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jueves, 6 de agosto de 2026

Último día de un condenado a muerte - Victor Hugo - Resumen por Capítulos

Hola a tod@s, hoy les traigo el resumen capítulo a capítulo del libro: Último día de un condenado a muerte de Victor Hugo, publicado en 1829.

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1El protagonista, encarcelado en Bicêtre, contrasta su libertad pasada llena de sueños con su calvario actual. Lleva cinco semanas atormentado por una única idea obsesiva, dolorosa e ineludible que domina su mente por completo: sabe que está condenado a muerte.

2. Tras tres días de juicio rodeado de expectación morbosa, el acusado despierta en un luminoso día de agosto para escuchar su veredicto. Contagiado por la calidez del sol, las sonrisas del tribunal y el optimismo de su abogado, alberga ingenuas esperanzas de librarse de la pena capital. Sin embargo, el tribunal desestima la atenuación y el presidente decreta su condena a muerte. Devastado y aturdido por la sentencia, siente romper todo lazo con la realidad humana mientras es conducido al carruaje de la prisión, consciente de que le restan apenas seis semanas de vida.

3. El condenado intenta resignarse pensando que toda la humanidad está sentenciada a muerte.

4. Trasladado a Bicêtre en un carruaje negro, el protagonista observa la degradación del presidio. De lejos parece un majestuoso palacio real; de cerca, solo revela miseria, ruina y fríos barrotes.

5. Al llegar a prisión, extreman precauciones para mantenerlo vivo hasta la ejecución. Gracias a su docilidad, obtiene privilegios como escribir y pasear los domingos con otros presos. De ellos, que son los únicos que lo compadecen, aprende su lúgubre jerga.

6. El protagonista decide redactar sus angustias y pensamientos agonizantes durante su encierro. Confía en que este testimonio sirva para distraerlo del dolor y, al mismo tiempo, haga reflexionar a los jueces sobre la inmensa tortura moral que implica la pena de muerte.

7. El prisionero cuestiona la utilidad de escribir para salvar a otros. Desesperado al perder la vida y la libertad, comprende con terror que es él quien necesita una salvación imposible.

8. El prisionero calcula meticulosamente el trámite burocrático de su apelación para estimar su tiempo de vida. Concluye que le otorgaron seis semanas, plazo que, angustiosamente, nota que está a punto de vencer.

9. Tras redactar su testamento, el condenado lamenta el trágico destino que la ley impondrá a su madre, su esposa y, especialmente, a su pequeña hija Marie, dejándolas en la miseria y la deshonra.

10. El prisionero describe su diminuta y sombría celda en el antiguo castillo de Bicêtre: un espacio de piedra con un jergón de paja, custodiado por un centinela que lo vigila.

11. Examina las inscripciones en las paredes: corazones con "Amor por la vida", un sombrero de tres picos con "Viva el Emperador 1824" (Napoleon), nombres como Papavoine y Bories. Al encontrar un dibujo de la guillotina, siente terror y casi se le cae la lámpara.

12. Sigue leyendo los muros y descubre nombres de antiguos condenados: Dautun (descuartizó a su hermano), Poulain (asesinó a su mujer), Jean Martin (parricida), Castaing (médico envenenador) y Papavoine (asesino de niños). Reflexiona que todos ocuparon la misma celda.

13. Observa el "herraje" de los galeotes (prisioneros condenados a trabajos forzados) en el patio: los desnudan bajo la lluvia, les remachan collares de hierro en el cuello y bailan una danza macabra. Los galeotes lo reconocen, lo vitorean como "camarada" y envidian que a él "lo recortarán". Aterrorizado, grita, golpea la puerta y cae desmayado.

14. Despierta en la enfermería, aliviado por el calor de la cama. Desde la ventana ve partir a los galeotes en carretas descubiertas bajo la lluvia, encadenados y tiritando. Reflexiona que prefiere mil veces la muerte y el cadalzo (estructura de madera, alta, que se armaba en plazas para los condenados a muerte) antes que las galeras.

