Hola amig@s, siguiendo con resúmenes de libros, ahora traigo el resumen de este larguísimo libro. Una gran obra y un clásico. El Conde de Montecristo, de Alejando Dumas. Publicado entre 1844 y 1845. Es un resumen de la versión completa de más de 1200 páginas, editorial Alma. Traducción de José Ramón Monreal.
Contexto histórico
El libro se desarrolla en Francia, quien gobierna no es Napoleón, sino el rey. El libro se desarrolla después de la caída de Napoleón, durante la Restauración borbónica. El rey Luis XVIII es quien está en el poder.
Resumen capítulo a capítulo
1: Marsella. La Llegada
En 1815, el barco Pharaon llega al puerto de Marsella (Francia) después de un viaje desde varios puertos del Mediterráneo. Durante el viaje murió el capitán Leclère de una fiebre, por lo que el joven Edmond Dantès, que era el segundo de a bordo, tuvo que tomar el mando del barco. Al llegar a puerto, Dantès le informa al dueño del barco, el señor Morrel, sobre la muerte del capitán y le cuenta que siguió las últimas órdenes de Leclère visitando la isla de Elba, donde entregó un paquete al gran mariscal Bertrand e incluso habló brevemente con Napoleón Bonaparte. Morrel queda muy impresionado con la forma en que Dantès manejó la situación y le promete nombrarlo capitán del Pharaon. Emocionado por esta oportunidad, Dantès pide permiso para visitar a su padre y a su prometida Mercedes antes de volver al trabajo. Sin embargo, Danglars, el contable del barco, observa todo con desconfianza y envidia hacia Dantès.
2: Padre e Hijo
Edmond Dantès llega a la humilde casa donde vive su padre, quien se emociona mucho al verlo después de tres meses. Sin embargo, Edmond descubre que su padre ha pasado muchas dificultades económicas durante su ausencia: no tiene vino ni comida en casa porque tuvo que usar los 200 francos que le había dejado su hijo para pagar una deuda de 140 francos que Edmond tenía con su vecino Caderousse. El anciano solo se quedó con 60 francos para vivir tres meses completos. Edmond se siente muy culpable y le entrega todo el dinero que trae.
Luego llega Caderousse, el sastre vecino, quien actúa de manera amigable pero en realidad siente envidia del éxito de Dantès. Caderousse le cuenta que Mercedes, su prometida, tiene otros pretendientes, lo que preocupa un poco a Edmond. Después de que Dantès se va a ver a Mercedes, Caderousse se reúne con Danglars y ambos comienzan a conspirar contra Dantès, dirigiéndose a una taberna para seguir hablando mal de él.
3: Los Catalans
La historia se mueve al pueblecito de los Catalans, donde vive Mercedes. Allí, el joven Fernand, primo de Mercedes, le está pidiendo que se case con él, pero ella lo rechaza porque ama a Edmond Dantès. Fernand está desesperado y celoso, pero Mercedes le dice claramente que nunca podrá amarle como algo más que un hermano.
Justo en ese momento llega Edmond, y Mercedes corre a abrazarlo llena de alegría. Fernand se pone muy celoso y amenazante, pero Mercedes lo obliga a comportarse bien y estrecharle la mano a Edmond como un amigo.
Sin poder soportar la situación, Fernand sale corriendo de la casa y se encuentra con Caderousse y Danglars, quienes están bebiendo en una taberna. Ellos se burlan de él porque saben que Mercedes lo rechazó por Edmond. Mientras tanto, Edmond y Mercedes pasean felices, y Edmond anuncia que se casarán muy pronto y que después tendrá que ir a París por un encargo del difunto capitán. Danglars escucha esto con mucho interés y comienza a planear algo malo, pensando en la carta que Edmond debe llevar a París.
4: La Conjura
Danglars, Caderousse y Fernand conspiran contra Edmond Dantès. Danglars, que es muy astuto, le explica a Fernand que no necesita matar a Edmond para separarlo de Mercedes: basta con que lo metan en la cárcel. Danglars sabe que Edmond estuvo en la isla de Elba y que habló con Napoleón, así que puede acusarlo de ser un espía bonapartista (seguidor de Napoleón).
Mientras Caderousse se emborracha más y más, Danglars escribe con la mano izquierda una carta de denuncia falsa contra Edmond, acusándolo de llevar cartas secretas de Napoleón a sus seguidores en París. En la carta dice que si arrestan a Edmond, encontrarán las cartas que lleva como prueba. Después de escribirla, Danglars finge que es solo una broma y arruga la carta, tirándola en un rincón. Pero cuando se van, Fernand regresa en secreto, recoge la carta y se dirige hacia la ciudad para entregarla a las autoridades. Danglars ve esto y se siente satisfecho porque su plan malvado está funcionando. Caderousse está tan borracho que no se da cuenta de nada.
5. El Banquete de Esponsales
El día del banquete de compromiso de Edmond Dantès y Mercedes, todo parece perfecto: el sol brilla, los invitados (marineros del Pharaon y amigos de Dantès) están felices, y hasta el señor Morrel, el naviero, confirma que Edmond será el próximo capitán. Sin embargo, entre los invitados, Fernand (primo de Mercedes y enamorado de ella) y Danglars (el envidioso contable del barco) ocultan su resentimiento.
Durante la celebración, Edmond anuncia que se casará ese mismo día, sorprendiendo a todos. Pero justo cuando la felicidad reina, la policía irrumpe y arresta a Dantès bajo la acusación de ser un agente bonapartista, dejando a Mercedes y al padre de Edmond destrozados. Fernand huye, y Danglars finge inocencia, aunque todo sugiere que él y Fernand están detrás de la traición.
6. El Sustituto del Procurador del Rey
Mientras en Marsella se celebra el banquete de Dantès, en una mansión aristocrática tiene lugar otro banquete de esponsales: la de la bondadosa Renée de Saint-Méran y Gérard de Villefort, un ambicioso joven magistrado monárquico. La conversación gira en torno a la política, criticando a Napoleón y a los bonapartistas. Villefort, hijo de un exgirondino (Noirtier), intenta distanciarse de su pasado revolucionario para ganarse la confianza de la alta sociedad. Su futuro suegro, el marqués de Saint-Méran, y los demás invitados elogian su firmeza contra los enemigos del rey.
De pronto, Villefort es interrumpido por una noticia: han arrestado a Edmond Dantès, acusado de ser un agente bonapartista por una carta anónima que lo vincula con una conspiración. Aunque Renée, compasiva, pide clemencia, Villefort, ansioso por demostrar su lealtad al rey, promete ser implacable. Su ambición lo lleva a priorizar su carrera sobre la justicia, incluso en su día de compromiso.
7. El interrogatorio
Villefort, tras dejar su banquete de compromiso, interroga a Edmond Dantès con severidad, aunque inicialmente simpatiza con él al ver su sinceridad y juventud. Dantès explica que solo cumplía las órdenes de su difunto capitán, Leclère: llevar una carta desde la isla de Elba (donde estaba exiliado Napoleón) a Noirtier en París. Sin embargo, cuando Villefort lee el nombre del destinatario, palidece horrorizado: Noirtier es su propio padre, un conocido bonapartista.
Temiendo que se descubra su conexión familiar con un conspirador, Villefort quema la carta para proteger su carrera y reputación. Aunque sabe que Dantès es inocente, decide mantenerlo preso para evitar riesgos. Le ordena callar sobre la misiva y lo envía a prisión, fingiendo que es por su seguridad. En privado, Villefort reflexiona sobre cómo este caso, que podría arruinarlo, podría también convertirse en una oportunidad para ascender políticamente si maneja la situación con astucia.
8. El castillo de if
Después de su arresto, Edmond Dantès es llevado en un coche cerrado y custodiado por gendarmes hacia un destino desconocido. Pronto descubre con horror que se dirigen al Castillo de If, una temible prisión en una isla frente a Marsella, reservada para los peores criminales y enemigos políticos. Aunque intenta resistirse, es dominado y obligado a entrar.
Encerrado en una celda fría y húmeda, Dantès pasa de la incredulidad a la desesperación. Intenta razonar con el carcelero, pidiendo hablar con el alcaide o enviar un mensaje a su amada Mercedes, pero es ignorado. Cuando amenaza al carcelero, lo trasladan a una mazmorra subterránea, aún más oscura y aislada, donde empieza a perder la cordura. El carcelero le advierte que, si sigue así, acabará como el anterior ocupante de su celda: un abate que enloqueció.
9. La Noche de los Esponsales
Tras dejar el banquete, Villefort se dirige a su casa, decidido a viajar urgentemente a París para informar al rey sobre la supuesta conspiración bonapartista en la que está implicado Edmond Dantès. Su ambición lo impulsa a aprovechar esta situación para ascender en su carrera, aunque sabe que Dantès es inocente. Antes de partir, le pide al marqués de Saint-Méran vender las acciones del Estado y recibe una carta de este para venderlas, pues Villefort teme una crisis política.
Al llegar a su casa, se encuentra con Mercedes, quien, desesperada, le pregunta por el paradero de Edmond. Villefort, aunque momentáneamente afectado por su angustia, la despide con frialdad, negándose a ayudarla. Dentro de sí, lucha brevemente con el remordimiento por condenar a un inocente, pero su ambición lo vence. Se despide de su prometida, Renée de Saint-Méran, quien está más preocupada por su partida que por la injusticia cometida contra Dantès.
Mientras tanto, Mercedes regresa a los Catalanes, hundida en el dolor, acompañada por Fernand, quien aprovecha la situación para acercarse a ella. El señor Morrel intenta infructuosamente ayudar a Dantès, pero nadie en Marsella se atreve a defender a un supuesto conspirador. Caderousse, atormentado por la culpa, se emborracha para olvidar su complicidad, mientras que Danglars duerme tranquilo, satisfecho por haber eliminado a su rival.
10. El Gabinete de las Tullerías
El rey Luis XVIII recibe en su gabinete de las Tullerías al duque de Blacas, quien le advierte sobre rumores de una conspiración bonapartista en el sur de Francia. El rey, sin embargo, se muestra escéptico y prefiere bromear sobre los informes, mientras el ministro de Policía, Dandré, intenta tranquilizarlo asegurando que Napoleón está en decadencia en la isla de Elba, aburrido y enfermo.
Pero la llegada de Villefort, enviado por Blacas, cambia el tono de la reunión. Villefort, ansioso por demostrar su lealtad, informa al rey de una grave conspiración: Napoleón estaría preparando su regreso a Francia con apoyo de simpatizantes. Aunque Luis XVIII sigue mostrando cierta incredulidad, la seriedad de Villefort lo hace reconsiderar. El joven magistrado, sacrificando incluso su propia boda, ha viajado urgentemente para advertir al rey, ganándose su favor.
11. El ogro de Córcega
El rey Luis XVIII recibe la noticia de que Napoleón ha escapado de la isla de Elba y desembarcado en Francia, cerca de Antibes. El monarca, furioso y humillado, reprende a sus ministros por su incompetencia, especialmente al ministro de Policía, Dandré, quien no supo anticipar el movimiento de Bonaparte. Villefort, en cambio, es elogiado por su lealtad y perspicacia, recibiendo incluso la Cruz de la Legión de Honor como recompensa.
Sin embargo, la situación se complica cuando se menciona el asesinato del general Quesnel, un supuesto conspirador bonapartista. La descripción del sospechoso coincide con Noirtier, el padre de Villefort, un conocido bonapartista. Villefort, aterrado por la conexión, intenta mantener la calma mientras el rey ordena la captura del culpable.
Al final del capítulo, Noirtier aparece inesperadamente en la habitación de Villefort, revelando que es su padre y burlándose de las formalidades de su hijo. Este encuentro tenso promete un conflicto familiar y político, ya que Villefort ha construido su carrera negando su pasado revolucionario.
(nota histórica: A Napoleón se le conoció por el apodo de El Ogro de Córcega, o también El Usurpador)
12. Padre e hijo
Noirtier, padre de Villefort y bonapartista convencido, se enfrenta a su hijo en una tensa conversación. Le revela que está al tanto de los planes de Napoleón y que su regreso a Francia es imparable, desafiando las advertencias de Villefort sobre los riesgos que corre. Noirtier incluso se burla de la incompetencia de la policía monárquica, cambiando su apariencia física (afeitándose las patillas y cambiando de ropa) para demostrar que puede evadir la captura.
