10 A.M. (Hora Media de Greenwich: 3 horas, 12 minutos) el 28 de febrero de 1904, en la latitud 35° 58' N., longitud 128° 36' O.
2. Los meteoros aparecieron cerca del horizonte y por debajo de las nubes, desplazándose en grupo desde el noroeste por el norte (verdadero) directamente hacia el buque. Al principio, su movimiento angular era rápido y su color era un rojo bastante brillante. A medida que se acercaban al buque, comenzaron a elevarse, pasando por encima de las nubes a una elevación de aproximadamente 45°. Después de elevarse por encima de las nubes, su movimiento angular cesó, y parecieron moverse directamente alejándose de la Tierra a una elevación de aproximadamente 75° y en dirección oeste-noroeste (verdadero). Se observó que el color se volvía menos intenso a medida que los meteoros aumentaban su elevación angular.
3. Al ser avistados, el meteoro de mayor tamaño iba a la cabeza, seguido por el segundo en tamaño a una distancia menor de dos veces el diámetro del mayor, y luego por el tercero en tamaño a una distancia similar respecto del segundo. Parecían desplazarse en formación escalonada, y así continuaron mientras estuvieron a la vista.
4. El mayor de los meteoros tenía un área aparente equivalente a aproximadamente seis soles. Tenía forma de huevo, con el extremo más puntiagudo hacia adelante. Este extremo presentaba un contorno irregular. El extremo posterior era regular y de contorno lleno.
5. El segundo y tercer meteoros eran redondos y no mostraban imperfecciones en su forma. Se estimó que el segundo meteoro tenía una apariencia de aproximadamente el doble del tamaño del Sol, y el tercero aproximadamente del tamaño del Sol.
6. Cuando los meteoros ascendieron, no hubo cambio en sus posiciones relativas; tampoco hubo en ningún momento evidencia de rotación o volteo del meteoro mayor.
7. Estimé que las nubes no superaban aproximadamente 1,6 kilómetros de altura.
8. La aproximación cercana de estos meteoros a la superficie y su posterior elevación alejándose de ella parecieron ser sumamente notables, especialmente considerando que su tamaño real no debía haber sido grande. Que descendieron por debajo de las nubes y luego se elevaron en lugar de continuar su curso (¿celeste?) es igualmente cierto, ya que el movimiento angular cesó y el color se desvaneció a medida que ascendían. Las nubes, al interponerse entre los meteoros y el buque quedaron completamente ocultos. Se podía ver cielo azul en los intervalos entre las nubes.
9. Los meteoros estuvieron a la vista durante más de dos minutos y fueron observados cuidadosamente por tres personas, cuyos relatos coinciden en los detalles. El oficial de guardia, el contramaestre interino Frank Garvey, de la Marina de los Estados Unidos, avistó los meteoros y los observó hasta que desaparecieron.
En diciembre del mismo año, un objeto con una luz de señalización fue visto en varias ciudades de Massachusetts (incluyendo Worcester y Boston). Era un objeto alargado con luces rojas, que se desplazaba a una velocidad variable.
El 29 de marzo del año siguiente (1905), a las 10:00 P.M., se informó en Cardiff, Gales, de un tubo luminoso vertical, “como una barra de hierro caliente de color rojo anaranjado”. En Llangollen, también en Gales, el 2 de septiembre de 1905, se observó un objeto negro con alas cortas, aparentemente de unos tres metros de longitud, que parecía tener cuatro patas (27).
Parece haber habido una “oleada” de reportes en mayo de 1909 en Gran Bretaña; quizá fue la primera oleada reportada como tal. El Weekly Dispatch del 23 de mayo de 1909 publicó una lista de veintidós ciudades “visitadas” por objetos voladores entre el 16 y el 23 de mayo, y diecinueve ciudades visitadas antes de ese periodo. Una luz fue vista nuevamente en Sanford veinte minutos después de que una luz similar hubiera sido observada en el cielo en Southend el 9 de mayo de 1909, a las 11:00 P.M. No tenemos, por supuesto, manera de determinar si ambas observaciones correspondían al mismo “objeto”.