15. Vuelve a su celda. Se siente joven y sano, pero con una "enfermedad mortal": la sentencia de muerte. Sabe que su apelación es inútil, todo está en regla y los jueces ya han decidido. Solo le quedan tres pasos: Bicêtre, la Conserjería, la Grève.

16. Escucha a una muchacha de quince años cantar en la historia de un ladrón asesino cuya mujer pide el indulto al rey, pero la Majestad amenaza con hacerle bailar "el baile donde no hay tablado". El contraste entre la voz dulce y la letra monstruosa lo llena de horror.

17. Fantasea con escapar: esconderse en un bosque donde pescaba ranas de niño, huir al Havre y embarcarse a Inglaterra. Pero reconoce que es imposible: necesita romper un muro de tres pies (91 cms) y luego enfrentar gendarmes y pasaportes. Concluye que no le queda más que la muerte.

18. El carcelero entra con cortesía excesiva, se quita la gorra y le pregunta con tono suave qué desea desayunar. Este trato inusual le confirma que el día de su ejecución ha llegado.

19. El director de la prisión lo visita, se interesa por su salud y cómo pasó la noche. Al despedirse, lo llama "señor". Este trato respetuoso reafirma su temor: es el que se da a los que van a morir.

20. Reflexiona que el carcelero es la prisión hecha hombre. Ve la prisión bajo todas las formas: piedra en los muros, madera en las puertas, carne y hueso en los carceleros. Un ser horrible que lo envuelve por completo.

21. El sacerdote entra a prepararlo para la muerte. Llega el ujier con el rechazo de su apelación: la ejecución será hoy en la Grève a las 7:30. Lo dejan solo. Desesperado, busca una forma de huir pero sabe que es imposible: necesitaría meses para atravesar el muro y no tiene herramientas ni tiempo.

22. Lo trasladan a la Conserjería. Durante el viaje en carruaje, el ujier charla trivialmente sobre noticias políticas, indiferente a la situación del condenado. El sacerdote intenta consolarlo con palabras que apenas escucha. Al llegar, la multitud lo espera. Atraviesa entre dos filas de soldados.

23. En un despacho, lo dejan solo. Aparece otro condenado, un reincidente que será ejecutado en seis meses. El hombre le cuenta su vida: huérfano, ladrón desde niño, galeras, evasión, asesinatos. Le pide su redingote (especie de abrigo) para venderlo y comprar tabaco. El condenado se lo da, y el hombre le ofrece su chaqueta a cambio.

24. Reflexiona que el otro condenado se llevó su redingote porque era más fuerte. Le hubiera pegado si se hubiese negado. Siente furia y amargura contra él.

25. Lo llevan a una celda con barrotes. Pide mesa, silla y útiles para escribir, se los traen. Pide una cama y el carcelero lo mira con sorpresa, pero se la arman. Un gendarme se instala en su "recámara".

26. Son las diez. Reflexiona sobre su pequeña hija Marie, de tres años. Piensa que ella quedará huérfana, será despreciada y se avergonzará de él. Se culpa por su crimen y por el daño que la sociedad le hará a ella.

27. No sabe cómo es la ejecución exactamente. Asocia la palabra "guillotina" con algo monstruoso. Intenta imaginar el mecanismo pero no logra visualizarlo claramente. Le aterra no saber cómo afrontará el momento.

28. Recuerda una vez que vio la guillotina en la Grève desde un coche. Oyó a una mujer decir que estaban engrasando la ranura de la cuchilla. Piensa que ahora mismo, a las once, deben estar haciendo lo mismo.

29. Desespera por un indulto. Aceptaría las galeras, incluso perpetuas. Prefiere ser galeote y ver el sol que morir.

30. El sacerdote vuelve. Le pregunta si cree en Dios y en la Iglesia. Intenta consolarlo con un sermón lleno de citas latinas y lugares comunes. El condenado siente que el sacerdote está hastiado de su oficio, que ha visto tantas muertes que ya no le afecta. Lo rechaza. Le traen comida pero no puede comer, todo le sabe amargo.