Villefort, aterrado por la audacia de su padre, intenta persuadirlo de que huya, pero Noirtier se niega, confiado en el triunfo de Bonaparte. Le aconseja a su hijo que regrese discretamente a Marsella y se mantenga neutral para salvar su carrera. La conversación termina con Noirtier abandonando el lugar, desafiante y tranquilo, mientras Villefort, lleno de pánico, destruye las pruebas que vinculan a su padre con la conspiración y huye de París.
13. Los cien días
Durante el breve retorno de Napoleón al poder (conocido como los Cien Días), Villefort mantiene su puesto gracias a la influencia de su padre, Noirtier, ahora poderoso bonapartista. Morrel, el naviero, insiste en la liberación de Dantès, pero Villefort lo engaña con promesas falsas y una petición al ministro que nunca envía, temiendo que Dantès revele su complicidad en la conspiración.
Tras la derrota de Napoleón en Waterloo y la segunda restauración de Luis XVIII, Villefort asciende a procurador real en Nimes y se casa con Renée de Saint-Méran. Mientras, Dantès sigue olvidado en prisión. Danglars, temeroso de la venganza de Dantès, huye a España. Fernand se alista en el ejército napoleónico, dejando a Mercedes con falsas esperanzas. El padre de Dantès muere de tristeza, y Mercedes, devastada, sobrevive gracias a su fe.
14. El preso furioso y el preso loco
Un inspector de prisiones y el alcaide visita el castillo de If y entrevista a dos presos: Edmond Dantès y el abate Faria. Dantès, desesperado después de 17 meses de encierro, suplica justicia y un juicio, afirmando su inocencia. El inspector se conmueve pero, al revisar su expediente, encuentra una nota falsa que lo acusa de ser un peligroso bonapartista, añadida por Villefort. La anotación "Nada que hacer" condena a Dantès a permanecer olvidado.
Por otro lado, el abate Faria es considerado loco por creer en un tesoro enterrado que ofrece al gobierno a cambio de su libertad. El inspector y el alcaide se burlan de él, creyendo que su historia es una fantasía. Faria, inteligente pero incomprendido, sigue obsesionado con sus cálculos y su supuesto tesoro.
El tiempo pasa: Dantès marca los días en la pared, pero su esperanza se desvanece. Un cambio de alcaide lo reduce a ser solo "el número 34", perdiendo incluso su identidad.
15. El número 34 y el número 27
Edmond Dantès, tras años de desesperación y un intento de suicidio (había decidido morir de hambre), escucha ruidos provenientes de la pared de su celda. Descubre que es otro preso, el abate Faria (número 27), quien excava un túnel para escapar. Dantès se une a él, usando una cacerola como herramienta. Tras superar obstáculos como una viga, logran comunicarse. Faria, un hombre culto y anciano, inicialmente desconfía, pero Dantès jura lealtad. Finalmente, Faria aparece en la celda de Dantès a través del túnel, marcando el inicio de una amistad que cambiará sus destinos.
16. Un erudito italiano
El abate Faria se presenta ante Dantès como un hombre culto y resiliente, a pesar de sus años de encierro. Explica que fue encarcelado por sus ideas políticas sobre la unificación de Italia. Aunque su plan de escape falló, su conocimiento y ingenio son extraordinarios: ha fabricado herramientas, papel, tinta y plumas a partir de materiales rudimentarios, y ha escrito un tratado sobre la monarquía en Italia. Además, domina varios idiomas y ha memorizado cientos de libros.
Dantès, impresionado, propone un nuevo plan de fuga, pero Faria se niega a matar a nadie, prefiriendo esperar una oportunidad. Su sabiduría y moral contrastan con la desesperación inicial de Dantès. Finalmente, Faria invita a Dantès a visitar su celda para mostrarle sus obras, marcando el inicio de una mentoría que transformará al joven marinero.
17. La celda del abate
Dantès visita la celda del abate Faria, quien le muestra sus ingeniosas creaciones: un reloj solar, herramientas hechas de objetos básicos, tinta de hollín, y su obra escrita en tela. Faria también revela una escalera de cuerda hecha de sábanas. Sin embargo, su salud se deteriora abruptamente: sufre un ataque de catalepsia que lo deja paralizado. Dantès lo salva usando un medicamento que Faria guardaba, pero el abate queda débil y anuncia que no podrá escapar.
A pesar de esto, Dantès jura no abandonarlo. Faria, conmovido, acepta su lealtad pero le pide que selle el túnel para evitar sospechas. Además, promete revelarle algo importante al día siguiente, insinuando un secreto crucial.
18. El tesoro
El abate Faria revela a Dantès el secreto de un tesoro escondido en la isla de Montecristo, legado por el cardenal Spada, su antepasado. El tesoro, valorado en dos millones de escudos romanos (unos trece millones de francos), fue ocultado en el siglo XV para evitar que cayera en manos del papa Alejandro VI y su hijo Cesare Borgia. Faria reconstruyó el testamento secreto del cardenal Spada a partir de un documento parcialmente quemado, usando calor para revelar escritura invisible.
Aunque Dantès inicialmente duda de la cordura de Faria, la lógica de la historia y los detalles convincentes lo llevan a creer en la existencia del tesoro. Faria nombra a Dantès su heredero, considerándolo como un hijo, y le entrega el documento reconstruido. Esta revelación fortalece su vínculo y da a Dantès una esperanza tangible de futuro más allá de la prisión.
19. El tercer ataque
El abate Faria sufre un tercer y fatal ataque de catalepsia. A pesar de los esfuerzos de Dantès por salvarlo con el líquido rojo, Faria muere. Dantès, devastado, escucha cómo los carceleros descubren el cuerpo y confirman su muerte con brutalidad (quemando el talón del cadáver como formalidad). El alcaide y el médico se burlan de la "locura" de Faria y su obsesión con el tesoro, y deciden enterrarlo esa noche en una bolsa de lona, sin ceremonias religiosas.
Dantès, oculto en el túnel, presencia todo con horror. Cuando la celda queda vacía, emerge y se encuentra solo con el cadáver de su amigo.
20. El cementerio del castillo de If
Tras la muerte de Faria, Dantès idea un plan audaz para escapar: sustituye el cadáver de Faria por el suyo propio dentro del saco de lona que usarán para deshacerse del cuerpo. Espera ser arrojado al mar (el "cementerio" del castillo), donde planea liberarse con un cuchillo. Los carceleros llevan el saco—creyendo que contiene a Faria—y lo lanzan al agua desde un acantilado, con una bala de cañón atada a los pies para hundirlo. Dantès, decidido a sobrevivir, se prepara para luchar contra la asfixia y la profundidad.
21. La isla de Tiboulen
Dantès logra liberarse del saco y nadar hasta la isla de Tiboulen, donde se refugia de la tormenta. Tras presenciar el naufragio de un pesquero, es rescatado por una tartana genovesa de contrabandistas. Para no levantar sospechas, se hace pasar por un marinero maltés superviviente de un naufragio. Demuestra sus habilidades náuticas tomando el timón, impresionando al patrón y ganándose un lugar en la tripulación. Al ver una señal de alarma desde el castillo de If (un cañonazo), confirma su escape exitoso. Al preguntar la fecha, descubre que han pasado 14 años desde su encarcelamiento. Renueva su juramento de venganza contra Danglars, Fernand y Villefort.
22. Los contrabandistas
Dantès se une a la tripulación de la Joven Amelia (Jeune-Amélie), el barco era de contrabandistas genoveses. Tras afeitarse y cambiar su apariencia, se integra como marinero, demostrando su valía en varias operaciones ilegales. Aunque herido en un hombro por un enfrentamiento con aduaneros, gana la confianza del patrón y la lealtad de Jacopo, a quien enseña navegación. Su obsesión es llegar a la isla de Montecristo, donde cree está el tesoro de Faria. Finalmente, el patrón elige Montecristo como punto de intercambio para un cargamento ilegal, dando a Dantès la oportunidad que esperaba.
23. La isla de Montecristo
Dantès finalmente llega a la isla de Montecristo con los contrabandistas. Para explorar solo, simula una lesión tras una caída y convence a la tripulación de dejarlo atrás con provisiones. Una vez solo, busca las señales talladas en las rocas que mencionaba el testamento de Spada. Tras un intenso rastreo, encuentra una roca que parece marcar el inicio del camino hacia el tesoro. Con emoción, recuerda las palabras mágicas de Ali Babá: "¡Ábrete, Sésamo!", listo para descubrir el secreto.
Segunda ParteSimbad el marino
24. Fascinación
Dantès encuentra el tesoro de los Spada en la segunda gruta de Montecristo. Tras excavar con esfuerzo, descubre un cofre de madera chapado en hierro con las armas de la familia Spada. Al abrirlo, queda abrumado por la riqueza: lingotes de oro, monedas, diamantes, perlas y rubíes. La emoción lo lleva al borde de la locura; corre por la isla, incrédulo, antes de volver para confirmar la realidad del tesoro. Pasa la noche protegiendo la entrada, mezclando alegría y terror ante su nueva fortuna.
25. El desconocido
Edmond Dantès, tras encontrar el tesoro en la isla de Montecristo, lo recupera y lo esconde con mucho cuidado. Cuando los contrabandistas regresan, él los acompaña a Livorno. Allí vende algunos diamantes, se hace rico y le regala un barco a su amigo Jacopo para que vaya a Marsella a buscar noticias de su padre y de su prometida, Mercedes. Mientras, Edmond compra un yate lujoso y rápido. Cuando Jacopo regresa, le da la terrible noticia de que su padre ha muerto y Mercedes ha desaparecido. Decidido a descubrir la verdad por sí mismo, Dantès viaja a Marsella disfrazado como un rico inglés para investigar lo sucedido sin ser reconocido.
26. La posada del Pont Di Gard
27. El Relato
El abate (Edmund) visita a Caderousse para obtener información. Caderousse, asustado y arrepentido, le cuenta toda la verdad sobre la traición a Edmond: que fue Danglars quien escribió la carta de denuncia y Fernand quien la envió al correo. También le revela la trágica muerte por hambre del padre de Edmond y la desgracia del honorable señor Morrel, quien está al borde de la ruina. Además, le cuenta cómo los traidores, Danglars y Fernand, ahora son ricos y poderosos: Danglars es un barón millonario y Fernand es el conde de Morcerf, un general casado con Mercedes. Caderousse confiesa su cobardía por no haber impedido la traición. Como recompensa por su honestidad, el abadé le regala el diamante que supuestamente le encargó Edmond.
28. Los registros de las prisiones
Un inglés (que en realidad es Edmond Dantès disfrazado) se presenta como representante de un banco de Roma preocupado por la situación financiera de Morrel. Primero visita al alcalde de Marsella, quien le confirma la honradez de Morrel pero también sus recientes desgracias. Luego va a ver al señor Boville, inspector de prisiones, quien tiene invertidos 200.000 francos en la casa Morrel y está desesperado porque teme perderlo todo si el barco Pharaon no llega a tiempo. El inglés le ofrece comprarle su deuda al contado y por el valor completo, sin descuento. A cambio, solo pide una comisión muy peculiar: poder consultar los registros de la prisión del castillo de If para obtener información sobre la muerte del abate Faria. Boville, encantado, le cuenta todos los detalles de la supuesta muerte de Dantès y le permite revisar los archivos, donde el inglés encuentra y roba la denuncia original escrita por Danglars.
29. La casa Morrel
El señor Morrel, el honorable armador, está al borde de la ruina total. Su último barco, el Pharaon, naufragó y su única esperanza de salvar su negocio y su honor se ha esfumado. En su oficina, desolada y casi vacía, solo le quedan unos pocos empleados leales. Un emisario inglés de la banca Thomson and French llega para cobrar unas deudas enormes que Morrel no puede pagar. Justo en ese momento, los marineros del Pharaon, liderados por Penelon, llegan para contar el dramático naufragio. Morrel, con gran dignidad, les paga sus salarios a pesar de su situación desesperada. Cuando todo parece perdido, el emisario inglés le concede inesperadamente una prórroga de tres meses para pagar sus deudas, dándole una nueva oportunidad.