Fort dice que:
…en la noche del 23 de marzo de 1909, a las 5:10 de la mañana, dos agentes de policía, en diferentes partes de la ciudad de Peterborough, informaron haber visto un objeto con una luz desplazándose sobre la ciudad, acompañado de sonidos similares a los de un motor. En el Peterborough Advertiser del 27 de marzo se publicó una entrevista con uno de los agentes, quien describió ‘un objeto de forma algo oblonga y estrecha, que portaba una luz potente.
El 3 de junio de 1909, a las 3:00 A.M., hombres a bordo del vapor danés Bintang, navegando por el estrecho de Malaca, vieron una rueda brillantemente iluminada bajo la superficie del océano. Este peculiar objeto emergió a la superficie y fue visto girando.
El día dieciséis del mismo mes, encontramos en L’Astronomie (22, 28) el siguiente artículo:
M. Beljonne, en el Observatorio de Phu-Lien, en Tonkín, nos envía observaciones peculiares de bólidos. La primera, especialmente notable, fue realizada en Dong Hoi, Annam, por M. Delingette, inspector de la Guardia Civil y jefe de la estación meteorológica.
En Dong Hoi, el 16 de junio a las 4:10 A.M., un bólido de forma alargada, truncado en ambos extremos, sobrevoló la ciudad en una trayectoria de oeste a este, proyectando una gran luminosidad. Los testigos —Hoang Nic, de Dong Hoi; Tran Ninh, de Sa-Dong-Danh; Quyen, de Dong-Duong-Hoi; y Danh Lui, del mismo poblado— que se encontraban pescando en el mar, informaron que el fenómeno duró entre ocho y diez minutos, desde el momento en que el objeto apareció hasta el momento en que cayó al mar, a aproximadamente seis kilómetros de la costa.
Después de Gran Bretaña y el sudeste asiático, la oleada de 1909 se desplazó a Nueva Zelanda, donde se registraron los casos más numerosos y precisos. Investigadores locales estudiaron estos avistamientos olvidados y redescubrieron esta “oleada” en 1964.
El patrón muy claro de “oleadas” que muestran los informes del periodo 1880–1910 desaparecería durante los años siguientes. Sin embargo, algunas observaciones de carácter notable saldrían a la luz.
Varios reportes muy interesantes pueden encontrarse en un libro de edición privada de Orvil R. Hartle titulado A Carbon Experiment?. El señor Hartle realizó numerosas investigaciones en su región, y proporciona evaluaciones sobre la fiabilidad de los testigos (la mayoría de los cuales conoció y entrevistó personalmente), así como la relación entre sus observaciones.
Según su trabajo, una observación notable se produjo “una semana antes de Halloween de 1909” (es decir, a finales de octubre o en los primeros días de noviembre, justo cuando la oleada en Nueva Zelanda había disminuido), por un grupo de personas de Church, Indiana. Estas personas se encontraban en un paseo en carreta de heno cuando vieron un objeto que asustó a sus caballos:
El conductor tuvo que detenerse para calmar al equipo. El OVNI parecía muy grande y era una fuente de “luz blanca brillante”, con filamentos de luz que se extendían por debajo del objeto, dando la apariencia de los tentáculos de un pulpo, siendo estos tentáculos de luz de un color fosforescente.
Uno de los testigos informó que fue “la experiencia más aterradora que jamás había tenido”. La similitud de esta descripción con la dada en Arkansas City en 1956 (véase página 230) o con la observación de Le Vauriat (Francia) en 1962 es ciertamente notable.
En el sur del mar de China, el 12 de agosto de 1910, a medianoche, se observó desde el buque holandés Valentijn una rueda brillante girando cerca de la superficie. En Porto Principal, Perú, en enero de 1912, se informó de un “barco aéreo” a la altura de los árboles. Ese mismo mes, en Estados Unidos, un Dr. Harris observó un objeto muy grande, intensamente negro, frente a la Luna.
Parece que otra “oleada” ocurrió en Gran Bretaña en 1913. La primera observación de ese año se realizó la mañana del 4 de enero de 1913 en Dover, Inglaterra: se vio un objeto volador desconocido moviéndose hacia el mar.
El 17 de enero, en Cardiff, se observó un enorme objeto volador que dejaba una estela de humo. Los testigos fueron el capitán Lindsay, jefe de la policía, y otra persona. El London Standard del 31 de enero publicó una lista de ciudades “visitadas” por OVNIs, entre ellas Cardiff, Newport y Neath. La oleada aparentemente duró tres semanas.