31. Entra un arquitecto midiendo la pared y hablando en voz alta sobre las mejoras que harán en la prisión en seis meses. El gendarme le dice que no hable tan alto en la habitación de un muerto. El arquitecto se marcha. El condenado se siente como una piedra más.

32. Llega un nuevo gendarme que le pide números para la lotería, creyendo que los muertos pueden verlos de antemano. El condenado finge aceptar a cambio de que intercambien ropa para escapar. El gendarme duda y se niega, diciendo que los números solo sirven si está muerto. La esperanza se desvanece.

33. Cierra los ojos y evoca recuerdos de infancia y juventud. Revive un paseo con Pepa, la española de catorce años, en un jardín. Recuerda la tarde en que corrieron juntos, leyeron un libro y sus labios se rozaron. Era su paraíso.

34. Reflexiona sobre su crimen. Quiere arrepentirse más pero siente que la muerte ocupa todo su pensamiento. Compara su vida pasada, inocente y feliz, con su presente.

35. Piensa en la gente de París que vive ajena a él: comerciantes, muchachas preparando sus vestidos, madres con hijos. Todos siguen su vida normal mientras él espera la muerte.

36. Recuerda haber subido cuando niño a la torre de Notre-Dame para ver la campana mayor. El tañido (sonido) lo aturdió y casi cayó al vacío. Compara esa sensación con la actual: todo es vértigo, aturdimiento y deslumbramiento, mientras los demás viven su vida plana y tranquila al pie del abismo.

37. Describe el Ayuntamiento de París: siniestro, lúgubre, negro. Los días de ejecución vomita gendarmes y el condenado es observado desde todas sus ventanas.

38. Son la 1:15. Describe sus síntomas físicos: dolor de cabeza, riñones fríos, frente hirviendo, estremecimientos, la pluma se le cae de las manos. Calcula que en 2 horas y 45 minutos estará "curado".

39. Se pregunta si la guillotina realmente no duele. Nadie ha vuelto para confirmarlo. ¿Acaso Robespierre o Luis XVI regresaron a decir que era un buen invento? Describe con horror el momento en que la cuchilla muerde la piel, rompe nervios y destroza vértebras.

40. Piensa obsesivamente en el rey. Reflexiona que un hombre como él, de carne y hueso, tiene todo el poder y podría salvarlo con solo escribir su nombre en un papel. Pero nada de eso sucederá.

41. Reflexiona sobre la muerte y lo que vendrá después. Imagina un cielo luminoso o un abismo de tinieblas, cabezas rodando en la oscuridad, espectros reunidos en la Grève. Siente una desesperada necesidad de un sacerdote que sepa responderle.

42. Logra dormir una hora. Sueña que encuentra a una vieja misteriosa escondida en un ropero; al interrogarla, apaga la vela con un soplo y le clava los dientes en la mano. Despierta sobresaltado. El sacerdote le dice que su hija Marie está esperando en la habitación contigua.

43. Su hija Marie, de tres años, no lo reconoce. Lo llama "señor" y dice que su papá está muerto. Ella cree que él es un desconocido. Cuando él le muestra un papel para que lea, ella deletrea "sentencia" sin comprender. Él le arranca el papel, devuelve a la niña a su ama y se derrumba.

44. Se endurece para afrontar la muerte. Piensa en el verdugo, la carreta, la multitud, la Grève. Sabe que le queda poco tiempo para acostumbrarse a todo eso.

45. Reflexiona que entre la multitud que irá a verlo morir hay muchos que algún día ocuparán su lugar en la canasta roja. La Grève es una trampa fatal para ciertos hombres predestinados.