30. El 5 de septiembre
Es el 5 de septiembre, el día en que el señor Morrel debe pagar una deuda enorme de casi 300.000 francos o declararse en bancarrota. Su familia está desesperada, ya que solo tiene 15.000 francos. Morrel, decidido a suicidarse para salvar su honor, se encierra en su oficina con dos pistolas. Su hijo Maximiliano lo descubre y, tras una dolorosa conversación, acepta vivir para cuidar de su madre y hermana. En el momento exacto en que Morrel va a disparar, su hija Julie irrumpe con una bolsa de seda roja que contiene el dinero para pagar la deuda y un diamante para su dote, siguiendo las instrucciones de una misteriosa carta firmada por "Simbad el Marino". Al mismo tiempo, anuncian que el Pharaon, el barco que se creía hundido, ha entrado milagrosamente en el puerto. La familia Morrel está salvada. Un desconocido (Edmond Dantès) observa la escena desde lejos, satisfecho, antes de partir en su yate.
31. Italia. Simbad el Marino
Se presenta a Alberto de Morsef y Franz, dos jóvenes de la alta sociedad. Franz d'Épinay, un joven francés que viaja por Italia, decide explorar la isla de Montecristo tras una mala jornada de caza. Su guía, Gaetano, le advierte que la isla es utilizada a veces por contrabandistas y piratas. A pesar del riesgo, Franz acepta desembarcar. Al llegar, encuentran una fogata y son recibidos por un misterioso anfitrión que se hace llamar Simbad el Marino. Este hombre, de aspecto pálido y vestido a la moda tunecina, vive en una lujosa gruta subterránea con un fastuoso mobiliario oriental. Invita a Franz a una cena exótica y opulenta, y luego le ofrece hachís, una sustancia que provoca sueños vívidos y alucinaciones. Bajo los efectos de la droga, Franz experimenta una serie de visiones intensas y sensuales antes de caer en un profundo sueño.
32. Despertar
Franz despierta en la playa de Montecristo, encontrando que el lujoso palacio subterráneo y su anfitrión han desaparecido. Solo queda la gruta natural. El patrón Gaetano le informa que "Simbad el Marino" se ha ido en su yate hacia Málaga, tras despedirse con un cañonazo. Franz intenta sin éxito encontrar la entrada secreta a la gruta encantada. Finalmente, parten de la isla. Al llegar a Roma, Franz se reencuentra con su amigo Albert en el hotel de Pastrini. Descubren que la ciudad está llena por el carnaval y que es imposible alquilar una carroza. Para su sorpresa, se enteran que hay un hombre muy rico siciliano o maltés qué arrendó casi todos los carruajes.
33. Los bandoleros romanos
Franz y Albert se enteran por el dueño del hotel, Pastrini, de que el famoso bandido Luigi Vampa ronda los caminos fuera de Roma, haciendo peligroso el viaje al Coliseo por la ruta planeada. Para ilustrar el peligro, Pastrini les cuenta la larga y dramática historia de cómo Carlini (Vampa), un pastor inteligente y orgulloso, se convirtió en un temido bandido. La historia involucra su amor por Teresa, un enfrentamiento con el cruel bandido Cucumello, y su ascenso al liderazgo de una banda. Pastrini también revela que el misterioso viajero que encontró Vampa años atrás se llamaba "Simbad el Marino", el mismo nombre del anfitrión de Franz en Montecristo. A pesar de la advertencia, los dos amigos, especialmente el imprudente Albert, deciden ir al Coliseo de todas formas por vía terrestre.
34. Aparición
Franz y Albert van al Coliseo de noche. Franz se separa y presencia una conversación secreta entre un hombre misterioso (el Conde de Montecristo) y un bandido trasteverino (Luigi Vampa). Hablan de salvar a un condenado llamado Peppino de la ejecución usando una señal con telas en una ventana. Esa noche, en la ópera, Franz ve al Conde nuevamente en un palco con una bella mujer griega. La condesa G a quien Franz visita, expresa un miedo supersticioso hacia el Conde, comparándolo con un vampiro. De vuelta al hotel, Albert revela su plan ridículo para el carnaval: una carreta con bueyes. Sin embargo, el hotelero les trae una oferta elegante del Conde de Montecristo: espacio en su carruaje y en su balcón para ver el carnaval. Aceptan, y al día siguiente, cuando van a visitar al Conde para agradecerle, Franz descubre con asombro que es el mismo hombre misterioso de sus encuentros anteriores.
35. La Mazzolata
Franz y Albert visitan al Conde de Montecristo, quien confirma que ha conseguido un balcón para ver la ejecución en la Piazza del Popolo. Durante la conversación, el Conde expone su filosofía sobre la venganza, considerando la justicia humana insuficiente y defendiendo el derecho a una venganza personal y proporcional. Los jóvenes almuerzan con él y luego se dirigen al lugar de la ejecución. Desde el balcón, presencian la llegada de los dos condenados: Peppino y Andrea. En el último momento, se anuncia un indulto para Peppino, salvado por la intervención del Conde (como se había acordado en el Coliseo). Andrea, enfurecido por no morir acompañado, forcejea desesperadamente antes de ser ejecutado con un mazo y un cuchillo. Franz se desmaya por el horror, mientras el Conde observa la escena con una actitud triunfante.
36. El carnaval de Roma
El carnaval de Roma comienza inmediatamente después de la ejecución, creando un contraste brutal. Franz y Albert, disfrazados de campesinos romanos, se unen a la locura general en el Corso, lanzando confetti y flores. El Conde de Montecristo les presta su carruaje nuevamente. Albert flirtea con una bella "campesina" que le lanza un ramo de violetas. Esta intriga continúa durante días, culminando en una cita: la mujer le da una nota a Albert para que la encuentre en la iglesia de San Giacomo durante la tradición final del carnaval, la "guerra" de los moccoli (velas). Esa noche, en medio del caos donde todos intentan apagar las velas de los demás, Albert sigue las instrucciones, encuentra a la mujer y se marcha con ella del brazo, desapareciendo en la multitud. Franz los pierde de vista, y el carnaval termina abruptamente.
37. Las catacumbas de San Sebastián
Franz, preocupado por la desaparición de Albert, recibe una nota de rescate firmada por Luigi Vampa: exigen 4000 piastras para las 6 de la mañana o Albert morirá. Franz no tiene suficiente dinero y acude al Conde de Montecristo, quien no solo le proporciona el dinero, sino que decide acompañarlo personalmente a rescatar a su amigo. Guiados por Peppino (el bandido indultado), viajan de noche a las Catacumbas de San Sebastián, el escondite de la banda. El Conde, cuya autoridad es inmediatamente reconocida por Vampa, reprende al bandido por haber capturado a un amigo suyo. Encuentran a Albert durmiendo plácidamente, sin mostrar el menor miedo. Albert es liberado de inmediato y los tres regresan a Roma, donde Albert, despreocupado, va directamente al baile del duque de Bracciano para continuar divirtiéndose.
38. La cita
Albert y Franz visitan al Conde de Montecristo para agradecerle oficialmente por haber rescatado a Albert de los bandidos. Albert, entusiasmado, le ofrece su ayuda y amistad al Conde si alguna vez va a París. Aprovechando la oportunidad, el Conde revela que justamente planea visitar la ciudad y acepta la oferta de Albert para que lo introduzca en la alta sociedad. Ambos concretan una cita: el Conde visitará a Albert en su casa de París el 21 de mayo a las 10:30 de la mañana. Más tarde, Franz le confiesa a Albert su desconfianza hacia el misterioso Conde, pero Albert, agradecido y admirado, no comparte esa preocupación y defiende al Conde, asegurando que es un hombre admirable.
39. Los invitados
Albert de Morcerf se prepara para recibir al Conde de Montecristo en su lujosa casa de París, tal como acordaron en Roma. Mientras espera, llegan sus amigos: Luciano Debray (secretario del Ministro del Interior), Beauchamp (prediodista), Château-Renaud (aristrocata) y Maximilien Morrel (capitán de caballería). Los jóvenes conversan sobre política, la alta sociedad y los planes de boda de Albert. Para matar el tiempo, Albert les cuenta la increíble historia de cómo el Conde lo rescató de unos bandidos en Italia, describiéndolo como un hombre misterioso, fabulosamente rico y con un aire casi sobrenatural, lo que provoca escepticismo y bromas entre sus amigos.
Justo a la hora exacta de la cita, el Conde de Montecristo hace una entrada dramática y silenciosa, impresionando a todos con su presencia. Albert lo presenta a sus amigos, y el Conde, tras mostrar una leve pero notable emoción al conocer a Morrel.
40. El almuerzo
Los invitados almuerzan con el Conde de Montecristo y la conversación gira en torno a su misteriosa persona. El Conde revela detalles fascinantes, como que no ha comido desde el día anterior y que usa píldoras de opio y hachís para dormir a voluntad, mostrándoles una esmeralda hueca que las contiene. También cuenta cómo obtuvo el respeto del bandido Vampa en Italia, lo que explica cómo pudo rescatar a Albert. Los amigos, impresionados, le ofrecen ayuda para establecerse en París, pero el Conde revela que su misterioso sirviente, Alí el mudo, ya le ha comprado y amueblado una casa en los Campos Elíseos.
La conversación toca el tema de que el padre de Alberto quiere que él se case con Eugenia Danglars, hija del barón Danglars. El Conde menciona, de forma casual pero impactante para Maximilien Morrel, que tiene una cuenta en la banca Thomson y French de Roma. Uno a uno, los invitados se van despidiendo, dejando a Alberto a solas con su ilustre invitado.
41. La presentación
Albert le muestra a Montecristo su casa, incluyendo su estudio y su dormitorio. Allí, el Conde queda profundamente impresionado por un retrato de la madre de Albert, Mercedes, reconociendo en él a una antigua conocida. Luego, Albert presenta al Conde a sus padres. El encuentro con el Conde de Morcerf es cortés pero frío, mientras que el encuentro con la condesa, Mercedes, es cargado de emoción. Ella, pálida y visiblemente afectada, le agradece con voz temblorosa por haber salvado la vida de su hijo. Montecristo responde con frialdad controlada. Tras una breve conversación, el Conde se despide. Una vez se va, Mercedes, abrumada, le confiesa a Albert que se sintió indispuesta y ambos conversan sobre la misteriosa y poderosa impresión que el Conde de Montecristo ha causado.
42. El señor Bertuccio
El Conde de Montecristo llega a su nueva residencia en París. Habla con Bertuccio acerca de unas tarjetas y una va para el barón y diputado Danglars. Tras una breve inspección, se reúne con un notario para firmar la escritura de compra de una casa de campo en Auteuil, una propiedad que ha adquirido sin conocer su ubicación exacta. Durante la transacción, su intendente, Bertuccio, muestra una visible y creciente agitación cuando se menciona Auteuil, incluso llegando a palidecer. A pesar de las vacilaciones de Bertuccio y de ofrecer buscar otras propiedades, el Conde insiste en completar la compra. Una vez que el notario se marcha, el Conde consulta una nota con la dirección de la casa (Auteuil, rue de la Fontaine, número 28) y, con evidente determinación, ordena a un reacio Bertuccio que lo acompañe inmediatamente a visitar la propiedad.
43. La casa de Auteuil
El Conde de Montecristo, acompañado por su atormentado intendente Bertuccio, visita la casa que acaba de comprar en Auteuil. A medida que recorren la propiedad, especialmente el jardín, la agitación de Bertuccio se intensifica hasta volverse incontrolable. Finalmente, acorralado por el Conde, Bertuccio confiesa, aterrado, que en esa misma casa cometió un homicidio años atrás. Bajo la presión de Montecristo, quien amenaza con despedirlo, Bertuccio revela un dato crucial: la víctima de su venganza fue enterrada bajo un plátano en el jardín, y el hombre al que asesinó era un menor. El capítulo culmina con la impactante revelación de que el magistrado Gérard de Villefort, conocido por su rectitud, está involucrado en este oscuro suceso, lo que despierta un profundo interés en el Conde, quien insta a Bertuccio a contarle toda la historia.