Una noche, a principios del otoño de 1917, el señor John Boback, de Mt. Braddock, Pensilvania, perdió el último tranvía de regreso a casa y tuvo que caminar por la vía del ferrocarril entre Youngstown y Mt. Braddock. Aproximadamente a las 12:30 A.M., observó lo que describe como un objeto “en forma de platillo” con “filas de luces y una plataforma”, posado en el suelo en un prado a su izquierda, a una distancia aproximada de 30 metros. Según el libro de Orvil Hartle, del cual extraemos este relato, ocurrió lo siguiente:
El señor Boback, muy asustado, dijo que se quedó paralizado y observó el objeto no identificado durante “un par de minutos”. Luego, el objeto despegó hacia el aire con un “sonido agudo y penetrante”, elevándose en una trayectoria ascendente gradual, alejándose de él a una velocidad comparable a la de un avión lento.
El señor Boback tenía en ese momento diecisiete años y afirma que no hay posibilidad de que el objeto haya sido una aeronave de ningún tipo, ya que esto ocurrió antes de que él hubiera visto su primer avión. La descripción del tamaño del objeto desconocido dada por Boback fue “aproximadamente del tamaño de un automóvil”.
Filas de ventanas o portillas oblongas u ovaladas rodeaban la parte superior en lo que Boback describe como una “cúpula”. Afirma estar seguro de haber visto figuras en el interior, junto a las ventanas. El señor Boback también manifiesta que, desde entonces, ha contado su experiencia a muchas personas, solo para ser ridiculizado e incredulamente rechazado.
Durante los primeros años de la década de 1920, según Frank Edwards, tuvo lugar el primer avistamiento de discos voladores desde el aire. Uno de los pioneros de la época de los vuelos acrobáticos itinerantes (“barnstorming”), un piloto llamado Bert Acosta, contó a sus amigos que un día, mientras volaba en algún punto del suroeste, de repente notó:
…alrededor de media docena de objetos volando bastante lejos, hacia el lado de estribor. Dijo que parecían estar a unos 180 metros de distancia, ¡y tenían el aspecto de tapas de alcantarilla! Nos contó cómo volaron junto a él durante unos cinco minutos sin dificultad para mantener su velocidad. De hecho, ‘revoloteaban’ a su lado, y finalmente giraron, cambiaron de rumbo y se alejaron. Bert dijo que nunca había visto nada parecido, no tenía idea de qué podían ser, pero no tenía ninguna duda de que eran completamente reales.
El 5 de agosto de 1927, a las 9:30 A.M., en Mongolia, Nicolas Roerich y su caravana observaban el vuelo de un águila cuando vieron un enorme objeto alargado atravesando el cielo a gran velocidad:
“Todos vimos, en dirección de norte a sur, algo grande y brillante que reflejaba el sol, como un enorme óvalo moviéndose a gran velocidad. Al pasar sobre nuestro campamento, este objeto cambió su dirección de sur a suroeste. Luego observamos cómo desaparecía en el intenso cielo azul. Incluso tuvimos tiempo de tomar nuestros prismáticos y distinguimos claramente una forma ovalada con superficie brillante, uno de cuyos lados resplandecía intensamente por efecto del sol” (5, 191; la fecha en [5] probablemente es incorrecta).
En 1921, en Marsella, se registró el primer informe de un “secuestro” por OVNI conocido en tiempos modernos. Lamentablemente, no se conoce la referencia exacta de esta información, encontrada en el catálogo de G. Quincy (11) sin ninguna indicación de la fuente. No consideraremos este informe como muy fiable.
En los primeros días de noviembre de 1928, un hombre que actualmente vive en La Porte, Indiana —“un ciudadano respetable”, de oficio plomero y miembro de la logia Eagles—, junto con su hermano, estaban arreando ganado por la noche a través de una pradera situada a unos seis kilómetros al noreste de Milton, en Dakota del Norte. Eran aproximadamente las 10:30 P.M. cuando vieron un objeto con forma de “un tazón de sopa invertido”, del cual partían cuatro o cinco rayos de luz hacia el suelo en la dirección de su desplazamiento. Tenía entre 6 y 7,5 metros de diámetro, volaba a una altura de unos 4,5 a 6 metros sobre el suelo, y parecía estar hecho de metal pulido, “a juzgar por las luces del vehículo”. Observado durante unos 15 a 20 segundos, este objeto supuestamente se acercó a una distancia de entre 30 y 45 metros de los testigos, quienes oyeron un sonido similar al del aire saliendo de un tubo.