46. Decide escribir su historia para que Marie la lea algún día y sepa por qué su apellido está ensangrentado.

47. El editor indica que esos folios no se encontraron; el condenado no tuvo tiempo de escribirlos.

48. Lo llevan al Ayuntamiento. El verdugo y sus ayudantes lo preparan: le cortan el pelo, le atan las manos y los pies. Escucha a la multitud que lo espera afuera con gritos y aplausos. Sube a la carreta y recorre el camino hacia la Grève entre un mar de espectadores. Pasa por el Pont-au-Change, ve la torre Saint-Jacques. La lluvia lo cala. Pide piedad a Dios. Al llegar a la Grève, ve la guillotina y grita que quiere hacer una última declaración.

49. Lo suben a una habitación. Un juez lo visita; el condenado implora el indulto de rodillas. El verdugo dice que la hora se acerca y que la lluvia podría oxidar la máquina. El juez y el verdugo salen. El condenado oye a la multitud rugir y cree escuchar pasos en la escalera.

Fin 

Una Comedia a Propósito de la Tragedia

Es un prefacio dialogado de la tercera edición:

Es una escena de salón donde un grupo de burgueses y aristócratas discute la novela El último día de un condenado a muerte. Mientras un poeta elegíaco lee sus versos almibarados y recibe aplausos, los presentes condenan el libro por considerarlo horrible, de mal gusto, subversivo y perturbador. Critican al autor por describir con crudeza los sufrimientos de un condenado, por atacar la pena de muerte y por corromper las costumbres. El señor gordo se queja de haber estado dos días en cama tras leerlo, el filósofo lo tacha de frío y poco artístico, y el caballero añora los tiempos del madrigal galante. Nadie defiende la obra; todos coinciden en que es un libro abominable que incomoda y altera la tranquilidad social. El capítulo es una sátira de la hipocresía burguesa que prefiere ignorar la realidad del cadalso.

Prefacio de 1832

El prefacio de 1832 es un alegato explícito contra la pena de muerte. El autor declara que su novela no defiende a un condenado concreto, sino a todos los acusados, mostrando el patíbulo en su desnudez para conmover al lector. La idea surgió al pasar por la Grève, donde la sangre le salpicaba la conciencia.

Critica el intento de abolir la pena de muerte en 1830, motivado no por humanidad sino para salvar a cuatro ministros condenados. Fue una farsa hipócrita que fracasó: una vez salvados los ministros, las ejecuciones se reanudaron y el pueblo desconfió.

Denuncia ejecuciones atroces: un hombre que recibió cinco golpes de cuchilla sin morir, una mujer descabezada a tirones, y ejecuciones secretas en barreras desiertas. Refuta los argumentos de la pena de muerte: la cadena perpetua es suficiente; la venganza no corresponde a la sociedad; el "ejemplo" es inútil, pues el pueblo baila alrededor del cadalso. Matar a un hombre hiere siempre a inocentes: si no tiene familia, fue abandonado por la sociedad; si la tiene, se les arranca el sustento.

Concluye que la pena de muerte retrocede desde hace siglos y desaparecerá. La civilización transformará la penalidad: el crimen será tratado como enfermedad, con hospitales en lugar de prisiones, y la cruz sustituirá al patíbulo.

15 de marzo de 1832

Personajes

El condenado a muerte (protagonista): Narrador anónimo sumido en la angustia. Vive encadenado y obsesionado por la idea ineludible de su inevitable ejecución inminente en la Grève.

Marie: Hija pequeña del condenado, de unos 3 años, no reconoce a su padre.

El sacerdote: Capellán de la prisión, anciano rutinario que consuela con sermones vacíos.

El verdugo (Sanson): Hombre corpulento que ejecuta la sentencia con fría profesionalidad.

El ujier: Funcionario que notifica el rechazo de la apelación y acompaña al condenado.

El gendarme supersticioso: Pide números de lotería al condenado a cambio de su uniforme.

El otro condenado: Reincidente que intercambia chaqueta por el redingote del protagonista.

Pepa: Española de la infancia del condenado, recuerdo de amor juvenil.