44. La vendetta
Bertuccio relata al Conde de Montecristo los acontecimientos que tuvieron lugar en la casa de Auteuil. Comienza explicando su motivación: la venganza por el asesinato de su hermano, un soldado bonapartista, durante las masacres de 1815 en el sur de Francia. Al no recibir justicia del procurador Gérard de Villefort, Bertuccio jura matarlo. Tras seguirlo hasta la casa de Auteuil, donde Villefort visitaba en secreto a una amante embarazada, Bertuccio lo apuñala (juraba que era él). Al desenterrar una caja que Villefort acababa de enterrar, descubre que contiene a un recién nacido, al que logra reanimar. Lo entrega a una casa en París donde reciben bebés sin hogar. Más adelante, Assunta su hermana, lo recoge con 8 meses gracias a la mitad del pañal que había guardado. Le nombraron Benedetto. Bertucio es su tío. Su madre es Assunta.
La historia salta años más adelante. Bertucio ya es un contrabandista. Una vez siguieron aduaneros al barco donde iba Bertucio y su lanzó al agua. Nado y llego a una posada ahora de Gaspar Caderousse. Ahí es testigo desde un escondite de cómo la pareja Caderousse llamada Carconte, extorsiona a un joyero llamado Joannés con un diamante que supuestamente heredaron de Edmond Dantès. Ella acepta 45 mil francos al joyero, pero quería más. Dicen que un tal abate Busoni se lo dio. Aunque la transacción se completa, la codicia de los Caderousse se hace evidente cuando, tras una tormenta, el joyero regresa pidiendo refugio, un giro que la Carconte interpreta como una oportunidad enviada por Dios ya que quiere eliminarlo para quedarse como el dinero y el diamante.
45. Lluvia de sangre
En este capítulo, Bertuccio termina de contarle al Conde de Montecristo la historia de la posada de los Caderousse. Relata cómo, después de que el joyero se quedara a pasar la noche, Caderousse y su esposa lo asesinaron para robarle el diamante. Durante la pelea, la Carconte también murió. Bertuccio, que estaba escondido, fue encontrado en la escena del crimen y arrestado injustamente. Fue el abate Busoni (una de las identidades del propio Conde) quien lo defendió y lo declaró inocente cuando Caderousse fue capturado y confesó.
Luego, Bertuccio revela el trágico final de su cuñada Assunta, que fue torturada y asesinada por el malvado Benedetto (el hijo que Bertuccio había salvado y dejado en un orfanato) y sus amigos, para robarle el dinero. Tras escuchar la historia, Montecristo absuelve a Bertuccio pero le reprocha no haber devuelto al niño a su madre. La confesión termina y el Conde reflexiona sobre los fantasmas del pasado que ahora habitan su nueva propiedad. Finalmente, regresa a su casa en París, donde recibe a su compañía, la bella griega Haydée.
46. Crédito ilimitado
El barón Danglars visita al Conde de Montecristo en su casa, pero inicialmente no es recibido. Más tarde, el Conde va a la casa del banquero. Danglars, que había recibido un aviso de un crédito ilimitado para el Conde, se muestra escéptico y trata de poner límites. Montecristo, con una frialdad cortés, lo humilla demostrando su inmensa riqueza al sacar bonos del tesoro y cartas de crédito de otros dos bancos poderosos. Derrotado y deslumbrado, Danglars accede inmediatamente a todas las condiciones del Conde, acordando un anticipo de medio millón de francos. Para congraciarse, el banquero le ofrece mostrarle su colección de arte y finalmente lo presenta a su esposa.
47. El Tiró Gris Tordillo
El Conde de Montecristo visita a la baronesa Danglars, donde presencia una discusión entre los cónyuges porque Danglars ha vendido los caballos favoritos de su esposa, los mismos que el Conde acaba de comprar. Más tarde, en su casa de Auteuil, el Conde ordena a su sirviente Alí que detenga un coche desbocado. El coche resulta ser el de la Héloise de Villefort, la señora de Villefort y su hijo Édouard, quienes viajaban con los caballos que el Conde le había regalado a la baronesa Danglars. Alí detiene heroicamente a los caballos, salvando a la madre y al hijo. El Conde atiende a la señora de Villefort y a su desagradable hijo, revelando su identidad y ganándose la gratitud de la familia.
La señora de Villefort escribe una carta a la baronesa Danglars contándole lo sucedido y expresando su fascinación por el Conde. El incidente se convierte en la comidilla de París, y el señor de Villefort decide ir a visitar al Conde para agradecerle personalmente.
48. Ideología
El procurador del rey, Villefort, visita al Conde de Montecristo para agradecerle personalmente haber salvado a su esposa e hijo. La conversación, sin embargo, se convierte rápidamente en un duelo filosófico. Montecristo se presenta como un ser excepcional, un cosmopolita sin patria, que se considera por encima de las leyes humanas y se describe a sí mismo como un "agente de la Providencia", con la misión de recompensar y castigar. Villefort, aunque sorprendido y desafiado por estas ideas, intenta refutarlas argumentando con la debilidad humana, la vejez y la enfermedad, usando el ejemplo de su propio padre, Noirtier, paralizado por un derrame cerebral. La tensión subyacente es palpable; Villefort se siente incómodo y termina la visita llevándose una extraña impresión del Conde. Una vez se va, Montecristo, visiblemente afectado, ordena preparar su coche para ir a casa de otra persona, sugiriendo que necesita un "antídoto" para el veneno emocional de la entrevista.
49. Haydée
El Conde de Montecristo visita a Haydée, la bella joven griega que vive en un apartamento decorado al estilo oriental dentro de su casa. Haydée, vestida con ropas tradicionales griegas, expresa su profundo amor y devoción por el Conde, a quien considera su dueño y su única razón de vivir. Montecristo le recuerda que ahora está en Francia y es libre, pero Haydée rechaza esa libertad, afirmando que solo quiere estar a su lado. Ella recuerda con cariño a su padre, pero su amor por Montecristo es distinto y más profundo. El Conde, conmovido pero reservado, le asegura que no la abandonará y que la cuidará como a una hija, aunque las palabras de Haydée sugieren sentimientos más intensos. Después de esta emotiva conversación, el Conde se prepara para visitar a los Morrel.
50. La familia Morrel
El Conde de Montecristo visita a la familia Morrel en su modesta y feliz casa de la rue Meslay. Conoce a Julie (ahora la señora Herbault), a su esposo Emmanuel y comparte un momento con Maximilien. La familia le muestra con orgullo y gratitud su mayor tesoro: una bolsa de seda que contiene la carta y el diamante que años atrás les envió su misterioso benefactor, "Simbad el Marino", salvando a la empresa Morrel de la ruina. Julie y Maximilien expresan su deseo de conocer algún día a ese hombre. El Conde de Montecristo dice que el nombre real de Simbad es Lord Wilmore pero que no cree que lo verán más.
Cuando mencionan que su padre, en su lecho de muerte, creía que su salvador era Edmond Dantès, Montecristo se sobresalta visiblemente, palidece y, profundamente conmovido, se despide abruptamente, dejando a la familia intrigada por su extraña reacción.
51. Píramo y Titsbe
En el jardín de la casa de Villefort, Valentine se encuentra a escondidas con Maximilien Morrel a través de una verja. Ambos confirman su amor y hablan de los obstáculos para su relación: el compromiso de Valentine con Franz d’Épinay y la hostilidad de su padre, el señor de Villefort, hacia Maximilien debido a las diferencias políticas de sus familias. Valentine revela que su madrastra, la señora de Villefort, también la odia, posiblemente por envidia de su futura herencia. Maximilien, para estar cerca de ella, ha alquilado el huerto vecino haciéndose pasar por jardinero.
En medio de su conversación, una sirvienta interrumpe para anunciar que el Conde de Montecristo ha llegado de visita, lo que sorprende tanto a Valentine como a Maximilien, quien se pregunta cómo es que el Conde conoce al señor de Villefort.
52. Toxicología
El Conde de Montecristo visita a la Héloise, la señora de Villefort. Durante la conversación, hablan de química, venenos y el famoso "aqua tofana", un tema que la señora de Villefort parece conocer muy bien. El Conde comparte historias sobre cómo los venenos pueden usarse de manera sutil e indetectable, especialmente en Oriente, y describe una cadena de envenenamiento que parece un accidente natural. También menciona un elixir que usó para salvar a Édouard, advirtiendo que en dosis altas puede ser mortal. La señora de Villefort, profundamente interesada, le pide la receta de ese elixir, que el Conde promete enviarle. La conversación, cargada de insinuaciones y conocimiento sobre toxinas, revela un lado oscuro y calculador tanto del Conde como de la señora de Villefort.
53. Robert le diable
En la Ópera, la alta sociedad parisina está presente. Albert de Morcerf y sus amigos comentan la noticia de que un caballo desconocido llamado "Vampa" ha ganado el premio del Jockey Club, siendo su propietario el misterioso Conde de Montecristo. El Conde llega a la Ópera acompañado de la deslumbrante Haydée, vestida con un traje oriental y cubierta de joyas, lo que causa sensación. Albert y sus amigos debaten sobre la identidad y las excentricidades del Conde. Albert intenta acercarse a Montecristo, quien finalmente visita el palco de la baronesa Danglars. Durante la conversación, el Conde de Morcerf (padre de Albert) menciona que sirvió en la corte de Alí Pachá en Yánina. Al oír esto y ver el rostro del Conde de Morcerf, Haydée reacciona con horror, como si lo reconociera, y tiene que salir rápidamente del palco. Montecristo la sigue, y en privado Haydée le revela que el Conde de Morcerf es el "miserable" que traicionó y vendió a su padre, Alí Pachá. En otras ediciones, quizá por temas de traducción indica que el Conde de Morcerf vendió a la misma Haydée a los turcos.
Cuarta parte
El mayor Cavalcanti
1. El alza y la baja
Albert visita al Conde de Montecristo para agradecerle, en nombre de la baronesa Danglars, la invitación a la Ópera. Durante la conversación, Albert revela que su madre, la condesa de Morcerf (Mercedes), se opone a su matrimonio con Eugénie Danglars y que es una razón de gran preocupación para él. También hablan de negocios y de la Baronesa Danglars, quien especula en la Bolsa de manera temeraria. El Conde revela que tiene planeada una cena en su casa de Auteuil para el sábado, a la que ha invitado a los Danglars y a los Villefort, pero excluye deliberadamente a Albert y a su madre para no parecer que está organizando una reunión para impulsar el compromiso. Albert, para evitar el encuentro, decide irse de viaje con su madre. También conversan sobre el recién llegado mayor Cavalcanti y su hijo, a quienes el Conde recibirá esa misma noche. Finalmente, Montecristo da instrucciones a Bertuccio para preparar la casa de Auteuil para la cena, con la extraña orden de dejar intacta una habitación con tapicería de damasco rojo y el jardín, mientras que el patio puede ser alterado por completo.
55. El mayor Cavalcanti
El mayor Cavalcanti, un hombre de aspecto anticuado y de modales poco refinados, llega a la casa del Conde de Montecristo. Viene recomendado por el abate Busoni (otro alias del Conde) y trae una carta que lo presenta como un noble luqués rico que busca a su hijo perdido. El Conde confirma todos los detalles de la historia, proporciona incluso los documentos falsos del matrimonio y del bautizo del supuesto hijo, y le entrega un anticipo de dinero. Todo está cuidadosamente preparado por Montecristo para presentar a un joven llamado Andrea Cavalcanti como el hijo perdido del mayor. La escena es claramente una puesta en escena organizada por el Conde, utilizando a estos personajes como actores en su gran plan.
56. Andrea Cavalcanti
El Conde de Montecristo presenta a Andrea Cavalcanti (Benedetto), un joven con modales elegantes, al mayor Cavalcanti. La escena es una farsa cuidadosamente orquestada por el Conde, donde ambos hombres, que no se conocían hasta entonces, fingen ser padre e hijo perdidos. Tras un breve intercambio de cumplidos para el oído del Conde, los dos impostores se quedan a solas y dejan caer sus máscaras, reconociendo que ambos son actores en este juego, cada uno con su propia carta de instrucciones (de "Simba el Marino" y del "abate Busoni", ambos alias del Conde).