En 1931, un señor Chichester, que volaba sobre el mar de Tasmania desde Nueva Gales del Sur hacia Nueva Zelanda en su avión privado, vio un objeto que se asemejaba a una perla plateada, que destellaba como una brillante baliza y se movía muy rápido, luego reducía la velocidad, aceleraba nuevamente y desaparecía. En octubre de 1935, en Addis Abeba, Etiopía, un disco fue visto inmóvil en el cielo por numerosos testigos, entre ellos el estudioso francés de África Pierre Ichac. En 1941, se dice que un equipo de montañistas que buscaba a tres alpinistas desaparecidos en Suiza encontró indicios que sugerían que los tres hombres se habían detenido en un lugar donde algún objeto volador había aterrizado, ya que se observaron tres agujeros en la nieve formando un triángulo de trece metros y las huellas no continuaban. La fiabilidad de este relato, por supuesto, es nula.
Más significativa es la observación realizada el 26 de febrero de 1942 a bordo del Tromp, de la Marina Real de los Países Bajos (31): un gran disco de aluminio se acercó al buque a una velocidad muy alta, lo rodeó y luego se alejó.
Durante la guerra, muchos pilotos de bombarderos en Alemania y en toda Europa occidental, Escandinavia, Grecia y Turquía observaron esferas luminosas. El teniente E. Schulter, del 415.º Escuadrón de Caza Nocturna de los Estados Unidos, se encontró con entre ocho y diez bolas de fuego rojo que volaban a gran velocidad a unos 32 kilómetros al norte de Estrasburgo, Francia, el 23 de noviembre de 1944. Los tenientes Henry Giblin y Walter Cleary vieron un enorme objeto en llamas sobre su avión el 27 de noviembre de 1944 en Speyer, Alemania. En diciembre de 1944, el mayor Leet, piloto de bombardero, observó un disco seguir las maniobras del avión en Klagenfurt, Austria, durante la noche. Los tenientes David McFalls y Edward Baker, que volaban sobre Haguenau, Francia, el 22 de diciembre de 1944 a las 6:00 P.M., observaron dos luces muy brillantes que se aproximaban desde tierra. Estas luces permanecieron detrás de la aeronave; parecían estar “bajo perfecto control”.
Sin embargo, las observaciones de este tipo no son muy concluyentes; enormes luces anaranjadas pueden ser causadas por reflejos o incluso por fenómenos de distorsión atmosférica, como ha señalado el Dr. Menzel. Más difíciles de interpretar en términos de fenómenos naturales son avistamientos como el realizado en Kingsport, Tennessee, en 1945 por Charles Hamlet y Edward Cate, quienes vieron un objeto “con forma de chimenea”. Tenía un color “maravilloso” y cruzó el cielo a gran velocidad.
Las luces observadas por la noche por pilotos durante la guerra han sido llamadas “foo-fighters”. Como hemos visto, eran simplemente bolas de luz, rojas o anaranjadas, sin detalles ni estructura. No parecen haber sido detectadas por radar. Vistas de noche o durante el día, seguían a los aviones incluso dentro de las nubes. Sin embargo, estos informes deben considerarse con cautela, ya que el comportamiento de los objetos es muy a menudo el de una imagen distorsionada de la propia aeronave o un reflejo de algún objeto en tierra. Las condiciones de guerra, el surgimiento de una nueva tecnología que involucraba cohetes, guiado electrónico y el temor constante a “armas secretas” hacen que los avistamientos de ese período sean difíciles de analizar.
Después de la Segunda Guerra Mundial comienza un período de la historia de los OVNIs sobre el cual disponemos de una enorme cantidad de datos. Parece poco realista intentar escribir un solo libro sobre ellos; casi sería necesario una enciclopedia. Sin embargo, intentaremos organizar estos datos y mostrar por qué deberíamos preocuparnos por la existencia de este fenómeno. Antes de hacerlo, revisaremos brevemente los informes más antiguos desde una perspectiva estadística.