Negocian abiertamente su participación en la farsa por el dinero prometido. Montecristo les da dinero a Andrea: 4000 francos todos los meses y 500 mil en su testamento. Luego les invita a una cena de etiqueta el sábado en Auteuil, donde serán presentados a la alta sociedad, incluido el banquero Danglars. Una vez se van, el Conde expresa su desprecio por la pareja y decide ir a visitar a los Morrel para purgar la sensación de asco.
57. El campito de alfalfa
Valentina se pasea en su patio con Eugenia Danglars. Maximiliano Morrel habla a escondida con Valentina por la cerca que los separa. Le cuenta que Conde de Montecristo es un personaje único y lo considera su amigo (lo conoce hace 8 días). Le ayudó a ganar un caballo Medeah. Ella le dice que no quiere casarse con Franz d'Épinay y en su familia solo su abuelo la apoya (Noirtier). Villefort solo apoya a su hijo Eduardo.
58. El señor Noirtier de Villefort
Noirtier está paralítico y se comunica con la mirada. Valentina lo puede comprender. Villefort y su esposa le cuentan a Noirtier que casarán a Valentina con Franz de Quesnel, barón de d'Epinay. Valentina está próxima a cumplir 19 años. Noirtier expresaba con la mirada el odio y desacuerdo. Estaba rojo. Le dicen que el barón y Valentina vivirán con Noirtier. Noirtier pide ver a un Notario para oponerse a la boda de Valentina con Franz por medio de una herencia.
59. El testamento
El anciano y paralítico Noirtier llama a un notario para hacer su testamento, pero como no puede hablar ni moverse, necesita que su nieta Valentine actúe como su intérprete, utilizando un sistema de señas con los ojos (cerrándolos para "sí" y parpadeando para "no") y deletreando palabras con el alfabeto. Aunque todos asumen que dejará su fortuna de novecientos mil francos a Valentine, que lo cuida con devoción, Noirtier sorprende a todos al revelar que la desheredará si ella se casa con Franz d'Épinay, el hombre elegido por su padre. Si Valentine no se casa con él, será su heredera; si lo hace, toda la fortuna irá a los pobres. A pesar de la oposición y la frustración de su hijo, el procurador Villefort, y la disimulada satisfacción de su nuera, la señora de Villefort, el testamento se redacta y firma según la voluntad inquebrantable de Noirtier a pesar de perder 900 mil francos.
60. El telégrafo
Tras el tenso testamento de Noirtier, el conde de Montecristo visita a los Villefort. Villefort, visiblemente afectado, confiesa al conde que su padre ha desheredado a Valentine por oponerse a su matrimonio con Franz d'Épinay, una pérdida de novecientos mil francos. A pesar de ello, Villefort afirma que la boda se celebrará para honrar su palabra. Montecristo apoya públicamente la decisión, pero sus comentarios sobre reconciliar viejos odios políticos parecen cargados de ironía. Además, revela que vive en la antigua casa de campo de los Saint-Méran (abuelos de Valentine) en Auteuil, dato que perturba a Villefort. Antes de irse, el conde anuncia su excéntrico plan de visitar un telégrafo óptico, fascinado por su mecanismo, mostrando una vez más su carácter enigmático mientras sondeara las tensiones familiares.
61. De cómo liberar a un jardinero de los lirones que se le comen los melocotones
El conde de Montecristo visita al telegrafista-jardinero de Montlhéry. Fascinado por su sencilla vida y su pasión por la horticultura, el conde lo tenta con 25,000 francos a cambio de transmitir una falsa señal telegráfica sobre la huida del rey Carlos a España. El empleado, soñando con comprar una granja, accede. La noticia falsa provoca pánico en la Bolsa. Danglars vende sus bonos españoles con pérdidas, solo para descubrir al día siguiente que la noticia era un error y que los precios se recuperan, perdiendo así un millón de francos.
62. Fantasma
Los invitados llegan a la cena en la casa de Montecristo en Auteuil. Asisten Morrel, los Danglars (ella intrigante, él sombrío por sus pérdidas en bolsa), Debray, Château-Renaud, los recién llegados Cavalcanti (padre e hijo, supuestos nobles italianos) y finalmente los Villefort, cuyo nerviosismo es evidente.
Durante la reunión, la elegancia y rarezas de la casa asombran a todos. El mayor impacto lo sufre Bertuccio, el intendente, quien al ver a la señora Danglars y luego a Villefort, queda paralizado al reconocer en ellos a los protagonistas de un oscuro suceso del pasado (la mujer embarazada y el hombre al que creyó haber matado años atrás). Montecristo lo calma con frialdad antes de anunciar que la cena está servida.
63. La cena
Montecristo sirve una cena opulenta y exótica, llena de manjares raros que asombran a sus invitados. Durante la velada, guía a todos a una habitación particularmente lúgubre, tapizada de damasco rojo, insinuando que allí se cometió un crimen. La tensión crece cuando revela que, al renovar el jardín, se desenterró una caja con los restos de un recién nacido. Esta revelación afecta profundamente a la señora Danglars, quien se desmaya, y a Villefort, quien palidece visiblemente. Pese al clima de inquietud, Montecristo retoma su papel de anfitrión e invita a tomar café en el jardín, mientras se establece una cita secreta entre Villefort y la señora Danglars para el día siguiente.
64. El mendigo
Al salir de la cena, Andrea Cavalcanti (el supuesto vizconde) es abordado por un hombre de aspecto miserable que lo reconoce y lo llama Benedetto. Se trata de Caderousse, un antiguo compañero de prisión que lo chantajea. Andrea, temeroso de que revele su pasado, le da dinero y le promete una mensualidad para que guarde silencio. Tras una tensa conversación, acuerdan que Caderousse fingirá ser un criado y pasarán juntos la barrera de París en el tílburi. Una vez en la ciudad, Caderousse se aleja con las ropas de Andrea, y el joven queda preocupado por la amenaza que representa este testigo inoportuno de su verdadera identidad.
65. Escena conyugal
De vuelta en París, la señora Danglars y Debray conversan en su habitación. Ellos tienen una relación amorosa oculta. Ella trata de ocultar su agitación por la revelación de la cena, pero él percibe su nerviosismo. La charla se interrumpe con la llegada inesperada de Danglars, quien despide con frialdad a Debray.
El banquero, furioso por haber perdido setecientos mil francos con el falso rumor telegráfico, confronta a su mujer. La acusa de usar información privilegiada de Debray para especular, ganando a veces pero ahora causándole una gran pérdida. En un monólogo cargado de desprecio, le exige que pague su parte de la pérdida y le prohíbe que lo arruine o ridiculice, revelando además que conoce sus antiguas relaciones, incluyendo un velado secreto sobre Villefort. La baronesa, humillada y aturdida, se queda sola tras su partida.
66. Planes de matrimonio
Danglars visita a Montecristo para quejarse de sus pérdidas financieras (la bancarrota de Trieste y el falso rumor de España). Montecristo finge compasión y clasifica las fortunas en categorías, situando la de Danglars en la "tercera" y vulnerable. La conversación deriva hacia los Cavalcanti. Danglars revela que ya ha abierto un crédito para Andrea y su padre, mostrando interés en el joven como posible yerno, insinuando que preferiría a Andrea antes que a Albert de Morcerf como marido de su hija. Montecristo, con astucia, alienta esta idea y, además, provoca a Danglars sugiriéndole que investigue el oscuro pasado de Morcerf (Fernand Mondego) en Grecia, relacionado con la traición a Alí Pachá. Danglars, intrigado y lleno de rencor, decide escribir a su contacto en Yánina para obtener información comprometedora.
67. El gabinete del procurador del rey
La señora Danglars visita en secreto a Villefort en su gabinete. Ambos, angustiados por la revelación de Montecristo sobre el niño enterrado, confiesan sus temores. Villefort relata en detalle cómo, tras el parto, creyendo al niño muerto, lo enterró en el jardín de Auteuil, pero luego, al volver años después, descubrió que el cadáver había desaparecido. Sospecha que el niño pudo haber estado vivo y haber sido salvado por el corso que lo atacó, y que luego fue dejado en una inclusa, desde donde una mujer lo reclamó. Este secreto los aterra, pues temen que Montecristo lo conozca y sea una amenaza. Acuerdan vigilarlo y Villefort promete investigar al conde. La baronesa jura no haber revelado a nadie su pasado con Villefort.
68. Un baile de verano
Albert visita a Montecristo para hablar de su compromiso con Eugénie Danglars, que le desagrada profundamente. Confiesa que preferiría no casarse y admira el matrimonio feliz de sus padres. Montecristo, con astucia, sugiere que tal vez Danglars también quiera romper el compromiso, insinuando que el banquero podría preferir otro yerno, como Andrea Cavalcanti. Albert invita al conde al baile que darán sus padres, insistiendo en el especial interés que su madre, la condesa de Morcerf, tiene por él. Montecristo acepta. Tras la partida de Albert, el conde confirma con Bertuccio que la señora Danglars visitó a Villefort, y ordena a su intendente que viaje a Normandía.
69. Diligencias
El procurador Villefort, obsesionado por descubrir los secretos de Montecristo, ordena una investigación. Un agente del prefecto de policía entrevista primero al abate Busoni (que es en realidad Montecristo disfrazado), quien presenta al conde como un rico filántropo llamado Zaccone, de origen maltés.
Luego, el mismo agente visita a lord Wilmore (también Montecristo disfrazado), quien, fingiendo ser un enemigo del conde, le da una versión opuesta: lo pinta como un aventurero avaro y especulador. Ambas historias, contradictorias pero plausibles, confunden a Villefort, quien, aunque no obtiene respuestas claras, se siente momentáneamente más tranquilo al no encontrar una amenaza directa.
70. El baile
El capítulo describe el lujoso baile de los Morcerf, donde toda la alta sociedad parisina se reúne. El centro de atención es el misterioso Conde de Montecristo, objeto de rumores y curiosidad. Mercedes, la anfitriona, observa con inquietud que el Conde se niega a probar cualquier alimento o bebida en su casa. Para probar sus sospechas y en un gesto cargado de emoción, ella se acerca a él personalmente y le ofrece su brazo para salir al jardín, donde se servirá la cena.
71. El pan y la sal
Mercedes conduce a Montecristo al invernadero e intenta, angustiada, que pruebe uvas y un melocotón, símbolos de hospitalidad y una antigua costumbre árabe de fraternidad. Él lo rechaza todo con frialdad. Ella, emocionada, le pregunta si son amigos, a lo que él responde que si pero un poco evasivo. Durante un tenso paseo, ella le pregunta sobre su sufrimiento pasado y su amor perdido en Malta, a quien ha perdonado, pero no a quienes los separaron.
La escena es interrumpida por Albert, quien anuncia la muerte del abuelo materno de Valentine, el señor de Saint-Méran. Al despedirse, Mercedes junta la mano de su hijo con la del Conde, afirmando su amistad, pero él solo se declara su "respetuoso servidor", dejándola profundamente afectada.
72. La señora de Saint-Méran
La marquesa de Saint-Méran llega afligida a casa de los Villefort, confirmando la muerte repentina de su marido. Exhausta y con fiebre, exige que se acelere el matrimonio de Valentine con Franz d’Épinay antes de que ella muera, revelando que tuvo una alucinación con un fantasma en la habitación.
Mientras, Villefort revisa con paranoia su lista de enemigos, sospechando del Conde de Montecristo. Valentine, angustiada por la presión de la boda y su amor secreto por Maximilien Morrel, llama al médico de la familia. Al final, mientras pasea por el jardín para calmar sus nervios, oye que la llaman: es la voz de Maximilien.
73. La promesa
74. El panteón de la familia Villefort
Tras los funerales del marqués y la marquesa de Saint-Méran, Villefort, citando la última voluntad de la difunta, presiona para que el matrimonio entre Franz y Valentine se celebre de inmediato. Reúne al notario y a los testigos ese mismo día para firmar el contrato. Valentine, desolada, se ve obligada a asistir. En el momento crucial, el criado Barrois irrumpe con un sorprendente mensaje: el paralítico Noirtier exige hablar con Franz de inmediato. Esta inesperada intervención detiene la firma, generando asombro y suspense entre todos los presentes.
75. El acta
Se narra la crucial entrevista entre Noirtier, Franz, Valentine y Villefort. A través de un elaborado sistema de señas con Valentine, Noirtier ordena abrir un mueble secreto y entrega a Franz un legajo de documentos sellados, insistiendo en que los lea de inmediato. Franz lee en voz alta un acta que revela los detalles de la muerte de su padre, el general D'Épinay. El documento detalla que, tras una sesión de un club bonapartista en 1815, su padre, un monárquico, se negó a unirse a la conspiración y jurar guardar el secreto. Desafió al presidente del club, desencadenando un duelo en el que fue mortalmente herido.
Concluida la lectura y bajo la presión de Franz, Noirtier, utilizando el diccionario, confiesa ser el presidente del club y, por tanto, el hombre que mató al padre de Franz. Esta revelación devastadora hace que Franz se derrumbe y Villefort huya de la habitación, aterrorizado.
76. Los progresos de Cavacanti hijo
Mientras Cavalcanti padre retorna a su vida de juego, su "hijo" Andrea (Benedetto) se integra en la alta sociedad parisina, haciéndose pasar por un rico conde heredero. Una tarde, Montecristo visita a los Danglars y encuentra a Andrea coqueteando con Eugénie, tocando el piano con su acompañante, Louise d'Armilly. Albert de Morcerf llega y, aunque nota la presencia de Andrea, finge total indiferencia ante su prometida Eugénie y el pretendiente rival.
Danglars, cada vez más desencantado con Albert, expresa a Montecristo su preferencia por Andrea como yerno, pidiéndole que medie para que los Morcerf aclaren definitivamente sus intenciones o rompan el compromiso. La tensión es palpable, especialmente cuando Danglars recibe noticias alarmantes de Grecia relacionadas con "Fernand" (el conde de Morcerf), lo que aumenta su agitación y su deseo de deshacerse del compromiso con Albert.
77. Haydée
El conde lleva a Albert de Morcerf a su casa. Allí, tras una conversación, Montecristo accede a presentar a su protegida griega, Haydée. Albert queda fascinado por su belleza exótica y su historia. Con la aprobación del conde, Haydée narra en italiano su trágico pasado: es la hija de Alí Pachá de Yánina. Describe con gran detalle y emoción los últimos días de su padre, asediado en su fortaleza, la traición de un emisario que lleva un falso anillo de perdón, la muerte del guardián Selim y la masacre final donde muere su padre.
Relata cómo ella y su madre fueron capturadas, vendidas como esclavas y cómo su madre murió al ver la cabeza decapitada de Alí exhibida. Haydée fue vendida sucesivamente hasta que Montecristo la compró. Albert escucha, profundamente conmovido.
78. Nos escriben de Yánina
El escándalo estalla. Tras la ruptura del compromiso de Valentine con Franz, esta se reúne con Morrel. Su madrastra logra que Noirtier le deje toda su fortuna.
Mientras, el conde Fernando de Morcerf visita a Danglars para formalizar la boda de Albert con Eugénie, pero el banquero se niega evasivamente, insinuando problemas con la reputación de Morcerf.
Al día siguiente, un artículo periodístico acusa a un oficial llamado Fernand (el nombre del conde) de traición en Yánina. Albert, furioso, va a ver al periodista Beauchamp exigiendo un desmentido, pero este se niega sin investigar, fijando un plazo de tres semanas.
79. La limonada
Noirtier llama a Morrel y, por boca de Valentine, le comunica su plan: al mudarse, ella lo acompañará, y tras dieciocho meses podrán casarse.
Mientras conversan, el criado Barrois sufre un ataque espantoso. El doctor D'Avrigny sospecha envenenamiento. Barrois revela que bebió de la limonada preparada para Noirtier, que Valentine llevó a la habitación.
D'Avrigny realiza un experimento químico que confirma la presencia de nuez vómica, el mismo veneno que mató a la marquesa, declarando ante un horrorizado Villefort que ha habido un nuevo asesinato en su casa.
80. La acusación
El doctor D'Avrigny acusa directamente a Valentine de ser la envenenadora en serie de la casa, responsable de las muertes de los Saint-Méran, del intento contra Noirtier y de la de Barrois. Exige a Villefort, como magistrado, que cumpla con su deber y la entregue a la justicia. Villefort, desgarrado, se niega rotundamente, suplicando piedad y defendiendo la inocencia de su hija. Ante la negativa, D'Avrigny anuncia que abandona la casa y no volverá. Para evitar el escándalo, inventa una muerte natural para Barrois. Aterrorizados, todos los criados huyen esa misma noche.
81. La habitación del panadero retirado
Andrea Cavalcanti consolida su compromiso con Eugénie Danglars, mostrando a su futuro suegro un pagaré respaldado por Montecristo que impresiona al codicioso banquero.
Tras recibir un mensaje amenazante, Andrea visita a su antiguo cómplice, Caderousse, quien vive miserablemente. Durante la comida, Caderousse le pide más dinero y expone un plan para conseguir un capital. Para manipularlo, Andrea inventa que el conde de Montecristo es su verdadero padre y que lo ha incluido en su testamento. Bajo la apariencia de amistad, Caderousse interroga a Andrea sobre los detalles de la casa y los hábitos del conde, y este, confiado, dibuja un plano detallado de la residencia. Caderousse queda pensativo.
82. Robo con fuerza
Montecristo recibe una advertencia anónima de un robo en su casa esa noche. Decide enfrentarlo solo con Alí. Un ladrón entra por la ventana del vestidor y fuerza el secreter. Montecristo, disfrazado de abate Busoni, lo sorprende. El intruso es Caderousse, quien, aterrorizado, confiesa su pasado y revela que Andrea Cavalcanti es en realidad Benedetto, un antiguo compañero de presidio y asesino. Forzado por Montecristo, Caderousse escribe una carta de denuncia para Danglars. Luego es dejado salir, pero es apuñalado mortalmente en la calle por Benedetto/Andrea, quien lo acechaba. Montecristo observa la escena.
83. La mano de dios
Caderousse, moribundo, es atendido por Montecristo (disfrazado de abate Busoni). Antes de fallecer, acusa a Benedetto (Andrea) de asesinarlo y firma una declaración. Montecristo le revela que permitió su muerte como castigo divino por sus crímenes pasados, recordándole todas las oportunidades que despreció. En su agonía, Caderousse niega a Dios, pero cuando Montecristo se quita la peluca y muestra su verdadero rostro, el moribundo, reconociéndolo, clama aterrado el perdón divino y muere. Llegan el médico y Villefort, encontrando al abate rezando junto al cadáver.
84. Beauchamp
Beauchamp, tras investigar en Yánina, confirma a Albert Morcerf la terrible verdad: su padre, el conde Fernand (antiguo coronel Mondego), traicionó y entregó la fortaleza de Alí Pachá a cambio de dinero. Como amigo, Beauchamp le muestra las pruebas pero le ofrece destruirlas para guardar el secreto. Albert, destrozado, quema los documentos, salvando temporalmente el honor familiar. Sin embargo, se siente abrumado por la deshonra paterna. Beauchamp le aconseja prudencia, insinuando que el escándalo podría estallar. Para distraerlo, lo lleva a visitar al conde de Montecristo.
85. El viaje
Albert visita a Montecristo para distraerse del escándalo incipiente sobre su padre. El conde lo invita a un viaje a Normandía en su lujoso carruaje, que Albert acepta. En la propiedad costera, disfrutan de caza y pesca. Sin embargo, la calma se rompe cuando Florentin, el ayuda de cámara de Albert, llega urgentemente desde París con una carta de Beauchamp y un periódico. Albert lo lee y, destrozado, anuncia su inmediato regreso a la capital. Montecristo le proporciona un caballo y, tras su partida, lee el artículo: revela públicamente que el traidor de Yánina es el conde Fernand de Morcerf, padre de Albert.
86. El juicio
Albert visita a Beauchamp, quien revela que un periódico publicó acusaciones de traición contra su padre, Morcerf, basadas en documentos de un hombre de Yanina. Durante una sesión en la Cámara de los Pares, Morcerf intenta defenderse, pero una testigo inesperada, Haydée, hija de Alí Pachá, lo acusa directamente de venderla y traicionar a su padre. Confrontado con pruebas contundentes y su pasado como Fernand Mondego, Morcerf se derrumba y huye, siendo declarado culpable de felonía.
87. La provocación
Albert, convencido por Beauchamp de que Danglars instigó la denuncia contra su padre, lo confronta. El banquero admite haber escrito a Yanina para indagar sobre Morcerf, pero afirma que fue Montecristo quien le sugirió hacerlo. Albert, al ver que Danglars no se batirá, redirige su furia hacia el conde, a quien ahora considera el verdadero responsable de la deshonra. Decide ir inmediatamente a buscar a Montecristo para exigirle explicaciones y vengar a su familia.
88. La afrenta
Albert, furioso, busca a Montecristo en la Ópera para vengar la deshonra de su padre. Lo encuentra en su palco y, ante testigos, le exige explicaciones y lo insulta, casi arrojándole un guante. Montecristo, con calma glacial, acepta el duelo y ordena a Albert que se retire. Luego le comunica a Morrel que al día siguiente, antes de las diez, matará a Albert. Beauchamp, como intermediario, acuerda con Montecristo los detalles del duelo: será a pistola a las ocho en el Bois de Vincennes. Montecristo muestra una seguridad absoluta en su victoria.
89. La noche
Mercedes, bajo un velo, visita a Montecristo en su casa y le suplica que perdone a Albert y no lo mate en el duelo. Ella se revela como la antigua prometida de Edmond Dantès y le implora recordando su amor pasado. Tras un duro enfrentamiento emocional, Mercedes logra conmoverlo. Montecristo, vencido por sus lágrimas y sus súplicas, renuncia a su venganza y decide sacrificarse: acepta el duelo pero planea dejar que Albert lo mate, perdonando así la vida de su hijo. Mercedes parte agradecida, y el conde se queda sumido en la reflexión sobre su sacrificio.
90. El duelo
Amanece el día del duelo. Montecristo, resignado a morir tras prometerle a Mercedes perdonar a Albert, escribe un testamento dejando su fortuna a Maximilien y Haydée. Esta, al enterarse, rompe el testamento en un arrebato de angustia.
En el campo de honor, los padrinos de ambos bandos se reúnen. Albert llega y, ante la sorpresa de todos, se dirige a Montecristo. Le pide disculpas públicamente, reconociendo que el conde tenía derecho a vengarse de su padre, Fernand Mondego, por la traición cometida contra él años atrás. Albert da las gracias a Montecristo por no haber ido más lejos. La reconciliación se produce, evitándose el duelo. Montecristo, conmovido, ve en esto la mano de la Providencia.
91. Madre e hijo
Albert, tras la reconciliación, regresa a casa. Decide abandonar su nombre y su fortuna para redimir el honor manchado de su padre. Reúne sus pertenencias y se dispone a partir. Encuentra a su madre, Mercedes, haciendo lo mismo: ella también abandona la casa y la vida de lujo. Albert planea vivir modestamente, pero Mercedes le revela que tomarán el apellido de su padre (Herrera).
En ese momento, Bertuccio le entrega una carta de Montecristo. En ella, el conde le ofrece el tesoro que enterró en Marsella hace veinticuatro años, destinado originalmente a su prometida (la misma Mercedes), para que ahora ella y Albert tengan con qué vivir. Mercedes, conmovida, acepta el dinero, viéndolo como la restitución de su dote, y planea retirarse a un convento con Albert.
92. El suicidio
El conde de Morcerf, deshonrado y abandonado por su esposa Mercedes y su hijo Albert, se presenta en casa de Montecristo lleno de odio y lo desafía a un duelo a muerte. Montecristo, en lugar de batirse, se revela ante él como Edmond Dantès, el hombre a quien traicionó hace años. Morcerf, aterrorizado al reconocer a su víctima, huye despavorido a su casa. Allí, solo y desesperado al comprobar que su familia lo ha abandonado, se encierra en su dormitorio. Poco después se escucha un disparo: Morcerf se ha suicidado.