ASPECTOS ESTADÍSTICOS DE LA HISTORIA DE LOS OVNIS
Si intentamos resumir la información encontrada en los informes antiguos y extraer conclusiones generales a partir de ellos, podríamos hacerlo en los siguientes términos:
(1) En tiempos modernos e incluso en épocas históricas, se han registrado observaciones tanto por científicos como por el público en general, relativas a discos voladores en el cielo, así como a objetos observados en el mar y en tierra. Solo en tiempos recientes, sin embargo, la idea de los viajes espaciales se ha asociado a este tipo de visiones; esta es una de las razones por las cuales los informes antiguos, interpretados en su momento en contextos muy diferentes, no son generalmente reconocidos como manifestaciones del mismo fenómeno.
(2) Un estudio cuidadoso de los mejores informes realizados antes de este siglo tiende a mostrar que: a) Los objetos descritos son similares en apariencia a los observados desde mayo de 1946. b) La emoción pública ante estos incidentes y la reacción científica frente a ellos desde 1946 constituyen una reproducción exacta de los temores populares a los “signos en el cielo” durante la Edad Media, así como de las declaraciones científicas realizadas en los siglos XVIII y XIX sobre tales eventos inusuales.
(3) Aparte del hecho de que un país (Estados Unidos) ha emprendido actualmente investigaciones oficiales sobre los avistamientos modernos, y de que hoy tendemos a interpretar en un contexto tecnológico (viajes espaciales) lo que en épocas anteriores se interpretaba en un contexto religioso (signos de la voluntad o decisiones de Dios), el comportamiento del fenómeno parece extremadamente similar en los informes tanto antiguos como recientes.
(4) No parece haber existido una acumulación masiva de observaciones antes de mayo de 1946 que pueda compararse con las “oleadas” a escala planetaria que hemos experimentado desde entonces. Sin embargo, pueden detectarse “picos” locales de observación cuando se reúne una cantidad suficiente de datos; estos han sido claramente reconocidos como oleadas por las poblaciones locales, al menos en 1909 y 1913, cuando los periódicos publicaron listas de informes y estadísticas fragmentarias.
(5) Estos picos no parecen seguir un patrón definido y continuo como lo hacen las oleadas modernas. Están separados por intervalos de varios años, pero no podemos determinar si los vacíos entre los principales periodos de actividad se deben a la falta de información y a las deficientes comunicaciones entre distintas partes del mundo en aquella época, o a alguna discontinuidad real en el fenómeno que subyace al comportamiento de los OVNIs.
(6) Los principales periodos de actividad que podemos delinear con base en los datos disponibles actualmente son:
a) una posible oleada en los últimos seis meses de 1881, con observaciones en México, Puerto Rico, Chile, Estados Unidos y Gran Bretaña;
b) una posible oleada en los últimos seis meses de 1885, con observaciones significativas en Francia, el Medio Oriente y Extremo Oriente. Estos tres periodos están separados por intervalos de inactividad total: no hay ni un solo informe significativo entre diciembre de 1881 y noviembre de 1882; solo uno en 1882 y uno en los primeros seis meses de 1883; ningún informe significativo durante los primeros seis meses de 1884; únicamente dos en los últimos seis meses de ese año; y nuevamente dos en los primeros seis meses de 1885. No logramos encontrar ningún patrón reconocible en la distribución de frecuencia de los informes de OVNIs hasta 1897.
c) Se alcanzó un punto máximo en 1897 en la región del Medio Oeste de Estados Unidos, desde Chicago hasta Kansas City, con informes en Saint Louis, en Ohio, e incluso algunos en Texas, Colorado y Virginia Occidental. Es entonces cuando encontramos el primer aterrizaje de un clásico “platillo volador” con cúpula, en Carlinville, Illinois; todo esto en un solo mes, abril de 1897, lo que por sí solo merecería atención, aunque fuera únicamente por el caso de la vaca mutilada en Le Roy, Kansas.
d) Se observa una aparente concentración de avistamientos en la primavera de 1905 y otra en diciembre. Sin embargo, resulta difícil concluir que haya existido una oleada como tal.
e) Tenemos una oleada reconocida en mayo de 1909 sobre Gales. Se extendió a Asia en mayo-junio y a Nueva Zelanda entre julio y septiembre. En la oleada de Nueva Zelanda se presentaron todos los patrones característicos observados después de 1946. El último avistamiento de esta oleada se registró en Indiana.
f) Contamos con otra oleada reconocida en enero-febrero de 1913 sobre Gran Bretaña, con una posible extensión hacia Canadá.