93. Valentina
Valentine visita a Noirtier, donde la espera Maximilien Morrel. Ella le cuenta que se siente indispuesta, atribuyéndolo a un malestar general y a una amarga poción que toma cada mañana. Durante la conversación, Valentine sufre un mareo y palidece. Llegan las visitas de Madame Danglars y su hija Eugénie, anunciando el compromiso de esta con Cavalcanti. Valentine, aún débil, se retira pero al bajar las escaleras sufre un desvanecimiento y cae. Morrel la socorre y la lleva a un sillón, pero Valentine tiene otro ataque más fuerte, perdiendo el conocimiento. La alarma se extiende por la casa, atrayendo a las visitantes y a la madrastra, Madame de Villefort, quien exclama su preocupación por la joven.
94. La confesión
Tras el desmayo de Valentine, Morrel, aterrorizado, acude a Montecristo y le confiesa su amor por ella y su temor a un envenenamiento. El conde, inicialmente frío, promete salvarla si aún vive al mediodía. Mientras, D'Avrigny examina a Valentine y sospecha intoxicación. Noirtier le revela mediante señas que ha estado administrándole dosis graduales de brucina para crear resistencia, lo que la ha protegido. Valentine se recuperará. Paralelamente, un enigmático clérigo italiano, Giacomo Busoni, alquila la casa contigua a los Villefort.
95. Padre e hija
Eugénie Danglars se niega a casarse con Andrea Cavalcanti, defendiendo su independencia. Su padre, Danglars, le revela su ruina inminente y le explica que la dote de tres millones es vital para salvar su crédito y una inversión en ferrocarriles. Tras una negociación tensa, Eugénie acepta el matrimonio, pero con la condición de que su padre no toque la dote y ella conserve el control sobre su firma. Consiente las visitas sociales y firmar el contrato en tres días, guardándose un plan secreto.
96. Contrato
Se celebra la firma del contrato de matrimonio entre Eugénie Danglars y Andrea Cavalcanti en casa del banquero. Montecristo asiste y, durante la ceremonia, revela públicamente que se ha encontrado el chaleco ensangrentado de Caderousse, el asesinado, con una carta dirigida a Danglars, lo que vincula el caso al barón. Mientras se procede a la firma, justo cuando toca a Andrea, un comisario de policía y gendarmes irrumpen en la sala. Buscan a Andrea Cavalcanti, a quien acusan del asesinato de Caderousse, identificándolo además como un exconvicto fugado de Tolón. Andrea, anticipándose, ha huido antes de que lo detengan, provocando el escándalo y el desmayo de Madame Danglars.
97. El camino de Bélgica
Tras el escándalo, los invitados huyen de la casa de Danglars. Eugénie y su amiga Louise, decididas a escapar, preparan su huida. Eugénie se corta el pelo, se viste de hombre y toman un pasaporte masculino que Montecristo les había proporcionado. Con dinero y joyas, cargan un baúl y salen sigilosamente. Engañan al portero, contratan un coche y parten hacia Fontainebleau, planeando luego dirigirse a Bélgica e Italia para vivir libremente como artistas, dejando atrás la vida social parisina y el deshonor del compromiso roto. La huida es un éxito.
98. El hotel de la Cloche et de la Bouteille
Andrea Cavalcanti huye tras el escándalo, robando joyas. Viaja a Compiègne y se aloja en el Hôtel de la Cloche. Por la mañana, descubre que la policía lo busca por el asesinato de Caderousse. Intenta escapar escondiéndose en una chimenea, pero desciende accidentalmente en la habitación de Eugénie Danglars y Louise d'Armilly, que también están huyendo. Su grito alerta a los gendarmes, que lo capturan. Andrea se entrega con cinismo, mientras las dos mujeres, avergonzadas, continúan su viaje hacia Bruselas.
99. La ley
La baronesa Danglars, desesperada por el escándalo de su hija, acude a ver a Villefort para pedirle que sea indulgente con Andrea Cavalcanti y posponga el proceso, al menos hasta que Eugénie pueda casarse y recuperar el honor familiar. Villefort, endurecido por sus propias desgracias (las muertes en su casa), se muestra inflexible. Afirma que la ley debe cumplirse y que él perseguirá el crimen sin piedad, revelando que conoce el pasado criminal de Andrea (falsificación, robos) y que ahora es un asesino. En medio de la conversación, llega un despacho anunciando la detención de Andrea en Compiègne. Villefort, casi alegre, considera que el caso está cerrado y será un buen proceso. La baronesa se marcha, comprendiendo que no hay clemencia.
100. La aparición
Valentine, convaleciente, tiene visiones nocturnas. Una noche, ve abrirse la biblioteca y aparece Montecristo. Él le revela que la vigila desde hace cuatro noches, protegiéndola de un envenenamiento. Le explica que alguien de su casa intenta matarla, como antes a otros miembros de la familia, y que Noirtier la ha estado habituando al veneno con sus pociones. Montecristo le da un antídoto y le pide que finja dormir para descubrir al asesino. Valentine, aterrorizada pero confiada, acepta. El conde se esconde tras la puerta de la biblioteca, listo para intervenir.
101. Locusta
Montecristo se esconde tras una puerta. Valentine simula dormir y ve entrar a su madrastra, Madame de Villefort (Héloise), quien vierte un narcótico en su vaso de agua nocturno. Horrorizada, Valentine confirma los temores del conde sobre el envenenamiento. Montecristo regresa, le explica que su madrastra actúa para que su hijo Édouard herede la fortuna, y que ha cambiado el veneno por una droga inofensiva. Para salvarla, le da una pastilla que la adormecerá y simulará su muerte, protegiéndola del verdadero peligro. Valentine, confiada, acepta el plan.
102. Valentine
En la madrugada Madame de Villefort entra en la habitación de Valentine para verificar su muerte tras envenenarla. Comprueba que no respira y que su cuerpo está frío. Satisfecha, huye.
Más tarde, la enfermera descubre el cuerpo inerte y da la alarma. Llegan D’Avrigny y Villefort. El médico confirma la muerte y analiza el contenido del vaso, descubriendo que el veneno ha sido cambiado (no es brucina). Madame de Villefort, al ver el vaso aún con líquido, se desmaya. Mientras, Morrel llega a la casa, encuentra a Noirtier angustiado y sube a la habitación, donde oye las palabras fatídicas: "Valentine está muerta".
103. Maximiliano
Morrel, destrozado, acusan formalmente a Villefort del asesinato de Valentine y exige venganza. Villefort, D’Avrigny y Noirtier confirman sus sospechas. Noirtier pide estar a solas con Villefort y sabe quien es el asesino, quien luego promete a Morrel y D’Avrigny que hará justicia en tres días, pidiendo discreción. Los médicos certifican la muerte. D’Avrigny busca un sacerdote y encuentra a un abate italiano vecino, quien se ofrece para velar el cuerpo y cuidar de Noirtier. El abate cierra las puertas de la habitación para estar a solas con la difunta y el anciano.
104. La firma de Danglars
Al día siguiente del falso fallecimiento de Valentine, Danglars recibe a Montecristo. El conde, que tiene un crédito ilimitado, retira cinco millones en bonos al portador firmados por el banquero, dejándole casi sin liquidez. Poco después, llega el tesorero de los hospicios, el señor de Boville, a reclamar otros cinco millones de un depósito. Danglars, desesperado, le pide que espere hasta el día siguiente. Tras la partida de Boville, Danglars, comprendiendo que está en bancarrota, reúne dinero en efectivo, quema documentos y prepara una carta para su esposa, planeando huir con un pasaporte aún válido.
105. El cementerio del Pére-lachaise
En el cementerio del Père-Lachaise, tras el entierro de Valentine, Montecristo sigue a Morrel, quien, desesperado, planea suicidarse. El conde lo confronta en su habitación, donde Maximilien tiene pistolas preparadas. Tras una tensa conversación, Montecristo se revela como Edmond Dantès, el salvador del padre de Morrel. Este, abrumado, llama a su hermana Julie y a su cuñado Emmanuel, quienes se postran ante el conde agradecidos. Morrel jura no suicidarse. Montecristo, para salvarlo definitivamente, le propone un plazo: si en un mes no lo ha curado de su dolor, le dará él mismo las armas para morir. Morrel acepta la promesa y se muda a casa del conde para vivir con él.
106. El reparto
Albert y Mercedes, arruinados y deshonrados, planean su futuro. Albert se alista como espahí en África para ganar dinero, y Mercedes regresa a Marsella con sus ahorros. Mientras, Danglars ha huido dejando una carta a su esposa, revelando su bancarrota y acusándola de infidelidad. La baronesa, desesperada, acude a su amante Lucien Debray, quien le entrega su parte de sus inversiones (1.340.000 francos) pero la abandona fríamente. Ambas historias convergen en la misma hospedería, mostrando la ruina de los Danglars y la dignidad en la pobreza de Mercedes.
107. El foso de los Leones
Andrea Cavalcanti (Benedetto) está en la prisión de la Force, en la sección más peligrosa. Acicalado y arrogante, solicita dinero a un guardián y casi es agredido por otros presos, pero les hace una señal secreta que lo salva. Es llamado al locutorio, donde lo visita Bertuccio, el intendente del conde de Montecristo. Tras ser trasladados a una celda privada, Andrea presiona para saber quién es su misterioso protector. Bertuccio, con calma amenazante, le advierte que no pronuncie el nombre del conde y le promete revelar la identidad de su padre al día siguiente.
108. El juez
Villefort, tras una noche de trabajo, se enfrenta a su esposa acusándola directamente de los envenenamientos en la familia, incluido el de Valentine. Ella, aterrorizada, niega al principio, pero Villefort, actuando como juez, no acepta sus negativas y le exige el veneno que usó. Aunque amenaza con entregarla a la justicia pública, le ofrece una alternativa para evitar la deshonra familiar: que ella misma se suicide con el veneno restante. La señora de Villefort, desesperada, se derrumba cuando él le anuncia que, si aún está viva a su regreso del juicio, la arrestar.
109. La audiencia
La audiencia del caso Benedetto reúne a una gran multitud, incluidos Beauchamp, Debray y Château-Renaud. Los tres comentan el escándalo, el pasado del falso príncipe Cavalcanti y los rumores sobre la casa de Villefort. Beauchamp sugiere, de manera sensacionalista, que el niño Édouard podría ser el envenenador de la familia. La conversación también toca la ausencia del conde de Montecristo y de Morrel. Finalmente, la entrada del tribunal pone fin a sus comentarios.
110. El acta de acusación
En la audiencia, Benedetto, el acusado, sorprende a todos al declarar con cinismo sus crímenes. Luego revela su verdadera identidad: es hijo ilegítimo del procurador Villefort, quien lo enterró vivo al nacer. Describe con precisión su nacimiento en Auteuil y cómo fue salvado. La confesión provoca un escándalo mayúsculo. Villefort, reconocida la verdad ante la sala, admite su culpabilidad y se declara a disposición de la justicia antes de salir destrozado, causando la suspensión del juicio.
111. Expiación
Villefort, destrozado por la confesión pública, regresa a su casa con la esperanza de huir con su esposa e hijo. Encuentra a Héloïse muerta por veneno y a su hijo Édouard también envenenado, víctima de la madre en su desesperación. Tras este doble horror, Villefort desciende a la habitación de Noirtier, donde se revela que el abate Busoni es en realidad el conde de Montecristo (Edmond Dantès). Villefort, enloquecido por la tragedia, empieza a cavar en el jardín, completamente demente. Montecristo, impactado por el exceso de su venganza, decide abandonar París.
112. La partida
Montecristo visita a los Morrel para llevarse a Maximilien a Marsella. Allí se separan: Morrel va a la tumba de su padre, y el conde a la casita de las Allées de Meilhan, donde Mercedes vive retirada y vestida de luto. Tienen una conversación emotiva. Ella se declara culpable por su cobardía pasada y acepta su dolor como castigo. Él admite que Dios usó su venganza como instrumento. Ambos se despiden para siempre, sin rencor pero con la certeza de que sus caminos han terminado. Mercedes se queda sola, contemplando el mar donde partió su hijo Albert.