(7) Entre 1914 y 1946 el fenómeno no desapareció completamente, pero no puede establecerse ningún patrón, al menos con base en los datos disponibles, y resulta difícil creer que una serie grande de observaciones pudiera haber pasado desapercibida; tanto la eficiencia de los sistemas de comunicación como el creciente interés popular por la ciencia, así como la atención puesta en la aviación y el desarrollo de tecnologías aeronáuticas y de globos aerostáticos, hacían que todas las condiciones estuvieran presentes para que las oleadas de OVNIs se desarrollaran plenamente si hubieran sido meras consecuencias de malinterpretaciones, alucinaciones o del interés periodístico en historias fantásticas. Sin embargo, durante treinta y dos años el cielo permaneció libre de objetos desconocidos. La situación cambiaría repentinamente en la primavera de 1946, cuando se desarrolló la oleada escandinava, como veremos en el capítulo 3.
(8) Consideramos que nuestros documentos para el periodo comprendido entre 1870 y 1914 son suficientes para justificar un intento de correlacionar la actividad OVNI con las oposiciones de Marte. La correlación de estos datos limitados ha dado hasta ahora resultados negativos, como se muestra en la tabla siguiente:

Se debe actuar con extrema cautela al interpretar, en cualquier sentido, la existencia o ausencia de correlaciones de este tipo. Puede o no ser interesante señalar aquí que el período “muerto” de actividad OVNI ha sido uno de los más ricos en relatos de ciencia ficción de todo tipo, y ha visto el creciente interés de la industria cinematográfica por historias fantásticas y de “horror”, lo que podría haber dado lugar a un aumento en el número de engaños y alucinaciones, e incluso a oleadas de OVNIs, si la teoría “psicológica” de los OVNIs fuera correcta. Ya en 1916, la película Homunculus de Otto Ripert trataba sobre la creación de un hombre artificial por un científico loco. En 1914 y 1920, la industria alemana produjo dos películas sobre el tema del “Golem” (Paul Wegener y Henrik Galeen). En 1924 se realizó la película Las manos de Orlac, basada en una novela de Maurice Renard. En 1926, Fritz Lang creó Metrópolis, y no debemos olvidar que en 1920 se introdujo la palabra “robot” con la obra de Karel Čapek, R.U.R. (Robots Universales de Rossum). En 1928, Fritz Lang realizó La mujer en la Luna (Die Frau im Mond). El primer “viaje a la Luna” había sido filmado por el pionero francés Méliès en 1902 (32), y las célebres series de Frankenstein y John Carter de Marte fueron creadas durante este periodo. Si los avistamientos de OVNIs estuvieran motivados por algún mecanismo mediante el cual el público libera temores ocultos y satisface una necesidad de relatos fantásticos o aterradores, ¿por qué las “oleadas de platillos” no coincidieron con estos picos de producción de ciencia ficción, como la adaptación radial de La guerra de los mundos de Orson Welles en 1938, o con la época dorada de los grandes cómics y sus adaptaciones cinematográficas, como Flash Gordon (Frederick Stephani, 1936) o Flash Gordon's Trip to Mars (1937)?
En nuestra opinión, la teoría de que el público genera y propaga rumores sobre OVNIs como una forma de liberar tensiones psicológicas queda refutada por la ausencia de correlación entre los períodos importantes de interés en la ciencia ficción y los picos de actividad OVNI.
Por otro lado, nuestro análisis de los informes modernos mostrará que la idea de que las personas “ven platillos voladores” cuando están motivadas o buscan experiencias fantásticas también queda refutada por el hecho de que miles de escandinavos vieron y reportaron discos voladores, cigarrillos voladores e incluso objetos en el suelo en 1946, y que ninguno de ellos sugirió que estos objetos pudieran tener un origen interplanetario.
Consideramos que esto tiende a demostrar que el nacimiento, desarrollo y expansión de una oleada OVNI es un fenómeno objetivo independiente de la voluntad consciente o inconsciente de los testigos y de sus reacciones ante él. Además, veremos ahora que la persistencia del mito de los “signos en el cielo” resulta aún más notable cuando se sitúa en el contexto de las cambiantes concepciones sobre la vida en el universo.
FIN del Capítulo 1