113. El pasado
Montecristo visita el castillo de If, reviviendo su terrible encarcelamiento. Un guarda le cuenta la historia del prisionero número 34 (él mismo) y del abate Faria, y le entrega el manuscrito del abate, un tesoro para él. Luego va al cementerio, donde encuentra a Maximilien Morrel sumido en la desesperación por la muerte de Valentine. El conde le recuerda su propia historia de sufrimiento (14 años de prisión, pérdida del padre y la amada) para darle perspectiva y le ratifica su cita para el 5 de octubre en la isla de Montecristo, donde Morrel tendrá la opción de morir si aún lo desea.
114. Peppino
El barón Danglars llega a Roma para cobrar una letra de cambio de cinco millones en la banca Thomson y French. Es seguido por el bandido Peppino, que informa a su banda. Tras cobrar, Danglars decide partir, pero su carruaje es interceptado en la campiña romana y desviado. Es llevado ante el jefe bandido Luigi Vampa en las catacumbas de San Sebastián. Danglars, asustado al principio, deduce que lo han secuestrado por rescate. Confiando en su gran fortuna, se tranquiliza y se duerme, creyendo que pagará una suma razonable para su libertad.
115. El menú de Luigi Vampa
Danglars, prisionero de Luigi Vampa, despierta hambriento. Intenta conseguir comida, pero su guardia, Peppino, le exige un precio exorbitante: cien mil francos por un pollo. Danglars negocia indignado, pero al final, desesperado por el hambre, firma una letra de cambio por 4.998 luises (el equivalente, tras pagar dos) a su favor contra la banca Thomson y French. Solo entonces recibe el pollo, mientras Peppino continúa comiendo sus garbanzos tranquilamente.
116. El perdón
Danglars, prisionero de Vampa, pasa días de hambre y sed, pagando sumas exorbitantes por comida y agua. Cuando su fortuna se reduce a 50.000 francos, desesperado, suplica por su vida. Entonces se le aparece el conde de Montecristo, revelándose como Edmond Dantès, a quien Danglars traicionó. Tras perdonarlo y devolverle el dinero restante, lo libera. Al amanecer, Danglars descubre que su cabello se ha vuelto blanco.
117. El 5 de octubre
El 5 de octubre, Maximilien Morrel llega a la isla de Montecristo decidido a morir. El conde lo recibe y, tras una conversación, le ofrece un supuesto veneno. Morrel lo toma, cae en un sueño profundo y despierta para descubrir a Valentine viva a su lado. Montecristo revela que la salvó y simuló su muerte. Luego, les entrega una carta explicando sus acciones, les regala su fortuna y les insta a vivir felices. Finalmente, el conde y Haydée zarpan, dejando a la joven parecia con un mensaje de esperanza.
Fin
Personajes
- Edmond Dantès: Joven marinero, segundo de a bordo del Pharaon, inteligente y responsable. Acusado de bonapartista (apoyar a Napoleón). En el futuro busca la venganza contra los que le hicieron mal. Principalmente contra Fernando que se casa con su amada Mercedes y Villefort que lo mete en la cárcel injustamente. Disfraces:
- Abad o abate Busoni: En realidad es Edmond Dantès disfrazado de sacerdote italiano.
- Simbad el Marino: otro disfraz
- Lord Wilmore: disfraz e identidad de Edmond Dantès de un inglés que en su papel odia a Montecristo
- Mercedes: Joven catalana, muy hermosa, ama profundamente a Edmond. En el futuro, creyéndolo muerto se casa con su primo Fernando de Morcef. Luego pasa a ser la Condesa de Morcerf, madre de Alberto. Queda impresionada y afectada cuando conoce al Conde de Montecristo.
- Conde de Morcerf Fernand (Fernando) Mondego: Primo de Mercedes, pescador y soldado, está locamente enamorado de Mercedes. Celoso de Edmond. Padre de Alberto de Morcerf. En el pasado trabajó bajo las órdenes de Ali Pachá, padre de Haydée. Quiere que su hijo Alberto se case con Eugenia Danglars. Se casa en el futuro con Mercedes.
- Alberto (o Albert) de Morcef: hijo de la Condesa de Morcef Mercedes. Joven de la alta sociedad y amigo de Franz. Conoce al Conde de Montecristo en Italia. Es amigo de Chateau-Renaud. Conoce a la Condesa G. Su padre lo está obligando a casarse con Eugenia Danglars.
- Comisionista de la casa Thomson y French: Edmond disfrazado.
- Abate Faria: Preso anciano considerado loco por hablar de un tesoro oculto. En realidad, es muy inteligente.
- Señor Morrel: Dueño naviero del barco, hombre justo que aprecia el trabajo de Dantès.
- Julie (Julia) Morrel o Señora Herbault: La hija del señor Morrel. Está angustiada por la situación de su padre.
- Cocles: El fiel y anciano cajero de Morrel, que se mantiene en su puesto a pesar de la ruina.
- Maximilien (o Maximiliano) Morrel: amigo de Albert de Morcef y este le presenta al Conde de Montecristo. Hermano de Julia. Capitán de espahíes (soldado de caballería). Un hombre noble y valiente. Es presentado como el "salvador" de Château-Renaud. Enamorado de Valentina.
- Manuel Merbant o Emmanuel Herbault (antes Manuel Raymond): fiel empleado de la casa Morrel. Se casa con Julia, hermana de Maximiliano Morrel e hija del señor Morrel. Cuando el Conde tuvo un duelo, Manuel fue uno de sus testigos. Cuñado de Maximiliano.
- Danglars: Contable del barco, envidioso y desconfiado de Dantès. Se alía con Caderousse contra Dantès. Cerebro de la conspiración. En el futuro es un barón y banquero arrogante, codicioso y fácilmente impresionable por el dinero. Quiere casar a su hija con Andrés Cabalcanti en vez de Alberto de Morcef.
- Hermine (o Herminia) señora Danglars: Amiga de Héloise. Amiga igualmente de Luciano Debray. En su juventud tuvo un hijo con Villefort.
- Eugenia Danglars: Hija de Danglars y la señora Danglars, Hermine. Tiene belleza varonil. La están obligando a casarse con el Alberto de Morcef.
- Luisa de Armilly: pianista amiga de Eugenia.
- Capitán Leclère: Capitán del barco que murió durante el viaje al inicio de la historia
- Luis Dantès: Padre de Dantès, anciano pobre pero orgulloso, adora a su hijo.
- Gérard de Villefort: Joven magistrado (como un juez en nuestros días) ambicioso, prometido de Renée. Tuvo un hijo en su juventud con la señora Danglars. Lo enterró pero vivió.
- Noirtier de Villefort: Padre bonapartista de Villefort, astuto y desafiante. En el futuro está paralítico y no puede hablar. Se comunica a través de los ojos y pestañeos.
- Renée de Saint-Méran: primera esposa de Villefort. Madre de Valentina. Bondadosa y contraria a la crueldad.
- Héloise de Villefort: segunda esposa de Villefort. Le fascina el tema de la toxicología y venenos. Es madrastra de Valentina. Es madre de Eduardo.
- Édouard (Eduardo) de Villefort: hijo de Villefort y de su segunda esposa Héloise.
- Valentine (Valentina) de Villefort: La hija del procurador del rey. Es una joven sensible, infeliz en su casa. Su madrastra le tiene celos. Se siente atraída por Maximiliano Morrel. La están obligando a casarse con Franz.
- Señor y Márquez de Saint-Méran: abuelo materno de Valentina de Villefort.
- Marquesa de Saint-Méran: Aristócrata monárquicos, madre de Renée, que apoyan la represión contra bonapartistas.
- D’Avrigny: El médico de la familia Villefort.
- Barrois: antiguo criado de la casa de Villefort. Solo acepta a Noirtier como amo.
- Conde de Salvieux: Amigo de la familia, chambelán real (es un asistente del rey, de alta nobleza).
- Luis XVIII (Sire): Rey de Francia, sarcástico y desconfiado, pero preocupado por las amenazas a su trono.
- Duque de Blacas: Consejero real, alarmista y leal, que insiste en el peligro bonapartista.
- Barón Dandré: Ministro de Policía, minimiza la amenaza de Napoleón y sus informes parecen incompletos.
- Jacopo: Marinero compasivo de la Joven Amelia que ayuda inicialmente a Dantès.
- El patrón: Líder de la Joven Amelia.
- Boville: Tesorero. Inspector de presiones. Invirtió dinero en la Casa Morrel y más tarde hace negocios con Danglars.
- Penelon: Un viejo y leal marinero del Pharaon.
- Franz d'Épinay (o Franz d'Espina): Un joven aristócrata francés que viaja por Italia. Conoció la Isla de Montecristo y a Simbad el Marino. Debe casarse con la hija de Villefort. Es amigo de Albert.
- Señor Pastrini: El dueño del hotel en Roma.
- Gaetano: El patrón de la barca que lleva a Franz. Es un marinero experimentado que conoce los riesgos de la zona y actúa como guía y consejero.
- Luigi Vampa: Un pastor inteligente, orgulloso y talentoso. Parte de la historia de Pastrini. Ocultó a Cucumetto de que lo pillara la policía y más tarde le mata. Se hace líder de una banda de maleantes. Se presentó como Lord Ruthwen cuando corre una carrera de caballos.
- Teresa: La prometida de Vampa. Parte de la historia de Pastrini.
- Cucumetto: Bandido cruel y abusador de Carlini y Teresa. Parte de la historia de Pastrini.
- Carlini: Miembro de la banda de Cucumetto y amor de Rita.
- Rita: amor de Carlini, abusada por Cucumetto.
- Condesa G.: Conocida de Franz. Le tiene miedo supersticioso al Conde de Montecristo.
- Juan Bertucio: Mayordomo del Conde de Montecristo.
- Peppino: El bandido indultado. Su salvación es la prueba tangible del poder del Conde.
- Andrea: El otro condenado y ejecutado.
- La "campesina": una bella desconocida que coquetea con Albert.
- Lucien (o Luciano) Debray: Secretario del ministerio. Cínico, se muestra escéptico sobre las historias de Albert. Contrata gente en la opera. Tiene una relación amorosa oculta con la señora Danglars.
- Beauchamp: Periodista. Junto a Debray, pone en duda la existencia de un hombre como el Conde, bromeando sobre la historia.
- Château-Renaud: Aristócrata. Es más abierto de mente y queda impresionado por la presencia del Conde. Amigo de Maximiliano Morrel.
- Ali: criado rubio y mudo del Conde de Montecristo.
- Baptistin (Bautista): sirviente del Conde.
- Haydée: bella griega que acompaña al Conde en París.
- Ali Pacha: padre muerto de Haydée. Fernand Mondego lo traicionó.
- Basiliki: mamá de Haydée
El notario: El funcionario que formaliza la venta de la casa del Conde de Montecristo en de París.
Assunta: Hermana de Juan Bertucio. Hace la figura de madre del rebelde Benedetto.
Basilio: vecino de Bertucio.
Joannés: joyero que compra una joya supuestamente del Conde de Montecristo a Caderousse y su esposa Carconte.
Mayor Bartolomé Cavalcanti: Un hombre que aparenta ser un noble italiano arruinado y algo ingenuo. Dice que perdió a su hijo. Es un impostor.
Gaspard (o Gaspar) Caderousse: Sastre y vecino de Dantès, falso amigo que en realidad lo envidia. En al futuro se presenta como un vagabundo a Benedetto (Andres) y de hacen amigos.
- Carconte: Mujer de Caderousse, enfermiza y avara.
Benedetto o Conde Andrea (Andrés) Cavalcanti: Un joven italiano hábil, cínico y desenvuelto. Se revela como un impostor. Es Benedetto, un bebé recogido por Bertucio (al parecer hijo que creía muerto Villefort) y se lo da a Assunta. Quedando como madre adoptiva. Amigo de Caderousse.
Cornelia: camarera de confianza de la baronesa, la señora Danglars.
Felipe: conocido del conde.